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VI Domingo de Resurrección – mayo 10.

 «No les dejaré huérfanos/as, volveré a ustedes» Jn. 14,18.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.

Lecturas: Hechos 8,5-8.14-17 – Salmo 65 – 1° de Pedro 3,15-18 –
San Juan 14,15-21.

Comentario Bíblico.
Llegamos al umbral en el discurso de despedida de Jesucristo. Estos versículos están elegidos con la mirada ya puesta en Pentecostés, ya cercano. Recordemos, la síntesis presentada al principio sobre la composición del discurso de despedida. En Él, la despedida (sobre todo en el capítulo 14) san Juan, toma un elemento esencial para la experiencia cristiana en dos actos (como en el Teatro u Ópera): Al Padre con Cristo en el Espíritu Santo, ambos presentes en la comunidad y a cada uno/a de sus membresías. San Juan no intenta hacer una abstracta afirmación sobre las tres personas de la Trinidad, sino cómo los tres están empeñados (por puro don Divino y de gratitud) en el acompañamiento, crecimiento y defensa de la comunidad de fe y de cada uno/a de nosotros/as.

El Padre les dará otro Defensor que no les abandonará nunca.
«Yo le pediré al Padre que les dará otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad» (14,16-17). Lo peculiar de este primer dicho acerca del Espíritu es que Jesucristo lo pide a su Padre para su comunidad, su gente. El Espíritu es presentado como el «Don» por excelencia donde la Divinidad da a los hombres y mujeres a ruegos de Jesucristo. El evangelista san Juan lo llama Paráklêtos, que admite una variedad rica de sentidos: Abogado defensor, Auxiliador, Valedor, Intercesor, Consolador. Es presentado como «otro» Defensor, porque ya teníamos un primero: Jesús el Justo (1 Jn 2,1), bien para la gente de MARVEL miren si aquí no tienen libreto para un superhéroe. El Paráklêtos-Espíritu de la verdad es el Don por excelencia tanto del Padre como del Hijo. Con el Don, que es el Espíritu, se traza, graba la salvación escatológica o definitiva aportada por la Muerte de Jesús y su posterior Resurrección del Cristo Jesús. Había sido anunciado por los profetas (Isaías, Ezequiel y Joel) que cuando se realizase definitivamente el proyecto salvador de Dios el Espíritu sería derramado sobre “toda carne”, es decir, sobre TODOS/AS. Por lo tanto, el Don que es el Espíritu que en Jesucristo Resucitado-Glorificado ruega al Padre envíe a su comunidad certifica y testimonia al Dios, la Divinidad que es fiel a su Palabra. En consecuencia, hay que recibirle como un Don gratuito por parte de la generosidad de Dios.

La Presencia del Espíritu como Don para cada persona y para la comunidad.
«El Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes» (14,17). Tres actividades más importantes que realiza el Espíritu en la comunidad y en cada uno de los miembros de la misma. En primer lugar, estará junto, al lado de la comunidad para ejercer en su favor el oficio de Defensor, al igual como un abogado defensor está junto a su defendido durante el juicio. Es fundamental tener en cuenta el entorno de fe en el que se leen estas afirmaciones sobre el Espíritu. El destino de la comunidad cristiana es como el del Maestro, por eso necesita de un Defensor en los momentos de persecución abierta o encubierta. Ya el Maestro había afirmado durante su ministerio: «Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir» (Lc 12,11-12). Para los momentos en que la Iglesia es apresurada a rendir testimonio en defensa de su fe, tienen la garantía de la presencia del Espíritu de Jesús. En segundo lugar, el Paráklêtos-Espíritu estará en medio de la comunidad para crear y garantizar la unanimidad en la diversidad, la comunión en la distinción. La Iglesia, que es comunión unánime en la diversidad y pluralidad de personas, recibe al Espíritu y se hace garante de la unidad. Por eso, también podemos llamar adecuadamente al Espíritu como el Arquitecto de la comunión en la Iglesia. Hoy, quizá de modo especial, os apremia frente a los conflictos políticos, la desigualdad de clases y el beneficio propio que denigra la identidad de las personas más vulnerables de nuestro entorno social y eclesial que nuestra acción sea la realización de este proyecto de comunión eclesial impulsado por el Espíritu y manifestado visiblemente por los/as discípulos de Jesús. En tercer lugar, el Espíritu habita en la intimidad de cada creyente. Cada discípulo/a de Jesús es templo del Espíritu. A esta presencia y actuación se le ha llamado la presencia, residencia en el creyente.

Presencia viva de Jesús resucitado.
«No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.

Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes» (14,18-20). Estas palabras expresan una excelente hermenéutica de la Resurrección, pero con un lenguaje propio de la escuela de san Juan. Esta escuela tiene su modo particular de comprender y expresar sobre la Muerte y la Resurrección de Jesús como un “viaje” de ida y de vuelta. La Muerte de Jesús es un “Pascua”, paso del humano a la vida de Dios, (Jn 13,1) y la Resurrección como una vuelta que se prolongará a lo largo de todos los tiempos. Y este tiempo no termina aquí y ahora continúa sobre nuestra Mesa Eucarística, en una escala ascendente sobre nuestra inclusividad diversa.

Obediencia a la Palabra = Pascua
«El que acepta mis mandamientos, y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él-ella» (14:21). Obediencia a la voluntad de Dios significa Pascua y la persona creyente ha encontrado en la Muerte de Jesús su sanación y liberación. La verdadera libertad arranca y se fundamenta en la verdad (Jn 8,32). Y es un libre y sanador albedrío en recibir y cumplir mejor los mandamientos de Jesús que no son una carga (1 Jn 5,3) sino más bien un ejercicio de libertad. El amor y la obediencia fueron en las relaciones de Jesús con el Padre un verdadero equilibrio (Jn 5,9-10). El/la discípulo de Jesús debemos seguir el mismo camino. Y el amor en la obediencia a su palabra expresa la más profunda realización humana. Jesús revela a sus amistades los secretos que ha recibido del Padre (Jn 15,13). Entre amistades sinceras y verdaderas no hay secretos. Esta experiencia es un resultado excelente de la Pascua. “Entre las amistades todo se pone en común”. Pitágoras

La Iglesia, que es comunión unánime en la diversidad y pluralidad de personas, recibe al Espíritu y se hace garante de la unidad” Ob. Marcelo Alejandro – ms.

Oremos:
Divinidad eterna, que en la resurrección de Jesucristo nos haces renacer a la vida eterna, haz que demos frutos abundantes mediante la intervención de tu prometido Espíritu.

Te amamos, guardaremos tus mandamientos, ruega a tu Padre y danos al Defensor, que permanezca siempre en nosotros/as. Amén, Aleluya. (Jn 14,15-16)

Bendecido Tiempo de Resurrección.

+++ Marcelo Alejandro – ms

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