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II Domingo de Resurrección, “Domingo de la Divina Misericordia” – abril 12.

«Trae tu mano, métela en mi costado» Jn. 20,27.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.

Lecturas: Hechos 2, 42-47 - Salmo 117 – 1° de Pedro 1, 3-9 - San Juan 20,19-31.

Comentario Bíblico.
El estado de ánimo de los discípulos tras el aparente fracaso de la Cruz.
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. El acontecimiento de la cruz fue realmente desolador y un escándalo para los discípulos, aunque Jesús les había anunciado su destino repetidamente. Pero ellos no estaban capacitados para comprender aquel anuncio. San Lucas que, normalmente, se distingue por su delicadeza con los discípulos y sus dificultades para entender a Jesús, llega a afirmar con motivo del tercer anuncio de la pasión: "Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que había dicho". Estas palabras reflejan adecuadamente el estado de ánimo de los discípulos cuando se encuentran ya a las puertas de Jerusalén, a las puertas de la Pasión. Así se tiende mejor la expresión del fragmento evangélico de hoy "estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos".

Jesús se hace presente y se identifica.
En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Sólo en el marco descrito anteriormente se comprende lo sorprendente de la aparición de Jesús para los discípulos. Y es Jesús quien toma la iniciativa de acercarse a los suyos. El saludo y la presencia representan la respuesta definitiva a los que habían de ser sus testigos por todo el mundo. Jesús comienza por relacionar su situación actual con la anterior. Era necesaria esta profunda identificación. El que vivió realmente en esta historia nuestra y murió en un aparente fracaso ahora está vivo, vencedor de la muerte. El Crucificado y el Resucitado son el mismo. Era necesario caer en la cuenta en esta identificación que asegura la continuidad del proyecto de Dios y aleja la tentación de separarlos, como ocurrirá más adelante y más de una vez. Esta identificación es el fundamento de la fe cristológica y de la oferta sincera de salvación hecha por Dios.

Pascua, fuente de la verdadera alegría.
Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Paz y alegría son frutos exquisitos resultado del acontecimiento pascual. Sabemos que la esperanza engendra alegría. La alegría es un motivo que aparece repetidamente en las apariciones del Resucitado. La alegría que es un bien mesiánico, que alcanza a la profundidad del hombre. Porque Dios mismo quiere al hombre feliz. La resurrección responde de este modo a otro de los anhelos más profundos del hombre que es la necesidad de felicidad auténtica. Una alegría que en el estadio de peregrinación la Iglesia habrá de amasar con la persecución y las amarguras de las dificultades. Pero estará siempre presente como oferta del Cristo Glorioso presente entre los hombres.

Experiencia humana y fe en el Resucitado.
Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! En la primera aparición no estaba Tomás con ellos. Cuando aparece, los discípulos le comunican su experiencia, el encuentro con el Resucitado. Jesús está realmente vivo. Pero Tomás no lo cree, quiere experimentar, quiere palpar las señales de la muerte para entrar en las señales de la vida. Jesús se aparece de nuevo cuando están todos, incluso Tomás. Y se dirige a él y le afea la falta de fe en el testimonio de sus hermanos. Tomás experimenta y cree. Pero una cosa palpa y otra cree. Paradójicamente el acto de fe de Tomás es el más perfecto de todo el evangelio: Señor mío, y Dios mío. En cierto modo, es la cima de todo el relato joánico que busca este acto de fe en la presencia de Dios en la humanidad: "la palabra se ha hecho historia en Jesús". La encarnación que fue donación gratuita y generosa de Dios se convirtió en un obstáculo para los hombres que no podían ir más allá para encontrarse con la Palabra, con el Unigénito de Dios. Tomás nos empuja y nos indica el camino para el encuentro de fe: a partir de la experiencia humana de Jesús es necesario y gozoso encontrarse con su verdadera identidad.

Dichosos los que creen sin haber visto.
¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. Esta bienaventuranza espléndida es una respuesta a las preocupaciones de los cristianos de finales del s.I que preguntan al Apóstol dónde apoyar su fe. Y el evangelista les recuerda que el camino es el Jesús real y humano. La fe entra así en el campo de las bienaven-turanzas. Dichosos los que se fían del testimonio en favor de Jesús. Pero esta dinámica producirá siempre dificultades, porque los motivos de credibilidad quedan muy cortos ante la realidad a la que quieren conducir. Por eso se les declara felices a los que son capaces de superar el "escándalo" o la "precariedad" de los motivos de credibilidad y se abren a la acción y presencia del Resucitado.

Oremos:
¡Señor mío y Dios mío! Ten compasión de nosotros porque, a imagen de santo Tomás, hay ocasiones en que dudamos de nuestra fe. Hoy, nos invitas a contemplar tu inmensa misericordia, al mostrarnos tu costado y tus llagas, invitándonos a experimentar tu cercanía por medio de la oración, no podemos más que decir: ¡Tú, Señor, eres mi Dios!
Te pedimos, Maestro, que nos concedas la gracia de ser dignos de la bienaventuranza: «Dichosos los que crean sin haber visto” En la fe, nuestra vida será inmensamente dichosa, serena, sencilla y feliz. ¡En Cristo resucitado! ¡Aleluya!

Bendecido Tiempo de Pascual.
+++ Marcelo Alejandro – ms

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