Lecturas: Isaías 52, 13 — 53, 12 - Salmo 30 - San Juan 18, 1 - 19, 42.
Comentario
Bíblico.
En este Viernes Santo, como cada año, la liturgia nos propone la lectura de la pasión de Jesús, tal como la presenta san Juan. Llama la atención hoy sobre las veces que perdemos el sentido de los textos, cuando los leemos separados de su contexto; un ejemplo típico de esto, me parece que puede descubrirse en esta siguiente historia:
“El comandante en jefe de una fuerzas de ocupación le dijo al intendente de la aldea: «Tenemos la absoluta seguridad de que ocultan ustedes a un fugitivo en la aldea. De modo que si no me lo entregan, voy a hacerles la vida imposible, a usted y a toda su gente, por todos los medios a mí, alcance».
En este Viernes Santo, como cada año, la liturgia nos propone la lectura de la pasión de Jesús, tal como la presenta san Juan. Llama la atención hoy sobre las veces que perdemos el sentido de los textos, cuando los leemos separados de su contexto; un ejemplo típico de esto, me parece que puede descubrirse en esta siguiente historia:
“El comandante en jefe de una fuerzas de ocupación le dijo al intendente de la aldea: «Tenemos la absoluta seguridad de que ocultan ustedes a un fugitivo en la aldea. De modo que si no me lo entregan, voy a hacerles la vida imposible, a usted y a toda su gente, por todos los medios a mí, alcance».
En realidad, la aldea ocultaba a un hombre que parecía ser bueno e inocente y a quien todos querían. Pero ¿qué podía hacer el intendente, ahora que se veía amenazado el bienestar de toda la aldea? Días enteros de discusiones en el Consejo de la aldea no llevaron a ninguna solución. De modo que, en última instancia, el intendente planteó el asunto al Párroco del pueblo. El cura y el intendente se pasaron toda una noche buscando en las Escrituras y, al fin, apareció la solución. Había un texto que decía: «Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación» (Jn. 11,50).
El intendente decidió entregar al inocente a las fuerzas de ocupación, si bien antes le pidió que le perdonara. El hombre le dijo que no había nada que perdonar, que él no deseaba poner a la aldea en peligro. Fue cruelmente torturado hasta el punto de que sus gritos pudieron ser oídos por todos los habitantes de la aldea. Por fin fue ejecutado.
Veinte años después pasó un profeta por la aldea, fue directamente al intendente y le dijo: «¿Qué hiciste? Aquel hombre estaba destinado por Dios a ser el salvador de este país. Y tú le entregaste para ser torturado y muerto». «¿Y qué podía hacer yo?», alegó el alcalde. «El cura y yo estuvimos mirando las Escrituras y actuamos en consecuencia». «Ese fue su error», dijo el profeta. «Miramos las Escrituras, pero deberíamos haber mirado a sus ojos»” (Anthony de Mello, Canto del pájaro).
Si recuerdan, este pasaje está en el mismo Evangelio de San Juan; son las palabras de Caifás, el Sumo Sacerdote. Cuando el Sanedrín está discutiendo lo que deben hacer ante Jesús, después de la resurrección de Lázaro, Caifás pronuncia estas palabras que son la sentencia de muerte de Jesús (Jn. 11,50). No basta, encontrar LA respuesta a nuestros interrogantes; es fundamental leer todo el pasaje, todo el texto y si es necesario el capítulo o el libro entero, para entender una frase. Cuando sacamos las frases de su contexto, es muy fácil que nos engañemos, todo fuera de contexto es un pretexto.
Son conocidas las quejas de personas que son entrevistadas para algún diario o revista y que se quejan porque han colocado frases que efectivamente dijeron, pero son presentadas sin el contexto de la conversación, de la pregunta, etc. Pero aquí no aparece sólo la necesidad del contexto; aparece también la necesidad de leer primero la situación en la que estamos; ya hemos dicho que el Evangelio o la Biblia no son una fuente infinita de fórmulas para aplicar inmediatamente a la vida como una panacea; es valioso mirar a los ojos del que tenemos en frente; mirar a los ojos de la misma realidad a la que queremos responder y ante la cual tenemos que reaccionar.
Cuando Jesús está hablando del amor a los enemigos y la forma de ayudarles a que cambien dice: «al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra» (Mt. 5,39); sin embargo, esto no es una norma para aplicar directamente sobre toda realidad; Jesús está hablando de no resistir al mal con mal; invita a vencer el mal con el bien, vencer el odio con amor… Cada persona tiene que ver cómo, de acuerdo a sus circunstancias y SU situación, tiene que responder. Hoy nos cuenta el Evangelio cómo, cuando Jesús estaba siendo juzgado por el Sanedrín, el Sumo Sacerdote le pregunta sobre sus discípulos y su doctrina; Jesús le respondió que siempre había hablado en público, y que no había dicho nada en secreto, que le preguntara a los que lo habían oído… «Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?» Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn. 18,22-23). Es una reacción distinta, en una situación similar a la de la frase de la que estamos hablando; ¿será que Jesús se contradice?, ¿será que Jesús no es coherente con lo que dice?, ¿será que Jesús predica, pero no aplica, como decimos tanto de muchas personas?
El principio sigue igual: No responder al mal con mal; vencer el mal a fuerza de bien; eso significa que en cada situación tenemos que inventarnos una respuesta nueva, que sea coherente con el principio, pero no que reproduzca una fórmula. Si esto no fuera así, ¿qué haríamos con afirmaciones como las siguientes?: «Si pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo; más te vale entrar en la Vida Eterna con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego» (Mt, 18,8-9).
Tengamos en cuenta que el Evangelio no es para aplicarse sin más; no se trata de una lista de normas, fórmulas, recetas… Es una vida que nos puede inspirar e ilumina nuestra propia vida, pero no nos libra de buscar nuestras propias respuestas a nuestras propias circunstancias. Dejemos que este texto de la pasión del Jesús nos ilumine y nos anime a buscar la mejor forma de asumir hoy la pasión de nuestro pueblo, nuestro colectivo, nuestro género y nuestra propia pasión, sin repetir fórmulas ni responder con estereotipos. “Si el grano de trigo no muere, no tendremos pan” Jn. 12,24.
«Si el grano de trigo no muere, no tendremos pan» Jn. 12,24.
Bendecido Viernes Santo
+++ Marcelo Alejandro – ms

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