Lecturas: Éxodo 12, 1-8. 11-14 – Salmo 115 – 1° Corintios 11, 23-26 – San Juan 13, 1-15.
Los Gestos de Jesús en esa noche:
Jesús se reúne con los Apóstoles formando una “jaburá” (comunidad o grupo pascual). Es necesario subrayar este sentido de comunión y de intimidad como marco general de la celebración. Este gesto ilumina el contenido de lo sucedido aquella tarde-noche y de la celebración-memorial que por siglos realizamos las Iglesias al celebrar el sacramento pascual en todo tiempo y lugar.
Los evangélicos de los santos Mateo, Marcos y Lucas, sobre la Última Cena supone que fue una Cena Pascual, aunque los relatos de los tres se armonizan más con el de san Juan en cuanto a cronología de la fecha de la Cena y la Muerte de Jesús.
Disponibilidad, sumisión, humildad, servicio desinteresado y el amor extremo. Al asumir el rol de un servidor, Jesús enseñó que la verdadera grandeza en el Reino Divino reside en servir a los demás, limpiando también simbólicamente a sus discípulos de la impureza espiritual, recordemos que también es un gesto de hospitalidad (Lc. 7,38.44-46), entendamos bien la intención del san Juan, en su relato trata de un simple gesto de humildad y servicio. Es mucho más y con un contenido cristológico y eclesial más profundo: es un verdadero “signo” en el sentido joánico del término, es decir, un gesto que tiene consistencia en sí mismo, pero es la verdadera razón de ser consiste en dirigir la mirada del corazón y revelar en profundidad un aspecto importante del ser y de la misión de Jesús. Este signo anticipa de alguna manera el acontecimiento fundamental de la Cruz como expresión suprema del don de la vida de Jesús por la humanidad.
Por la reacción de Pedro, expresada en las palabras “tú no me lavarás los pies jamás”, vemos la novedad del gesto, lo incomprensible del mismo para Pedro. Incluso en cierto sentido le resultaba desconcertante y escandaloso. Lavar los pies era el último oficio que se pedía al último esclavo de la casa. ¡A él habría que lavar los pies! Recordemos las palabras de Juan el Bautista: “No soy digno de desatarle las correas de las sandalias” (Lc. 3,16, Jn. 1,27). Era un honor el que se permitiera a un discípulo transportar al hombro las sandalias de su maestro. Todo este conjunto de detalles nos ayuda a iluminar el gesto y a entenderlo en su sentido profundo y provocador para los discípulos de Jesús. Para nosotros(as) hoy, estar siempre dispuestos al don de la vida por los demás.
Al tomar un pan Jesús en sus manos, realiza un gesto sorprendente para los discípulos. Eso que tiene en las manos es él mismo en cuanto se entrega a la muerte por la humanidad. Y lo mismo hace con la copa. Este gesto desborda totalmente el ceremonial judío en cuanto al sentido del pan y de la copa. En este gesto algo totalmente nuevo se está produciendo en la historia. Y será un “memorial” (anámnesis-recuerdo actualizador) de todo el misterio salvador de Jesús.
La Institución de la Eucaristía es el gesto más importante de los realizados por Jesús. Con él establece el marco que ha de llenarse con el acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección. En adelante el cuerpo de Jesús que es la Iglesia (nueva jaburá pascual) realizará y renovará constantemente su comunión profunda con el Maestro y entre todos sus miembros mediante la celebración sacramental de aquel gesto aparentemente sencillo, pero profundamente cargado de realidad cristológica y eclesial. La celebración eucarística será el lugar y el momento de renovar en profundidad la comunión eclesial. Es el sacramento central de la fe y de la experiencia cristiana. Sugiero para esta fecha que el clerigo o responsable de la ceremonia simplemente haga los gesto en silencio profundo, mientras la comunidad (Eclesial) lee: 1° Corintios 11:23-26.
Sería conveniente y urgente insistir hoy a nuestros fieles en lo que significa la celebración-actualización (anámnesis) que se realiza en el altar. Instruirlos para que la celebración sea la fiesta de la salvación y del amor de Divino visualizado en el amor entre los hermanos(as) enviados(as) al mundo a ser testigos de este amor auténtico, el don de la vida.

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