¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lecturas: 1°de Sam. 16, 1b. 6-7. 10-13a – Salmo 22 – Ef. 5, 8-14 – S. Juan 9,1.6-9.13-17.34-38.
Comentario
Bíblico.
«Maestro,
¿por qué nació ciego este hombre?»
(Juan
9, 2)
Jesús
explica que la persona no nació ciega por pecados propios o de sus
padres, sino para que “las obras de Dios” se manifestaran en
ella. La ceguera sirvió como escenario para demostrar el poder
divino, destacando a Jesús como la «luz del mundo» (Jn. 8,12) al
sanarle y revelar su identidad.
El diagnóstico que nos acaban de dar es fatal; la enfermedad apareció de repente y no hubo tiempo de prevenirla. Fue un accidente horrible; nadie esperaba que muriera tan joven. En el cruce de balas lo hirieron y quedó parapléjico; le espera una vida entera de sufrimiento. Un joven de 18 años sufre un infarto y después de una semana en coma, muere. La ecografía dice que el niño va a nacer con una deficiencia grave; será una carga pesada de llevar para toda la familia. Noticias como estas no se las desea uno(a) a nadie. Pero llegan muchas veces. Y siempre, sin avisar. El dolor en este mundo es muy grande y a todos(as) nos toca muy de cerca, más tarde que temprano, a nuestra vida, y entra sin pedir permiso.
“Sobre la muerte y los moribundos” (1969) es una obra pionera que introdujo las cinco etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión, aceptación) para entender el proceso emocional de pacientes terminales de cáncer. El libro busca aliviar el sufrimiento psicológico, promoviendo el acompañamiento humano y digno, convirtiéndose en un texto esencial para el acompañar a personas afectadas en los 90 por la pandemia del HIV/Aids = VIH/SIDAS. El título del libro escrito por - Elisabeth Kübler-Ross, quien ha dedicado su vida a la muerte y a los moribundos, por lo que ha obtenido el reconocimiento mundial. En los acompañamientos pastorales que junto a un equipo interdisciplinario en las salas masculinas y femeninas del Hosp. Muñiz algunas con enfermedad congénita (Una enfermedad o anomalía congénita es un problema estructural o funcional presente al nacer, resultante de trastornos en el desarrollo embrionario o factores genéticos, contagios, hereditarios, (ej. cardiopatías, labio leporino, síndrome de Down, malformaciones articulares). Se diagnostican prenatalmente por ecografía o al nacer); que he ministrado acompañando por catorce años. Algunas personas afectadas murieron sin saber por qué él/ella, como sus padres, amistades, que habían tenido que sufrir tanto. Desde luego, ese libro no logra explicar del todo el origen del mal en el mundo, pero sí nos ayuda (actualmente) entender algunas de las situaciones que viven aquellas personas que han sufrido injustamente. Es un buen intento por descubrir el sentido que tiene el dolor de allegado(a).
Los discípulos, viendo al ciego de nacimiento, le preguntan a Jesús: “¿Por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?” (9.3) Esta pregunta aparece siempre ante el dolor y el sufrimiento la perdida o muerte. Buscamos la culpa en algo, alguien. Buscamos alguna explicación, algún sentido ante el dolor, porque no nos cabe en la cabeza que no haya una causa que lo explique. Pero siempre, las explicaciones y los razonamientos que hacemos son insuficientes. El sufrimiento desborda nuestros intentos por entenderlo y explicarlo. Eso ha pasado muchas veces en medio de las tragedias que no tienen explicación y sucesos que dejan al descubierto nuestra propia eventualidad.
La respuesta que da Jesús puede decirnos algo, aunque hay que reconocer que el misterio sigue allí, sin aclararse plenamente: “Ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue más bien para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer. Mientras es de día, tenemos que hacer el trabajo del que me envió; pues viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Estando en este mundo, soy la luz del mundo” (9,3-5). ¿Qué culpa puede tener el niño al nacer? ¿Por qué iba a cargar el niño con el pecado de sus padres? Sin embargo, esta es la explicación que le damos muchas veces, al dolor. Necesitamos un chivo expiatorio y lo buscamos en otros o en nosotros mismos. Tratamos de descubrir el origen del mal en algún comportamiento nuestro.
Ante el dolor y el sufrimiento no se pueden explicar. Tal vez lo peor que podemos hacer es buscar culpables o culparnos a nosotros(as) mismos(as). El dolor es una pregunta que nos lanza la vida y que nos abre a lo que Dios puede hacer en nosotros(as) y, a través nuestro, en los demás. Jesús nos invita a ser una luz para quienes transitan por el camino del dolor, como lo fue él para aquel ciego que recuperó la vista después de bañarse en la pileta de Siloé. “Después de haber dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y se lo untó al ciego en los ojos. Luego le dijo: – Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa ‘enviado’)” (6-7).
En aquellos años de acompañamiento hospitalario, sin presentarme con nada que me identifique como clérigo, sin nada que se demuestre que mi persona, como la de mis compañeros(as), que éramos de alguna institución cristiana, simplemente una persona como las demás. Tratando de reconciliar al sufriente, con lo familiar, social, laboral e iglesia que en definitiva por malas pastorales y catequesis inculcan un Dios de venganza, un Dios reventado con la creación que envía males, cataclismos, enfermedades por alejarnos de sus preceptos, ¡NO!!!, la lectura nos reta a ser Luz mientras estamos en este mundo, hablar de la silla vacía que está en sí bien ubicada, actual, con la presencia de una Divinidad compañera, presente en diversos géneros que son, somos «Siloé (que significa ‘enviado’)» a ser Luz en sus vidas, para que en nosotros y los(as) Bartimeo de nuestra sociedad se cumplan “las obras de Dios” y se manifestaran en ellos(as).
Oremos:
Maestro,
que podamos reconocerte en la persona de mi prójimo, aun
en los(as) más vulnerados(as) de nuestras sociedades, respondiendo
desde una confianza total desde nuestros corazones: «solamente
sé que yo era ciego y ahora veo» Jn. 9,25.
Amén.
Bendecido
Tiempo de Reconciliación.
+++
Marcelo Alejandro – ms

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