Lecturas: Eclesiástico 15,15-20 — Salmo 118 – 1° Corintios 2,6-10 — S. Mateo 5,17-37.
Comentario Bíblico.
Seguimos, en el contexto del pasado IV Domingo de las Bienaventuranzas. Todo el conjunto está centrado en la afirmación de la justicia cristiana que mantiene el mandamiento de superar a la Ley de los escribas y fariseos para entrar en su plenitud Divina. Aquellas bienaventuranzas son llamadas también antítesis, cada una comienza con la expresión: “se les dijo, pero yo les digo”. En cada una aparece Jesús como el revelador de la voluntad del Paterna, Divina, presentando la nueva forma de vida como una superación de la antigua “Vestidos nuevos sin remiendos viejos” Mt. 9,16; “vasijas nuevas para el vino nuevo” Mt. 9,17.
Jesús vino a construir, no a destruir; llego para incluir y no a vulnerabilizar. Ante una sociedad colmada de corrupción desde lo religioso a lo gubernamental de los palacios, Jesús está aquí y siempre para sanar a ese árbol de olivo enfermo llamado Ley (Mt. 9, 9-13), se logra su cumplimiento cuando llevamos el mandato a un plano más profundo. Las antítesis, elegidas son de un modo muy breve por san Mateo en esta declaración, constituyen seis discusiones entre Jesús y los rabinos (en el tiempo de la Iglesia primitiva) en las que se planteaban problemas vitales para la vida de los discípulos. Lo que san Mateo nos presenta, abreviado, es la síntesis final de las discusiones de una asamblea y construcción de una especie de reglamento o estatuto a seguir.
San Mateo, hoy nos diría, «si te dijeron que por ser quien eres, no tienes un espacio aquí yo te digo ven y siéntate en mi silla»; cuantas veces nos han dicho, por tal tema aquí no, por tu color de piel, por tú poca higiene, por tu orientación, por tu etnia, por tu economía, por tu sexualidad, por tus ideas políticas, por tus replanteos, por tus pecados, por tú…; en cabio a todo esto sabemos que es el Mesías esperado, el único hombre de la historia que vino, vivió anunciando y haciendo el bien aun ante las diferencias de clases (Mt. 8,5-13); poniendo énfasis en cada punto y coma de la ley, comprendemos que somos la sal de la tierra, quienes damos sabor en la vida (Mt. 5,13.), somos la luz de estas sociedades, quienes visiblemente testimoniamos desde nuestras integridades de fe y de vida (Mt. 5, 16.), Por eso Dios nos quiere y hace íntegros en su Hijo, para que en Jesús toda pena e injusticia sea en Él justificada, y toda persona proclame que en Cristo Jesús hacemos presente en cada su dignidad de ser en nuestras ciudades (Fil 2,9-11)
"Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, es mala" (Mt. 5,37.
Oremos: Señor, gracias por cambiar nuestra realidad humana, te pedimos fuerzas para seguirte respondiendo a tus llamadas y poder ser testimonio tuyo desde nuestras integridades personales. Amén.
Bendecido Tiempo de Manifestaciones.
Ob. Marcelo Alejandro – ms

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