Lecturas: Isaías 58,7-10 — Salmo 111 — 1° Corintios 2,1-5 — S. Mateo 5,13-16.
Comentario Bíblico.
Entre el sermón de las bienaventuranzas, san Mateo intercala el fragmento sobre la sal y la luz que relata algunos comentarios de Jesús. De un modo didáctico utilizando dos elementos e imágenes cotidianas de la vida, san Mateo propone dos realidades esenciales que definen el verdadero discipulado para seguir al Maestro. Las personas convocadas al discipulado es llamada a ser, en medio del mundo (sociedad), sal y luz, Jesús puso toda su vida al servicio de los demás, por eso, pudo decir de sí mismo: “Yo soy la luz en el mundo” (Jn. 8,12). Jesús quiere que nuestra vida de fe nos lleve a estar siempre al servicio del hermano/a, ser como cuando cantamos 🎼“Señor, que nuestra vida sea, semilla suelta por el aire, para que Tú puedas sembrarla, sembrarla donde quieras”🎶🎵. Por eso, nos pide que seamos luz y sal para este mundo (Mt. 5, 13-14), dos elementos cotidianos necesarios en la vida de cada ser.
Hay en nuestras vidas dos elementos y básicos que utilizamos constantemente desde la antigüedad, la luz y la sal. Dos elementos básicos que no acostumbramos a estar sin ellos. Si algo falta en la mesa, lo primero que vemos o pedimos es el salero, incluso buscamos una mesa bien iluminada (a no ser que seamos sensibilidad a la luz por fotofobia o hipertenso), y los utilizamos diariamente son esenciales para nuestra vida, Jesús habla siempre al pueblo con un lenguaje simple y comprensible. Utiliza estos dos elementos, aunque de una manera simbólica, para guiar nuestra vida por caminos que, en verdad, nos construyan como verdaderas personas nuevas, y cumplir con el deseo del creador, nuestra Divinidad Trina.
Desde la comprensión de estas dos imágenes se puede entender la tarea del/la discípulo en medio de las gentes entre las que ha sido llamado/a a vivir o de entre las que ha sido elegido/a por el Maestro a ministra.
¡La sal que conserva, sazona, cuece y mantiene el calor!
La narrativa de esta imagen es, cuanto menos, sorprendente, ¿Cómo puede perder la sal su ser de salar? ¿Cómo puede volverse sosa? Así es nuestra misión, servicio, no puede perder su acción y atención.
Entre esas funciones entendemos como ayer, cuál es el aspecto de la imagen utilizada por Jesús. La sabiduría en el discipulado, siempre debe ser conectada, basada en los principios de Jesús, en sabiduría, estudio y formación constante, personal, profesional y comunitaria, podrá dar sentido verdadero a la existencia humana (sentido de dar sabor a los alimentos, un condimento insustituible regularmente dar sentido en la evangelización).
¡La luz que suavemente ilumina, orienta y da serenidad!
Esta imagen sorprendente posee una capacidad evocadora y pedagógica extraordinaria. También hoy es necesario que tomemos conciencia real de que estamos destinados a diluirnos en la sociedad, sin perder nuestra identidad más auténtica, acertada, en servicio de cada prójimo nuestro. Imitando al servidor Hijo de Dios, que no clama por las calles, que no apagó el débil y tembloroso pabilo de nuestras vidas. También es necesario que tengamos conciencia que somos enviados/as a un mundo inclinado al individualismo, el bienestar personal, y a la corrupción en muchos aspectos.
Hoy son llamados/as a mantener en calor al Evangelio en medio de nuestro vecindario, ciudad, mundo, en definitiva, mantener el sabor, calor del amor Divino, manifestado en los evangelios de Jesucristo y ser perseverantes por la gracia del Espíritu Santo.
Hoy las relaciones humanas corren el peligro de ser cada día más frías, silenciosas a pesar del ruido social a través de múltiples formas. Es necesario contribuir a mantener el calor en los ambientes que nos toquen en suerte compartir.
La tarea en los/as discípulos/as es la propia de los embajadores. El Maestro que nos envía, nos garantiza la eficacia de la tarea iluminadora de la humanidad. Jesús nos confía su luz recibida en el bautismo a sus enviados (nosotros/as) para que la transmitamos al mundo. Hoy es necesaria la presencia de estas lámparas en medio de nuestra comunidad inquieta y a la vez necesitada de la verdadera luz del Evangelio.
Lo que debe sorprendernos hoy, del mensaje de las lecturas es cuánto confía Jesucristo en nosotros(as), incluso más que nosotros mismos. Él nos confía la misión de ser luz que ilumina el mundo (vida personal y comunitaria), sal que preserva y da sabor en el mundo con el aroma de los Evangelios. La misión de ser una ciudad de luz que atraiga a todas las personas a Dios. ¡Qué responsabilidad! Hoy, pidamos a Jesús que encienda su luz en nosotros.
Oremos: Para que hagamos las buenas obras que lleven a la humanidad hacia Dios.
(Pausa)
Líbranos, Señor, de todo mal y de todas aquellas personas que nos desean el mal y de todo temor haciendo que la luz de tu Hijo brille en la oscuridad de este mundo. Aunque tenue y vacilante, que nuestras tímidas luces iluminen hasta que nos encontremos para siempre ante la luz verdadera en la tierra y en el cielo, por Jesucristo nuestro Maestro y Salvador. Amén.
Bendecido Tiempo de Manifestaciones.
+++ Marcelo Alejandro – ms

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