Comentario Bíblico.
«Una Conversión de todo corazón»
El Camino de conversión, está embaldosado de oración, ayuno (privarnos de un gusto o vicio) y de acción solidaria y caritativa, típicos de la Cuaresma. Aunque, no lo olvidemos, no son fines en sí mismos, como si todo en la vida cristiana dependiera de nosotros(as). Son medios para templar nuestro espíritu para poder vivir con fe y alegría la Pascua del Cristo.
La conversión es un gran movimiento de esperanza: aunque algunos nos pregunten: ¿Dónde está nuestro Dios? Para poder responder convencidos(as): está aquí y ahora entre nosotros(as), reconciliándonos siempre, acercándonos los unos a los otros y a todos(as) en Él: reconciliándonos “porque la Divinidad es compasiva y misericordiosa, lenta a la cólera y rica en piedad”. (Salmo 103,8).
«Ahora
es el día de la salvación»
2°
Cor. 6,2
San Pablo
se siente enviado para invitarnos; “déjate reconciliar con Dios”.
2°
Cor. 5,20
La
reconciliación es una esperanza universal de una humanidad
desangrada por los conflictos, las guerras y la violencia. Nuestras
divisiones y distancias no son títulos pesimistas con que analicemos
el pasado y el presente. Tristemente, convivimos con las fracturas
vecinos(as) enfrentados por ideologías políticas que prohíben,
derechos y obligaciones preventivas de muchos en la vida familiar,
barrial, comunitaria en los intereses económicos, en la política
nacional e internacional, que tan solo beneficia al gobernante de
turno y su diminuto aren de empresarios corrompidos. No corren buenos
tiempos para los sueños de pacífico encuentro, un encuentro que se
vislumbra cada día más lejano. Las proclamaciones de fraternidad
universal quedan en poco más que retórica bienintencionada.
La
conciencia y el corazón de cada uno(a) está presente la disociación
entre lo que queremos ser y lo que, de hecho, logramos o no logramos
ser. El pecado afecta tanto a las personas como a las
estructuras.
La reiteración de fracasos en el ámbito personal y en las sociedades y sus instituciones nos invitan a repensar sobre la fuente definitiva de la reconciliación que está entre nosotros(as), por perfectos que logremos ser, si no en la Divinidad que nos la regala en Jesús. Su muerte y resurrección son una promesa para un mundo y una humanidad nueva.
La Cuaresma, nuestro Tiempo de reconciliación, es un tiempo de apertura, de balance para nuestros corazones y nuestras mentes a la reconciliación que se nos ofrece en bandeja de oro: " “Conviértete y cree en el Evangelio” es, decir: la aceptación del evangelio de Jesús como propuesta y regla de vida.
«Nuestro
Padre, que ve en lo escondido, nos recompensará»
Mateo 6,6.
Todo
este fragmento de Mateo que leemos en este Miércoles de Ceniza es
una defensa para la interioridad del quién
y
como somos. No tiene nada que ver con los sentimientos y emociones
de
alguna espiritualidad. Su contexto es la práctica del fariseísmo
que
buscaba la justicia desde la exterioridad sin ver la propia (Mt.
7,3-5).
Jesús enfrenta lo que supone “ser visto por lo humano”, “tocar la trompeta”, “ser honrado por las personas”, “rezar de pie para que los vea la gente”, “hacer ver a la gente que…”. Las prácticas de estos cuarenta días tienen su sentido, y son eficaces, cuando lejos de buscar el reconocimiento y la felicitación de los demás, pasar desapercibidos(as) y se las dejamos ver únicamente al Padre.
Es
la “intimidad” de la propia conciencia, la clausura de los
propios sentimientos, a los que únicamente la
Divinidad tiene acceso.
Ahí nos habla y ahí le escuchamos (1 Reyes 19,11-12). Una religión sin interioridad, y sin una interioridad alegre, libre y fraterna, no es cristiana.
Las imágenes que utiliza san Mateo para describir ese mostrarse ante la Divinidad son de una profunda y sencilla belleza: cuando des limosna “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, que nuestras acciones sean íntimas para dar justicia, y que la oración sea grata a Dios, más allá que a las personas.
¿Cuáles son nuestros sentimientos y actitudes al adentrarnos en este tiempo de gracia que es la Cuaresma, la reconciliación? ¿Qué debemos convertir en nuestro interior para hacer sitio al Padre, la Divinidad hoy Trina que nos reconcilia? ¿Qué debemos cambiar en nuestras prácticas religiosas para hacerlas más genuinamente cristianas?
Oremos:
Gracias
por cambiar la realidad inhumana de la cruz y ser desde Tu espontánea
entrega
en el Árbol de la Vida una real y feliz esperanza para con
nosotros/as, mientras que desde hoy y para siempre anunciemos tu
renovado mensaje a todas las personas. Amén.
Amén.
Bendecido
Tiempo de Reconciliación.
+++
Marcelo Alejandro – ms

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