Reflexión del Ob. Marcelo Alejandro – ms, por la Unidad de los Cristianos(as) e Iglesias.
Desde noviembre de 1995, cuando asumí la responsabilidad pastoral de una comunidad cristiana aquí en mí Buenos Aires amada, en comunidad, asumimos una apertura de nuestra congregación, en su totalidad personas LGBT, a las demás confesiones cristianas e iglesias de tradición.
Llego el momento en que llegamos a ser invitaos a un Congreso organizado por Naciones Unidas denominado “Religiones Unidas”. Allí conocimos una diversidad de instituciones y ramas inter religiosas con una apertura a conocer y trabajar lo desconocido (en este caso éramos nosotros) con varios conservamos una bella amistas con otros como en la parábola del sembrador (Mt.13,3-9), se perdieron en el camino dado que nunca falta en nuestro entorno algunas vagas aves que se comen para su propio interés el trabajo de otros (nuestro), para algunos nuestra presencia cayó entre las piedras, donde no había voluntad para que la apertura brote, porque su eclesial estructura se basaba en un arcaico prejuicio sin fundamentos; pero en cuanto hubo un poco de claridad, pero el celo ante lo desconocido quemó y secó la acción de unidad. Otra parte cayó entre espinos, de las altas y señoriales personalidades, líderes pastorales que se juntan una vez al año a demostrar una apertura a la Unidad de los Cristianos(as). Sin una apertura a sus tradiciones reformadas para orar por el conocimiento y la aceptación en las diferencias. Y ante todo, degustar, al final de los exquisitos, sandwich, budines, masas, café y té, sin el mero intercambio de diálogo. Hasta el año próximo, los espinos crecieron y los manjares en bandejas ahogaron la intención. Pero una parte cayó en buena tierra, comunidades emergentes con apertura a lo tradicional. Confrontando estructuras, replanteando las catequesis, limpiando los signo de todo aquello negativo, releyendo los sagrados textos desde una inter comunión y desde la perspectiva que nos encomiendan las renovadas teologías para rendir una cosecha de cien, sesenta, y hasta treinta semillas por una acción inclusiva, socialmente cristiana. Ahora, como en el fin de la parábola “El que tenga oídos para oír, que oiga”, porque comienzo mi ponencia.
Según leo en Juan 13,35, “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”, en sí yo iría un poco más atrás sobre aquello de “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros” (34).
Nos da un sublime y no único mandamiento nuevo: «ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros» (34). Y en ese amor surgen una variante de sub flechas, acción conjunta en…, aceptación de…, identidad para…, reconocimiento a…, respeto por…
Una acción conjunta en post de un crecimiento, espiritual, personal y eclesial para, una mejor aceptación del desconocido prójimo, llámese persona o comunidad de fe; manteniendo sin avasallamiento nuestras propias identidades para, hacer lugar en nuestro closet para que él/ella cuelgue su abrigo, hacer limpieza de viejas rencillas por copiadas teologías, juicios, tradiciones, ritos, órdenes, sucesiones, ministerios que nos permita de una vez en adelante él, reconocimiento al forastero(a) que nunca deja de ser aquel enviado por la Divinidad (¡quizás!) para anunciar su designio de salvación como en “Ez. 2,3-4”. Su último profeta en el desierto, quien ofrece la reconciliación por el bautismo “Mt. 3,6” pregonaba la llegada del Mesías “Mt. 3, 11”, su mismo Hijo quien nos relata la buena noticia “Lc. 4,18” aquellos enviados a ser suyos portadores en el mundo “Mt. 28,19”, respetando por ser quien es cada ser, cada institución.
Como bien relato el Ob. Dixon, “comencemos a amarnos en lugar de armarnos”, que amándonos podamos reconstruir desde nuestra persona para luego lo eclesial la acción conjunta, la aceptación, el reconocimiento de cada identidad, reconociéndoles y respetándoles, para que: “En esto todos(as) reconocerán que ustedes (nosotros/as) son mis discípulos: en el amor que nos tengamos”. Sin avasallamientos.
Desde una involucrada lectura personal sobre “Lucas 10,16.” No siempre se da en nuestros países que quienes nos escuchan, escuchan al que nos llamó y convoco a su viña; ¿será cierto, que los rechazan mi palabra (su palabra), rechaza al que nos invitó a su fiesta?
En verdad duele, molesta ver ese gesto en nuestras iglesias de origen, las cuales nos llevaron a conformarnos en emergentes comunidades, brotes renovados en el viejo y cansado olivo que es el Cristianismo, primitivo, conservador, tradicional. Pero mucho más me molesta cuando un geto así lo repetimos, ARÁNDANOS de textos carentes de sentido ético y actual convirtiendo al mismo en un pretexto.
Como bien escuchamos días atrás, Ninguno de nosotros(as) salimos por los medios de conización masivos, las redes sociales, WhatsApp, y pódcast denunciando a nuestros hermanos romanos, pentecostales, ortodoxos, anglicanos, difamándoles por sus sucesiones, órdenes, ritos, pastorales, acciones, y misiones (ojo, qué motivos se esmeran día a día en darnos), pero no es nuestra intención, ya que vivimos en carne propia ese gesto flagelador, y es por este motivo que no deseamos cometer la misma mala intención. Estamos llamados(as) a la UNIDAD. Para que quien nos escucha, escucha al que nos llamó y predestino en su viña (Lc. 10,16.)
Hablando de unidad vino a mi memoria los tiempos de la pandemia. ¿Recuerdan? Se nos presentó en el tiempo más fuerte de nuestra tradición como lo fue Cuaresma, Pascua confinadas, limitados, tristes donde no pudimos despedirnos de nuestros afectos muertos, hasta el Adviento donde se nos comenzó a librerar en las salidas. Como bien compartió las otras noches mi hermano de mes y de año el Obispo Puig “No desfallecer en la oración” este logro de unidad en plena pandemia acerco, hermano, unió respetando nuestras propias individualidades e historias de vida.
Un tiempo que por redes y tecnología nos permitió acompañarnos, celebrar virtualmente palabra que nos surgió y a la fecha la encarnizamos. Fue un tiempo que nos confrontó entre lo tradicional y ritualismo vs. lo espiritual. Un tiempo donde la unidad impero en lo solidario, donde nos sirvió el conocimiento de las tres virtudes teologales fueron nuestros pilares para esa pandemia: fe, crecimiento para conocer a Dios; esperanza caridad, para confiar en Él, y en sus promesas, y caridad (amor) la máxima virtud que se manifiesta en amar a Dios sobre todas las cosas y nuevamente amara al prójimo como a nosotros(as) mismos, mediante ACCIONES CONCRETAS de servicio, raíz y fruto del camino espiritual. En estas palabras hacer presente en ese y actual tiempo lo escrito en la Carta de Santiago 2,14-16, 24-26.
Para finalizar encuentro en Juan 17,21. El deseo, y esto estoy por seguro que es el de cada uno de nosotros quienes conformamos COELA, nuestras comunidades eclesiales emergente, dependiente e independientes, expositores y participante virtuales: Que todos seamos uno, como su Padre creador en su Hijo y su Hijo en el Creador, que también ellos nuestros virtuales y presenciales hermanos(as) mayores sean uno entre nosotros(as), para que el mundo crea que la Trina y Única Divinidad nos envía.
ORACIÓN FINAL
¡Señor, haz de mí un instrumento de tu UNIDAD!
Que allí donde haya odio, ponga yo UNIDAD; donde haya ofensa, ponga yo UNIDAD; donde haya discordia, ponga yo UNIDAD; donde haya error, ponga yo UNIDAD.
BENDICIÓN
La Divinidad te bendiga y te guarde.
Te muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros(as).
Nos vuelva Su rostro y nos conceda su paz.
La Divinidad Trina bendiga este su servidor (+).
TEMAS SOBRE COMO SOMOS EN MISIÓN SACERDOTAL
Descubre lo que nos impulsa
Nuestros valores no solo definen quiénes somos, sino que también son la luz que guía cada paso que damos. Son la esencia de nuestra fe y el corazón de nuestra misión. Te invitamos a conocer lo que inspiran nuestra labor diaria y que encienden nuestro compromiso con la comunidad y el mundo.
Un Ministerio Compartido
Inspirados en 1ª de Pedro 2:4-10, promovemos el sacerdocio universal, uniendo laicos y clérigos en un ministerio colaborativo.
Dignidad para Todxs
En el espíritu de Lucas 15, valoramos y respetamos la dignidad intrínseca de cada persona.
Amor en Práctica
Tomamos Juan 13:34-35 como nuestro mandato para amar a los demás, fomentando el respeto, la alta autoestima y la dignidad.
Audacia en la Fe
Con Romanos 1:16 como guía, nos comprometemos a proclamar con valentía y excelencia las Buenas Nuevas de Jesucristo.
Misión Global
La gran comisión de Mateo 28:19-20 nos impulsa a llevar el mensaje de esperanza a todas las personas, en todas partes.
Constancia Espiritual
Hebreos 12:1-2 refuerza nuestra determinación de persistir y mantener la fe en cada paso.
Inclusión y Justicia
Con Isaías 56:7 en mente, nos esforzamos por ser una casa de oración inclusiva y justa, abierta a todos.
Sabiduría y Administración
1ª Pedro 4:10 nos llama a ser administradores prudentes de los dones divinos.
Integridad del Ser
Creados a imagen de Dios según Génesis 1:27, nos comprometemos con el desarrollo integral de cuerpo, mente y espíritu.
Ecumenismo
Basado en Nuestros Estatutos
Los estatutos de la Misión Sacerdotal destacan la inclusión y el respeto por diversas tradiciones y perspectivas religiosas. Esta orientación interconfesional y ecuménica es fundamental para promover la unidad entre distintas confesiones cristianas y otros credos. Al fomentar el diálogo, la comprensión y el respeto mutuo, buscamos reflejar una comunidad que es un mosaico de diversas expresiones de fe, unidas en su búsqueda de la verdad y el amor.
Respondiendo a los Desafíos Contemporáneos
Ante desafíos como el conflicto global, la desigualdad y la crisis ambiental, nuestra aproximación interconfesional y ecuménica ofrece una plataforma única para abordar estos problemas desde diversas perspectivas y tradiciones, uniendo fuerzas para un impacto mayor.
Fundamentados en las Escrituras
Pasajes clave como Gálatas 3:28, Juan 13:34-35, Mateo 28:19, Efesios 4:4-6 y 1 Corintios 12:12-13 subrayan la eliminación de divisiones y la importancia de la unidad en la diversidad. Estos textos nos recuerdan que, en Cristo, somos llamados a formar un solo cuerpo, unidos en la diversidad y en el amor.
La Teología de la Vida
Surge en América Latina, como una propuesta del EMERITO Obispo luterano Medardo Gómez, promoviendo un cristianismo centrado en la acción, la justicia social y la solidaridad con los necesitados, ricos o pobres. Este enfoque nos llama a trabajar codo a codo con personas de todas las tradiciones religiosas y culturales, uniendo esfuerzos en la lucha por la justicia y la dignidad humana.
Inspirada en las enseñanzas de la Teología de la Vida TdV, la cual enfatiza la fe como una experiencia viva, impregnando todas las áreas de la existencia humana. Reconocemos que la diversidad de creencias y prácticas religiosas enriquece nuestra experiencia espiritual colectiva, llevando a una comprensión más profunda y empática de la fe.
En la Misión Sacerdotal, ser interconfesional y ecuménica no es simplemente una elección; es un reflejo de nuestra más profunda convicción y compromiso con los principios de amor, inclusión, y unidad que Jesucristo enseñó. A través de esta visión, buscamos ser un faro de esperanza y un puente hacia una comunidad más compasiva y comprensiva, unida en su diversidad y en su búsqueda de la verdad y el amor.
Obispo Marcelo Alejandro - ms
Primado Diocesano
Iglesia Misión Sacerdotal

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