¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lecturas: Isaías 49,3. 5-6, – Salmo 39 – 1° Corintios 1,1-3 – S. Juan 1,29-34.
Comentario Bíblico.
«Allanen el camino del Señor» Jn. 1,23.
Para entender este texto se hace imprescindible conocer algo de la figura del Bautista para así poder descubrir la novedad de la buena nueva de Jesús, que al fin y al cabo es lo único que nos debe importar. También, así podremos extraer de este evangelio una meditación edificante para nuestra vida cristiana.
No olvidemos que el Bautista, es primo de Jesús, liderará un movimiento profético y penitencial en los primeros tiempos del cristianismo ante la certeza inminente de la llegada del Mesías, realidad largamente esperada por Israel.
Él Bautista, es consciente que ante la magnitud de tal acontecimiento únicamente queda una salida: «allanar el camino de Señor», pero no quedar en una estéril o tácita penitencia para que las faltas e infidelidades se borren, la Divinidad Creadora viene a intervenir definitivamente en la historia.
Por Él se retirará al desierto para preparar ese momento, bautizando y reconciliando en el río Jordán, en un bautismo de conversión y purificación. Su estilo de vida austero y su Dios de la justicia, el cual separará lo bueno de lo malo, un Dios misericordioso ante el pecado e infidelidad de Israel, una Divinidad que seducirá a muchas personas, en su discurso no ligado al Dios del Antiguo Testamento muy enraizado en la mentalidad del pueblo de Israel.
«Detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias» Jn. 1,27
Como suele pasar a lo largo de la historia, y en nuestras vidas, con diversos responsables espirituales, serán más bien sus seguidores quiénes los pondrán en lugares que no les corresponden, y en este caso serán ellos quienes verán en Juan el Bautista al mesías esperado.
Tal vez, algo así habrán pensado sus seguidores: este hombre justo, bueno y austero que habla del Dios de la justicia, tiene que ser el salvador. Ante tal confusión no es extraño que los cuatro evangelistas canónicos, con cálidos y tenues matices, pero señalando lo mismo, se esfuercen en mostrar al bautista como simplemente el precursor, el último de los profetas, el nexo entre lo antiguo y lo nuevo, pero no el mesías; siempre poniendo en boca de Juan el intento de clarificar los roles: «detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias» (1,27). Y este versículo deja claro quién es quién; mostrando la identidad de uno y de otro.
«Juan dio testimonio» Jn. 1,15
El mensaje y estilo de Jesús estarán diametralmente opuestos en la superficie terrestre, política o espiritual son temas y acciones radicalmente contrarias a las de Juan el Bautista, frente a su estilo penitencial del bautista y sus seguidores, simbolizado en el desierto, su soledad y su ascetismo, Jesús se acercará a la gente a sus vidas, sus necesidades sus corazones; participará en comidas, banquetes; irá a bodas, estará en las plazas públicas aclamando su activismo.
El Reino de la Trina Divinidad anunciado por Jesús, llegará al centro del mundo, no alejado de él, dando la bienvenida a todas las personas y pueblos, curando las heridas de cada ser de su tiempo. Frente al Dios de buenos y malos, propio del judaísmo vetero testamentario, reflejado en el discurso del Bautista, Jesús irá por la oveja perdida, porque todos(as) son hijos(as) de la Divinidad creadora. Hasta nuestros días.
Se juntará con los vulnerados, con hombres y mujeres de mala fama, personas de la periferia ciudadana, afirmando que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Lc. 5,32), que son los que tienen necesidad del “médico”. Y podríamos seguir.
Al final, frente a la Divinidad de los buenos y malos, de Juan, emerge de la mano de Jesús una Divinidad de amor y de misericordia que ofrece a todos(as) siempre otra posibilidad de vida. El Padre de Jesús es el Padre de la parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15,11-32), que hace fiesta por el hijo(a) que vuelve a casa, perdonándole su pecado. El Padre de Jesús, es un Padre del encuentro reconciliador que en primera intención es su deseo y bienestar, el reconciliarse con su creación TODA.
«Este es el Hijo de Dios» Jn. 1,34
En el texto que comentamos hay dos frases que vienen a cerrar lo anterior, marcando la diferencia radical entre el Bautista y Jesús: San Juan Bautista dirá que Jesús es «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (1,29.1,36)y que ha visto que el «Espíritu Santo se posaba sobre él» (1,32).
Hacer penitencia, arrepentirse, se puede y debe, es muy noble como necesario, pero erradicar, “quitar”, el pecado como ruptura de la amistad del ser humano con Dios, eso únicamente lo puede hacer la Divinidad misma, y solamente Jesús como Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo.
San Juan, luego de anunciar el arrepentimiento de corazón bautizaba con agua, todo un símbolo de regeneración y de pureza ritual, pero la distancia entre el ser humano y su Divinidad seguían siendo infinitas. Jesús bautizará con el fuego del Espíritu Santo, haciéndonos participar de la misma vida de su Divinidad, convirtiéndonos en verdaderos hijos e hijas en Él.
Hoy el evangelio nos fuerza a mirar de frente a Jesús con los ojos de san Juan Bautista, sin inseguridad, con coraje (valor) y de cara escucharlo con un corazón sincero y bien despierto. Que cada uno(a) de nosotros pueda decir, como san Juan, «He visto al Señor obrando en mi vida, y quiero anunciarlo.» (1,1-18)
Pidamos al Espíritu Santo que nos fortalezca en tarea de testificar simples, humildes, valientes y fieles, que sepamos anunciar a Jesucristo en el actual mundo que necesita encontrarse con Él. Que como san Juan tengamos el coraje de seguir anunciando con palabras y con nuestras acciones de vida que Jesús es Dios y es la palabra de amor del Padre para el mundo. Para todos y todas personas, naciones, colectivos, orientaciones sexuales y de género, buenos y malos, enfermos y sanos.
Bendecido día.
+++ Marcelo Alejandro – ms 




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