Lecturas: IsaÃas 35,1-6a.10 – Salmo 145 – Santiago 5,7-10 – S. Mateo 11,2-11.
Comentario BÃblico. «La alegrÃa que sana»
Leà una vez que “un niño estaba dibujando un retrato, su profesor se le acercó y le comento: – Ese es un interesante retrato. Decime algo de él. El niño le respondió: – Es un retrato de Dios. Entonces, el profesor dijo: – Pero nadie sabe cómo es Dios. — Lo sabrán cuando haya terminado, dijo el niño…” Esta historia me trajo a la memoria otra anécdota que escuché. Dicen que un hombre que escuchó una conferencia de la Madre Teresa de Calcuta en las Naciones Unidas se acercó a la religiosa diciéndole: “Hermana, le cuento que yo no creo en Dios. Soy ateo. Pero le aseguro que, si Dios existe, debe ser muy parecido a usted”.
En la tercera semana de Esperanzas comienza con el Domingo de Gaudete, un Domingo de la AlegrÃa. Gaudete es una palabra en latÃn que significa “alégrense”. Una invitación, una fuerza que nos convoca a estar alegres siempre en el Señor y se nos recalca, alegrémoslo (Fil.4,4-5). En esta tercera semana, rezamos por la “restauración de las emergentes iglesias y comunidades hermanas”, especialmente por aquellas que viven como si su vida fuera “una penitencia constante y sin Pascua”. La alegrÃa que buscamos en este tiempo nos permite que el trigo crezca entre la maleza y que la luz del EspÃritu Santo brille su espiga incluso en medio de la noche más oscura.
«El desierto y la tierra reseca se alegrarán; la estepa se regocijará y florecerá. Florecerán con abundantes flores y se regocijarán con cánticos alegres» (Is.35,1-1). Cuando no tenemos alegrÃa, la vida se vuelve como un desierto, o una tierra reseca, estéril. La verdadera alegrÃa no depende del placer temporal del voraz materialismo. Uno puede carecer de posesiones y aun asà estar lleno de alegrÃa. Uno puede estar enfrentando privaciones en la vida: libertad, desempleo, haberes previsionales empobrecidos y aun asà estar lleno de alegrÃa. Uno puede estar fÃsicamente enfermo o tener limitaciones fÃsicas y aun asà estar lleno de alegrÃa, incluso más alegre que aquellos que están fÃsicamente completos pero infelices. Entonces, ¿qué es esta alegrÃa? Esta alegrÃa es del corazón que proviene al conocer a Jesucristo, estar cerca de Él, entregarse a Él, confiar en Él, ser guiado por sus palabras, enseñanzas y preceptos, y por inspiración del EspÃritu Santo. Esta es la alegrÃa del Señor que es nuestra fortaleza.
La “perfecta alegrÃa” de San Francisco de AsÃs no es la felicidad por el éxito o las comodidades, sino soportar con alegrÃa y paciencia el rechazo familiar y comunal, el frÃo, como el hambre y los insultos, confiando plenamente en Dios. Para el juglar de Cristo, esta alegrÃa radical se encuentra en aceptar la adversidad como una forma de unirse a Jesús en el madero, no en el bienestar terrenal, sino en la victoria sobre uno mismo y en la entrega total a la voluntad divina, incluso en medio del sufrimiento y la pobreza.
Jesús es el rostro de nuestra Divinidad en y para nosotros los que nos decimos sus seguidores debemos ser el retrato de Dios, un rostro humano, contemporáneo para el mundo. Si un niño es capaz de saber cómo es Dios y un ateo es capaz de reconocer sus rasgos en una persona como santa Teresa de Calcuta. La pregunta que nos puede asaltar hoy es si los que nos “ven hacer lo que hacemos y nos oyen decir lo que decimos”, son capaces de reconocer los rasgos de Dios en nosotros(as). Muchas personas no podrán leer otro evangelio distinto a nuestras vidas. Por eso, tenemos la responsabilidad de transparentar a Dios y abrirle un espacio para que vuelva a encarnarse entre nosotros(as) y más aún en esta Navidad que se nos aproxima. Precisamente, prepararnos para que eso pueda suceder es lo que busca el tiempo de Esperanzas que estamos viviendo.
Bendecido tercer domingo de esperanza.
+++ Marcelo Alejandro – ms
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