Lecturas:
Eclesiástico
3, 2-6. 12-14 -
Salmo
127 - Colosenses 3, 12-21 - S.
Mateo 2,13-15.19-23.
Oremos:
Maestro, hoy es la fiesta de tu Sagrada Familia, te damos gracias y te pedimos por todas las familias del mundo, para las comunes, ensambladas y nuevas configuraciones. Que vivan en torno a Vos, para que se sientan unidas, para que sean reflejo del amor que Vos sentÃs por cada uno(a) de nosotros(as), para que superen las dificultades y las pruebas que el mundo nos antepone. Especialmente por las familias en las que falta el techo, el trabajo, la salud, el bienestar, los ingresos necesarios para sobrevivir, la guerra, la emigración y el destierro. Te pedimos también por las personas que se sienten solas o no tienen cerca el calor, el afecto familiar. Maestro, escucha nuestra oración. Amén
Maestro, hoy es la fiesta de tu Sagrada Familia, te damos gracias y te pedimos por todas las familias del mundo, para las comunes, ensambladas y nuevas configuraciones. Que vivan en torno a Vos, para que se sientan unidas, para que sean reflejo del amor que Vos sentÃs por cada uno(a) de nosotros(as), para que superen las dificultades y las pruebas que el mundo nos antepone. Especialmente por las familias en las que falta el techo, el trabajo, la salud, el bienestar, los ingresos necesarios para sobrevivir, la guerra, la emigración y el destierro. Te pedimos también por las personas que se sienten solas o no tienen cerca el calor, el afecto familiar. Maestro, escucha nuestra oración. Amén
Comentario BÃblico.
Celebramos la festividad de la Sagrada Familia. En la tradición romana, una fiesta antigua, introducida oficialmente en la Liturgia en 1893 por el doctrinario socialista papa León XIII, para que las familias tuvieran un referente que les ayudara a afrontar la desintegración familiar y la pérdida de sentido y valores ocasionados por las grandes transformaciones económicas y sociales de la época.
«Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto».
Leà una vez una carta que un niño dirigió a todos los padres y madres del mundo. Creo que en este dÃa, en que celebramos a la Sagrada Familia de Jesús, MarÃa y José, nos puede ayudar mucho escuchar lo que este niño escribÃa:
“No me den todo lo que pido. A veces solo pido para ver hasta cuánto puedo tener. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces. Además, me enseñas a gritar a mà también y no quiero hacerlo. No me des siempre órdenes. Si en vez de ordenar me pides las cosas, yo las haré más rápido y con más gusto. Cumple las promesas que me hagas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también hazlo si es un castigo. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos, primos o conocidos. Si me haces lucir mejor que a los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor, seré yo quien sufra. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debes o debo hacer… decide y mantén esa decisión. Déjame valer por mà mismo. Si haces todo por mÃ, yo nunca podré aprender, ni crecer”.
“No digas mentiras delante de mÃ, ni me pidas que las diga por vos, aunque sea para sacarte de un aprieto. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me educas. Cuando hago algo malo no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé. Cuando estés equivocado en algo, admÃtelo. Crecerá la opinión que tengo de vos y me enseñarás a admitir también mis errores. Trátame con la misma amabilidad y cortesÃa con que tratas a tus amistades. Que sea tu hijo no quiere decir que no podamos ser amigos ni que tengas derecho a tratarme con violencia. No me exijas que haga lo que vos no haces o hubiese podido hacer. Siempre haré lo que vos hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que vos digas y no hubieses hecho. Enséñame a amar y a conocer a Dios. No importa si en el colegio me enseñan; de nada vale si veo que vos ni conoces ni amas a Dios. Cuando te cuente un problema no me digas ‘no tengo tiempo para boberÃas’ o ‘eso no tiene importancia’. Trata de comprenderme y ayudarme. Quiéreme y decimelo. Me gusta oÃrtelo, aunque no lo creas necesario”.
San José recibió en sueños la instrucción de proteger al Niño Jesús y a su madre, MarÃa: «Una vez que los sabios se habÃan ido (Magos de oriente), un ángel se le apareció en sueños a san José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allà hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo»(2,13). Más tarde, estando ya instados en Egipto, volvió a recibir otra orden en otro sueño: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y regresa a Israel (Nazaret), porque ya han muerto los que querÃan matar al niño» (2,20). En ambas ocasiones, José cumplió fielmente lo que Dios le pedÃa para proteger la vida del Niño Jesús y de su madre.
Los padres y madres son responsables de la vida de sus hijos (as), y Dios les irÃa indicando a su momento lo que deben hacer para protegerles y ayudarles a crecer. En la carta que encabeza este simple escrito, hay una serie de recomendaciones que el niño hace a su papá y a su mamá. Tal vez, la voz de Dios no nos llegue hoy en sueños, como le llegó a san José, sino desde las notas de este niño que pide respeto y amor. Escuchemos esta invitación como venida directamente de Dios para cada uno(a) de nosotros(as).
Bendecido domingo 🎄✨💫🌟
+++ Marcelo Alejandro – ms

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