Lecturas: IsaÃas 2, 1-5. – Salmo 121 – Romanos 13, 11-14 – S. Mateo 24, 37-44.
ComentarioBÃblico
El fragmento elegido para este primer domingo, del año nuevo litúrgico, forma parte del asà llamado discurso escatológico. Este discurso está construido conforme a un género literario peculiar. La propia comprensión de la esperanza mesiánica centrada, ante todo, en la figura daniélica del Hijo de Dios que viene sobre las nubes para el encuentro con la humanidad. Esperanza surge en momentos difÃciles, que requieren la máxima atención, disponibilidad, y esfuerzo. En momentos de persecución.
“Estad en vela, porque no sabéis qué dÃa vendrá vuestro Señor” (Mt. 24,42).
Se trata de tomar en serio el “hoy” de Dios, el presente salvÃfico que la Divinidad ofrece a la humanidad. Abierto ciertamente a un futuro que llegará con toda seguridad, pero que será más tarde que temprano. En el entretanto es imprescindible la vigilancia, la atención. La esperanza cristiana no nos exime del compromiso diario al lado de nuestros hermanos(as). Precisamente por la confianza en la certeza del fin glorioso la cristiandad toma con toda seriedad el presente de que dispone. Pero no debe dejarse arrastrar por la ansiedad. Estamos viviendo una etapa de la historia singular. Por todas partes surgen brotes, milenaristas que amenazan con cataclismos. Estos movimientos son el polo opuesto a la esperanza cristiana porque aprietan, sofocan, mutilan los anhelos la acción de servicio para la construcción del reino de Dios en este mundo en preparación. La cristiandad no puede ni debe hacer cábalas y combinaciones numéricas. Estemos seguros, expectantes y atentos porque el Cristo volverá con toda seguridad. Ya nos advirtió que no sabemos ni el dÃa ni la hora. Este espacio de tiempo es para la vigilancia y para el compromiso por establecer, el reino de Dios en Jesucristo con todos los hermanos(as) la humanidad.
“Estén también ustedes preparados para cuando venga el Hijo del hombre” (Mt. 24,44 / Lc. 12,35). Hay que reconocer que la pedagogÃa de Jesús era excelente, creadora de personas recias, audaces. Una y otra verdad nos advierte de que no debemos perder el tiempo en asuntos marginales. Nos ha conducido al corazón humano en su más limpia profundidad. Sabe muy bien qué es lo que la humanidad necesita en su Ãntima profundidad: el encuentro de la realización plena en una felicidad imperecedera en una comunión entrañable. Por eso tenemos que estar preparados siempre y en camino. La mirada fija en el objetivo central. Esa tensión robustece el camino; poda los accesos; explota los dones recibidos para la realización de la tarea. La tensa espera de algo importante aviva la vigilia. Es necesario descubrir que la vuelta del Hijo es la respuesta definitiva a los anhelos de la humanidad. Es necesario anunciar al mundo que Jesucristo da sentido definitivo a la existencia humana.
Feliz año nuevo litúrgico.
+++ Marcelo Alejandro – ms

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