Lecturas: Apocalipsis 7,2-4.9-14 – Salmo 23 – 1°carta de san Juan 3,1-3 – S. Mateo 5,1-12.
Comentario Bíblico.
“Saber ser hijos de Dios como programa de santidad”
Un año más, se nos presenta esta solemnidad su origen se remonta a la veneración de los santos/as desde el siglo II, hombres y mujeres que habían vivido el seguimiento de Cristo con tal convicción que llegaron a sufrir el martirio en razón de su fe.
La celebración de esta solemnidad supone un recordatorio para cada creyente, la entrega y la confianza en las que se nos invita a caminar hacia la plena comunión con nuestra Divinidad. Esta actitud no es extranjera, sino que vienen sugeridas por la dimensión, no solamente martirial de esta fiesta, es, su dimensión testimonial. De aquí que, con razón, decimos que nuestra Misión Sacerdotal surge y se mantiene en el tiempo por la fuerza de los testimonios animados por el Espíritu Santo, dador de vida y fuente memorial.
Así es que celebrar a los santos y santas, reconocidos y anónimos, de la emergente Iglesia, pueblo de Dios, es adentrarnos en la vida en clave de kairós, sabiéndonos sostenidos, en nuestra entrega frágil y limitada, por la gracia de Aquel cuya invitación y don son irrevocables.
La liturgia de este día nos brinda una de las fiestas más entrañables la de todos los Santos/as y, a la vez, la ocasión para reconsiderar nuestra vida cristiana mirando hacia adelante, hacia el final de la historia de cada ser y de la humanidad.
De entre todas las virtudes posibles, Dios eligió estas para nosotros. Seguramente son las más difíciles, pero también son las que nos harán feliz. ¿Acaso la felicidad es fácil? Pero, ¿por qué estas y no otras? Muy fácil. Imaginemos estas “otras bienaventuranzas”:
Bienaventurados los ricos, porque tendrán poder para abusar de los demás, (casta).
Bienaventurados los orgullosos, los rebeldes, los que protestan y no siguen ninguna norma porque sabrán odiar cuando se les contradigan, (muchos pensarán que es para un colectivo en particular que justo en es fecha celebramos nuestro día, No es así).
Bienaventurados
los que rían a carcajadas, porque no les importará el sufrimiento
de los demás y podrán disimular su propia amargura interior.
Bienaventurados
los resentidos, los que no tienen misericordia, porque no conocen lo
que es el perdón.
Bienaventurados los que se lo pasan bien, los que disfrutan a costa de la opresión del ser vulnerado, porque ya no tendrán nada que gozar en el cielo.
Bienaventurados los que siembran guerras, porque ellas se volverán en su contra.
Bienaven
turados
serán cuando se alaben, porque serán esclavos de su propia vanidad.
En cambio, Jesucristo eligió el “Bien Eterno” y nos dio ejemplos viviendo las Bienaventuranzas.
En cambio, Jesucristo eligió el “Bien Eterno” y nos dio ejemplos viviendo las Bienaventuranzas.
Podemos decir en pocas palabras: ¿Qué nos enseña Cristo? ¿Qué nos pide y qué nos da? La respuesta es clara y sencilla: nos muestra el camino hacia la felicidad, hacia la plenitud, hacia el amor, hacia la santidad. Son cosas que todos queremos, pero también son cosas que no todos conseguiremos.
¿Cómo se logra? Releamos el evangelio. Miremos somos pobre, o si estamos todo el día apegado a tus grandes o tus simples cosas. Miremos si somos tranquilos dóciles, si sabemos responder con paciencia, agrado, educación ante los insultos o agresiones, u odios de los demás. Miremos si somos de los que lloramos y sufrimos por los demás, si hacemos nuestro los sufrimientos de todos. Miremos si trabajas por la paz, si sembramos armonía en casa, si hacemos nuestro el valer los derechos de los más desprotegidos de nuestras sociedades, si somos solícitos ante las necesidades de las personas en la calle. Miremos si nos persiguen porque ser honesto, porque no hacemos trampas como todos, porque no inventamos mentiras, porque damos a cada persona según una medida justa.
Este es el camino de los profetas, de los santos/as, de los mártires. Y de quienes hemos sido catequizados y pastoreados. Únicamente me pondré a caminar si Cristo me da su fuerza y su amor. Sin Cristo las bienaventuranzas son una locura una demagogia, es un fracaso, es una derrota. Con Cristo hay alegría incluso en los momentos más difíciles de nuestra cotidiana vida. Basta con ver a los santos/as, envidiarlos… y no tener miedo de seguir sus huellas, según las bienaventuranzas de Cristo.
Propósito
Hoy en día el mensaje de Jesús en la Montaña sigue plenamente vigente. ¡Solamente se necesitan personas nobles, valientes y generosas que quieran ser auténticamente felices y quieran poner por acción su mensaje! Seremos realmente dichosos/as. Y el mundo cambiará.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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