Abre los ojos de mi alma, Señor, para ver tus signos en mí.
Lecturas: Sabiduría 9,13-19 – Salmo 89 – Carta a Filemón 9,10.12-17 – S. Lucas 14, 25-33.
Comentario Bíblico.
Seguir a Jesús exige nuestro compromiso para liberar
En el camino, Jesús continúa enseñando a sus seguidores para un convincente y activo discipulado. Jesús, de una manera clara y concreta, ofrece las imprescindibles condiciones para pertenecer a su movimiento.
La frase «Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío»(14,27), significa que una verdadera persona seguidora de Jesús debe estar dispuesta a negarse a sí mismo/a, soportar dificultades y sufrir persecuciones, incluso la muerte, por causa de su fe. “Llevar la cruz” nuestra cruz, aquel madero de prejuicios, descalificaciones, revanchas, maldades, tenciones, que implica renunciar a los intereses económicos de todo tipo personal, a una vida de comodidad y a los variados placeres que te ofrecen el voraz consumismo y la tecnología mal empleada para seguir a Jesús en su camino, Él nos exige un compromiso y variados sacrificios.
Una observación: no se conocen expresiones semejantes procedentes de la literatura rabínica. No sabemos de ningún rabino, y profeta anterior, contemporáneo o posterior a Jesús, que se hubiera atrevido a expresar una declaración, exigencia o pretensión parecida. Es una singularidad exclusiva del mismo Jesús. Las afirmaciones son de la más intransigente del evangelio. Jesús es atrevido, colocándose por encima de los sagrados lazos que dirigen la familia. Sobre los sacratísimos lazos entre los padres y sus hijos. Léase que todas las expresiones están en subordinación de la frase principal del conjunto: “si alguno se quiere venir conmigo” (14,26). En el verdadero discipulado suyo debemos centrarnos en nuestra vida en Él y contemplarlo todo desde Él. Para que la lectura se nos haga más inteligible hemos de tener en cuenta ahora otras palabras de Jesús que se dirigen también a los que quieran ser discípulos suyos y se decidan a optar por Él, “si queremos ir en detrás de Él, neguémonos en sí mismo/a, tomemos nuestra diaria cruz todos los días (Lc 9,23-24).
Seguir a Jesús crea nuevos vínculos y lazos de comunión
La familia suministró al primitivo cristianismo una de sus imágenes básicas para definir la identidad y coherencia socialcristiana. En la antigüedad, la familia extensa tenía mucha importancia. No solamente era la fuente del propio estatus comunitario, sino que funcionaba también como la primitiva y principal red social entre relaciones políticas, económicas, religiosas, educativas, en sí sociales. La pérdida de la conexión familiar significaba la pérdida de esas redes vitales, así como la pérdida de conexión con el país. Pero una familia subrogada* podía tener las mismas funciones que la familia de origen. La comunidad cristiana, que continúa haciendo las veces de familia subrogada, es el lugar propio para la Buena Nueva. Dejar a la familia de origen por la familia subrogada cristiana (como exige Jesús) era una decisión que costaría muchísimo tomar. Aún cuesta. Para el discipulado galileo que describe Mc. 3,34-35, “Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Abandonar la propia familia de origen y optar por la familia, cristiana subrogada, traía consigo una recompensa inestimable/as en el tiempo presente cien veces más… y en el futuro la vida eterna (Mc. 10,30). Lo mismo se puede decir en Lc 14,26. ¡Y parece ser que san Lucas se preocupa mucho por los problemas de tales personas! En este marco social y ambiental se entienden mejor las palabras de Jesús y las consecuencias que se siguen para los quienes las aceptan y tratan de ponerlas en acción en para vivirlas.
Un total desprendimiento para seguir a Jesús
Lo mismo para nosotros/as: «Quien no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío» (14,33). Debemos actuar con sabiduría en medio de nuestras sociedades. Jesús invita a recurrir a la verdadera sabiduría y planificar sagazmente la situación real. En Jesús, encontramos una vida feliz ya en este mundo, felicitaciones o bienaventuranzas proclamadas por Él (Mt. 5,3-12), con una proyección trascendente y perdurable. Pero como ya sabemos, para conseguirlo, deben cumplirse algunas condiciones. Es necesario el total despojo de lo que impide esa posesión. Jesús ofrece a la humanidad ser señor de todo, como lo es Él. Pero para ello es necesario el desprendimiento de lo viejo para dar cabida a lo inesperadamente nuevo. El seguimiento de Jesús no es un salto en el vacío, es una sabia elección para conseguir lo mejor. Pero para esto hay que deliberar, y dejarse guiar por Él, que es la verdadera Sabiduría. Y también tiene vigencia este mensaje, esta exigencia, y esta promesa. El hombre y la mujer de hoy como ayer son invitados a comprometerse en una nueva aventura en el sentido de la vida. Pero con un final seguro y garantizado.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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