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Domingo XX del tiempo común – agosto 17

«He venido a prender fuego» Lc. 12,49.
Abre los ojos de mi alma, Señor, para ver tus signos en mí.
Lecturas: Jeremías 38,4-6.8-10 – Salmo 39 – Hebreos 12,1-4 – S. Lucas 12,49-53.
Comentario Bíblico.
Fuego y división: una fe que incomoda
Hermanas y hermanos, El Cristo que hoy habla no es el de las estampitas de colores ni el de las oraciones domesticadas y edulcoradas. Quien hoy nos habla es el Jesús que enciende fuego y declara que no vino a traer la paz de los cementerios, sino la tensión de la verdad.
Porque la verdad es incómoda y conflictiva cuando estamos sometidos al imperio del engaño, del humo y de los espejos que nos someten física y mentalmente. El fuego que trae nuestro Señor Jesucristo no es el de la destrucción, sino el de la purificación; no quema para arrasar, sino para exponer lo que las tinieblas esconden. Ese fuego no pide permiso para arder: incómoda, rompe alianzas hipócritas y divide incluso los vínculos más íntimos.
Hoy, en esta tierra herida y en nuestra historia, esa palabra se cumple. Hay familias rotas, no por el odio gratuito, sino porque la conciencia no negocia con el crimen. Unos justifican genocidios con discursos de seguridad; otros miran hacia otro lado para no “complicarse”; y otros, movidos por la compasión y la razón, se plantan para denunciar que en Gaza, en Cisjordania, en la tierra donde nació nuestro Señor, la sangre inocente clama desde el polvo.
El fuego del Evangelio nos prohíbe la neutralidad. No se puede bendecir la cruz y al mismo tiempo bendecir las bombas. No se puede invocar la paz mientras se financia la masacre. No se puede callar cuando el hermano, la hermana, el niño y la anciana son arrasados como si no fueran imagen viva de Dios.
Quien se alinea con la vida, inevitablemente será rechazado por quienes pactaron con la muerte. Quien defiende la dignidad de un pueblo ocupado, será acusado de subversivo, de problemático, de radical. Jesús lo dijo: “serán divididos…” porque la verdad duele, y cuando se proclama, hiere los intereses de los mercaderes de la muerte y desvela las excusas de los tibios.
Hoy el Espíritu nos pregunta: ¿de qué lado del fuego estamos? ¿Lo avivamos para alumbrar la justicia o lo apagamos para conservar nuestra comodidad?
El Reino de Dios no es un refugio para espectadores, sino un llamado a tomar partido por la vida, aun si eso nos enfrenta a nuestros propios hogares.
Hermanos, hermanas: la paz verdadera no nace del silencio cómplice, sino del fuego que purifica la mentira. Que ese fuego arda en nosotros, aunque nos cueste la aprobación de los nuestros, para que la Tierra Santa y toda tierra profanada vuelvan a ser hogar de justicia y de paz con dignidad.
Así Sea, Así Sea, Así Sea.
Bendecida jornada.
Obispo Martín Díaz – ms
Conocido Teólogo, y Comunicador.
Knowmad, Promoviendo Dignidad Humana y Ciencia Abierta para un mundo más justo

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