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Domingo XVI del tiempo común – Julio 20

«Estamos inquietos y preocupados por muchas cosas...» Lc. 10,41
Abre los ojos de mi alma, Señor, para ver tus signos en mí.

Lecturas: Génesis 18,1-10 – Salmo 14 – Colosenses 1,24-28 – S. Lucas 10,38-42.

Comentario Bíblico.
fragmento en el episodio de Marta y María (hermanas de Lázaro) que son presentadas como dos formas de servicio y seguimiento a Jesús. San Lucas está muy atento a los rasgos de oración de Jesús y de los que forman parte de su relato: María, y lo que el evangelio con el pasaje de Marta y María nos cuenta: la mejor parte está siempre en escuchar al Verbo encarnado, es lo que llena el corazón humano y no los espejitos de colores del mundo. Serenarnos ante las inquietudes y preocupaciones cotidianas.

El pasaje en san Lucas 10,38-42; describe la visita de Jesús a la casa de Marta y María en Betania. María es quien unge con perfume los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo narrado en Lucas 7,36-50; Juan 12,1-8. Marta, preocupada por los quehaceres, se preocupa en atender a Jesús, mientras que María elige sentarse a sus pies para escucharle. Jesús le dice a Marta que solo una cosa es necesaria, y María ha elegido la buena parte, que no le será quitada.

En detalle, el pasaje narra:
(38-39), Jesús llega a la casa de Marta, quien lo recibe. Su hermana María se sienta a los pies de Jesús, escuchando su palabra (enseñanzas).

(40), Marta, cansada por las muchas tareas, se queja con Jesús, pidiéndole que le diga a María que la ayude.

(41-42), Jesús responde a Marta, diciéndole que está inquieta y preocupada por muchas cosas, pero que solo una es necesaria. Luego, afirma que María ha elegido la mejor parte, que es escuchar su palabra y estar atentá a su presencia.

Estos versículos resaltan la importancia de priorizar la relación con Jesús y escuchar su palabra sobre otras actividades, incluso las que se consideran necesarias.

Marta o la generosidad y entrega en el servicio a los demás
Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio, una mujer hiperquiteca en el servicio hogareño. Es oportuno hacer notar ahora que estas dos hermanas constituyen el motivo de un relato doble: uno lo encontramos en san Juan 11,1-25, y el otro en san Lucas, Fragmento que hoy meditamos. Ambos personajes no significan lo mismo en los dos autores. Para san Lucas, lo acabamos de leer, Marta simboliza o expresa la dedicación al servicio hasta el cansancio, y María simboliza la actitud del/a discípulo/a que contempla y atentamente escucha. El relato en san Juan aparecen las dos hermanas en dos contextos distintos: el primero, con motivo de la resurrección de Lázaro (Jn. 11) y el segundo al recordar la unción en Betania (Jn 12,1-8). En Marta, se representa a la creyente fiel en la resurrección escatológica y futura; una creyente en Jesús como el que tenía que venir liberar de la opresión imperialista y religiosa de su mundo. Marta, como santo Tomás (el incrédulo apóstol), son para el autor del evangelio Juañico, el modelo del creyente. En el segundo, Marta aparece consagrada al servicio (como en el relato de san Lucas), y María consagrada a la atención delicada para con Jesús mismo ungiéndolo con ricos perfume en casa de Simón el fariseo (Lc. 7,36-50).

En lo que al relato de Lucas se refiere, Marta aparece como la entregada al servicio. Tarea necesaria y urgente. En un marco de oración, como es en el que aparece este episodio, es necesario tener en cuenta la finalidad del mismo. El servicio es necesario (a tenerlo siempre presente), pero no es el valor supremo. Jesús sirvió hasta el don de la vida propia, pero había otro plano superior: la intimidad con su Padre del que está pendiente y procura hacer siempre su voluntad.

María, sentada a los pies de Jesús, contemplaba y escuchaba
La presentación narrativa de estos rasgos atribuidos a María nos lleva al mundo de las escuelas rabínicas del tiempo de Jesús. Los discípulos se sentaban en el suelo (habitualmente), en forma de círculo, alrededor de su maestro. Así sentados escuchan atentamente las enseñanzas del maestro que luego comparten en sus discusiones (Mc. 3,34-35). María es entendida, comprometida en la primitiva Iglesia como una discípula perfecta de Jesús, de seguro una vocera oficial para recopilar los sucesos y acciones de Jesús. Aquí convergen las representaciones lucana y juanicas, pero con atribuciones a personas distintas: Marta, en Juan; María en Lucas. Sabemos por el relato evangélico en su conjunto que escuchar la Palabra de Dios es tarea de especial importancia y relevancia. María representa a lo mejor del pueblo de Israel, que es invitado a escuchar atentamente la palabra de Yahvé (Lc 11,27-28). Es la mejor respuesta a Jesús, Maestro y Predicador o Anunciador del reino. Con su actitud, María nos invita a entrar en el terreno de las bienaventuranzas de Jesús. Y esta de la escucha de la Palabra tiene un carácter especial. Es necesario recuperar en nuestras comunidades la capacidad de contemplar y escuchar la palabra de vida que transmite Jesús a través de sus evangelios y de sus discípulos, los de ayer y los/as de hoy. Muchas dificultades encuentran el hombre y la mujer modernos para entrar en el santuario íntimo y perder algún tiempo en holgarse en el Señor, escuchando y contemplando y poniendo en acción sus enseñanzas en sus palabras.

Dile que me eche una mano…” (10,41) “Eligió la mejor parte” (10,42). Una lectura atenta del relato en su conjunto nos certifica que Jesús mismo supo armonizar las dos realidades y las dos tareas: durante el día se dedicaba intensamente a anunciar el reino con palabras y acciones; las personas se juntaban a su alrededor y no le dejaban tiempo o tranquilidad ni para comer. Pero a la vez leemos repetidamente en el relato que se retiraba habitualmente al monte (durante la noche o, incluso, durante algún momento del día), un tiempo para la soledad, su desierto, es decir, dedicarse al diálogo íntimo con su Padre, su oración con Dios. De tal manera que es necesario afirmar que no ha habido un modelo de oración que pueda superar a Jesús. Jesús es, por tanto, modelo de servidor hasta la muerte y modelo de oración permanente. Por eso, es necesario deducir del Evangelio que tanto Marta como María tienen una tarea y una misión que en este relato aparecen divididas, porque son personas diferentes limitadas. El ideal es que con las dos pudiéramos conseguir una síntesis: dedicarnos al servicio fraterno, afectivo, familiar o desconocido y a la vez a la adoración y alabanza divina. Como lo hizo María cuando visito a Isabel, que sabe conjugar las dos tareas. Es necesaria la síntesis: la acción, si le falta la experiencia íntima de la oración, esta vacía; a la oración, si le falta la acción del servicio fraterno, carece de expresión significativa.

Cada uno/a recibimos un talento (Mt. 25,14-30), una tarea en la que se intensifican algunos de estos aspectos. A partir del ejemplo de Jesús podemos descubrir que en la Iglesia es necesaria la síntesis concreta, pero sumando personas diversas, dada la limitación humana. En nuestro tiempo son necesarias las dos tareas; en la eternidad únicamente permanecerá la contemplativa. Al menos así lo entiendo yo.

Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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