«La
paz les dejo, mi paz les doy»
Jn. 14,277
Abre los ojos de mi alma, Señor, para poder ver tus signos en mí.
Abre los ojos de mi alma, Señor, para poder ver tus signos en mí.
Lecturas:
Hechos
15,1-2.22-29 –
Salmo 66 – Apoc.
21, 10-14. 22-23 –
S. Juan
14, 23-29.
Comentario Bíblico.
¡Para nuestro itinerario terrestre, la Iglesia y cada discípulo/a de Jesucristo cuenta con la compañía amorosa de la Trinidad!
«El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a ustedes y haremos morada en ellos». Jn 14,15-6 son los textos trinitarios más pensados y debatidos de la Biblia Cristiana (NT). El Padre vela por su familia con amor, solicitud providente y ternura. El Hijo promete volver y quedarse con la comunidad para siempre durante el itinerario que ha de realizar en la historia. El Espíritu Santo vendrá a estar, a habitar, a enseñar y acompañar el testimonio de la Iglesia. En la espiritualidad el verbo «permanecer» significa presencia, inhabitación y mutua relación y, a la vez, firmeza y seguridad. Es una respuesta admirable a la sensación de soledad que pesa sobre los discípulos por la marcha de su maestro y amigo. Era necesario dar seguridades a sus discípulos para la misión que se les encomendaba. La Trinidad estará, con toda seguridad, en la Iglesia para siempre y de modo permanente. En la intimidad de cada persona y de todos juntos/as. Dios no se desentiendo, no se ha ido, ni se va de este mundo. Es necesario, en nuestra evangelización, invitar una y otra vez a los hombres y las mujeres a esa presencia de Dios cercana reconciliadora con su creación TODA que continúa día a día presente y respetuosa. No olvidemos que “otro Mundo es posible”, un mundo que necesita el encuentro con ese Dios que habita en medio de su pueblo y en medio de la humanidad en lo cotidiano de la vida.
¡El Espíritu, prometido por Jesús, y enviado por su Padre, enseñará, actualizará y empoderará siempre el Evangelio!
El Paráclito, (el Espíritu Santo), que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho (14,26). En el versículo que hoy leemos se centra en dos actividades importantes: enseñar y recordar. La actividad docente del Paráclito continúa la actividad docente de Jesucristo. El Espíritu no enseña ni añade contenidos nuevos al Evangelio de Jesús. En efecto, su Evangelio es único y no hay otro bajo el cielo y sobre la tierra. La Palabra del Reino proclamada por Jesús y el Evangelio de Jesús, el Señor proclamado por la Iglesia es el mismo en dos etapas sucesivas. La actividad docente del Paráclito consiste en llevar a los discípulos y a la Iglesia al núcleo de la enseñanza de Jesús. Se trata de una enseñanza interpretativa, profundizadora y animadora. Quizá un ejemplo lo clarifique mejor. Jesús afirma en el sermón de la montaña: “cuando oréis, dirigíos a Dios como vuestro Papá” (Mt. 6,9). Únicamente el Espíritu Santo será el encargado de llevarnos al centro de esta realidad. Otro ejemplo también del sermón de la montaña. Jesús afirma que han de amar a los enemigos (Mt. 5,44.). Eso no lo entendieron los apóstoles y discípulos cuando oyeron a Jesús porque les desbordaba. Sólo el Espíritu Santo es el encargado de interpretarles, de conducirles a la verdad de este precepto que Jesús mismo practicó en la cruz. La segunda tarea, es el «recuerdo»: fidelidad al Evangelio y creatividad para hacerlo creíble, fiable y eficaz en todos los tiempos y en todas las circunstancias en que se encuentren la Iglesia y las feligresía.
¡Los
amigos debemos alegrarnos del bien de su Amigo!
“Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.” (14,28). Simplemente Jesús abre su corazón a los suyos. La singular y personal reflexión e interpretación de los últimos momentos de Jesús en la tierra, podemos leer estas palabras. Ya sabemos que este discurso es una composición que recurre a elementos que pertenecen, según el testimonio de los otros evangelistas, al ministerio terreno de Jesús. Lo peculiar en san Juan es haberlos conjuntado en un solo discurso, haberlos relacionado con la Cena y ponerlos en gran parte en boca del Resucitado quien vuelve a su comunidad alentándola para el futuro que le espera y para la misión a la que es destinada. Es un discurso apropiado para leerlo y meditarlo, porque sigue siendo una palabra necesaria para nuestra época. La humanidad necesita que la Iglesia y cada creyente demos testimonio de la amistad que nos ofrece Jesucristo. “Si me armarais os alegraríais de mi destino” (14,28a), en primer lugar, y de ustedes en seguimiento mío. En un mundo atraído y preocupado en demasía por la eficacia y el provecho personal, estas palabras que describen la verdadera amistad podrían abrir horizontes para una realización humana insospechada.
“Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.” (14,28). Simplemente Jesús abre su corazón a los suyos. La singular y personal reflexión e interpretación de los últimos momentos de Jesús en la tierra, podemos leer estas palabras. Ya sabemos que este discurso es una composición que recurre a elementos que pertenecen, según el testimonio de los otros evangelistas, al ministerio terreno de Jesús. Lo peculiar en san Juan es haberlos conjuntado en un solo discurso, haberlos relacionado con la Cena y ponerlos en gran parte en boca del Resucitado quien vuelve a su comunidad alentándola para el futuro que le espera y para la misión a la que es destinada. Es un discurso apropiado para leerlo y meditarlo, porque sigue siendo una palabra necesaria para nuestra época. La humanidad necesita que la Iglesia y cada creyente demos testimonio de la amistad que nos ofrece Jesucristo. “Si me armarais os alegraríais de mi destino” (14,28a), en primer lugar, y de ustedes en seguimiento mío. En un mundo atraído y preocupado en demasía por la eficacia y el provecho personal, estas palabras que describen la verdadera amistad podrían abrir horizontes para una realización humana insospechada.

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