«Hagan lo mismo que yo hice con ustedes» Jn. 13,15.¡Jesús es Bueno! Todo el tiempo.
Lecturas: Éxodo 12,1-8.11-14 – Salmo 115 – 1° Corintios 11,23-26 – S. Juan 13, 1-15.
Comentario Bíblico.
«Hagan lo mismo que yo hice con ustedes»
Preparando esta meditación me vinieron al recuerdo algunas freses repetidas en las iglesias o pastorales como ser:
Dios es amor, porque el amor es Dios, Dar por el amor la vida por los demás, y como amor con amor se paga…, la señal de quien vive de la Eucaristía, es el servicio a la comunidad, como el Maestro lo realizo. La condición de servidor/a no es un mero gesto de lavar los pies una vez en el año, implicaba en la cultura de Jesús una acción cotidiana, si bien los discípulos rechazaban tal gesto visceralmente… suele quedar muy edulcorado y manoseado el gesto en nuestras comprensiones y representaciones actuales.
¿Qué significa asumir el servicio al modo de Jesús sin reconocimientos, sin descanso, sin recompensa?
Este Jueves Santo recibamos este amor “hasta el extremo” un simple gesto de servicio a los demás para que él nos renueve y transforme: lávanos, «Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!» (13,9)
Un día, al pasar por la librería de mi barrio, me llamó la atención un cartel: “Los verbos leer, amar, soñar no toleran el modo imperativo”. En un primer momento, estuve de acuerdo con el mismo. ¿Es posible obligar a amar? Hasta que tomé conciencia que la cristiandad recibimos el versículo sobre el mandamiento del amor: «Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo les he amado, ámense también ustedes los unos a los otros» (13,34)
¿Cómo es que Jesús “nos manda” amar?
Es una acción incondicional, en realidad, este verbo solo no se puede practicar sin una acción por qué así lo leemos, «él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (13,1). Su acción, así, se vuelve comprometida. Tanto amor… nos enamora, tanta entrega nos convence…, ya que “solo el amor es creíble”.
Es muy común escuchar entre nosotros sobre que a tal o cual persona no la tragamos, pero a diario o semanalmente nos tragamos en cada eucaristía a Dios, un Dios en nuestro interior, un dios que nos ama e inculca que amemos, un Dos que sana e invita a sanarnos, sanar a los demás, un Dios que es comida eucarística que hoy se nos regala y que estrenamos como Iglesia incorporándonos a esa entrega tan humana y tan divina. La comunión con ella nos predispone, a su vez, para continuar con esa entrega. Toda la comunidad eucarística está desafiada a vivir lo que se les advierte a los presbíteros/as en el día de su Ordenación: “Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”.
La realidad, en cada Eucaristía proclamamos que la muerte ha sido vencida porque nada puede apagar un Amor que enfrenta la muerte confiando en la vida. Cada Eucaristía proclama que no hay vida propiamente humana sin recibir ese incondicional Amor extremo y que la señal continua de la Pascua en cada cristiano que entrega, consagra su vida en el amor.
«Cada vez que comemos de este pan y bebemos del cáliz proclamamos la muerte de Jesús, hasta que vuelva.» Y lo proclamamos mientras morimos a nosotros mismos a nosotros mismos/as al TRAGADO, como diría el +Padre Claudio, en incondicionales Amor mediante acciones a los demás de nuestra parte.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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