Abre los ojos de mi alma, Señor, para poder ver tus signos en mí.
Lecturas: Hechos 13, 14.43–52 – Salmo 99 – Apo. 7, 9. 14b-17 – S. Juan 10, 27-30.
Comentario Bíblico.
¡Seguridad del destino de los seguidores de Jesús!
“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen...” (Jn. 10,27.) En mis años de estudio sobre la Escritura es frecuente encontrar, como en el Oriente Antiguo, la imagen del pastor para referirse a Dios o a los que Él envía para cuidar de su pueblo (rebaño). En la Biblia hebrea hay algunas páginas significativas en las que se presenta tanto a Dios bajo la imagen del pastor (Ez. 36). Podemos suponer que los redactores joánicos han tenido delante de sus ojos dos importantes realidades, en la profecía de Ezequiel y la experiencia de la misión de Cristo. Él ha realizado el proyecto ideal querido por el Padre al enviarlo al mundo. Y lo ha realizado como un Pastor fiel y auténtico. Invita a caa persona a seguirle para conseguir la vida eterna y cada uno de nosotros/as esta inviado y sumado a la fiesta. La imagen está tomada de la forma y estilo de realizar el pastoreo ya que las ovejas siguen detrás del pastor. Jesucristo, el buen pastor, conduce a su rebaño hasta la meta que culmina en su obra, sus ovejas siguen al pastor hasta el final. Con estas imágenes tan frecuentes y adecuadas en la cultura del antiguo Oriente y de Israel, el redactor expresa una tarea, una misión, una meta: la gloria que Jesucristo posee y disfruta (Jn. 17,24). Quizá esta imagen del pastor y las ovejas no tenga esa fuerza plástica y significativa en la actualidad. Es necesario subrayar lo significado por la imagen. Jesús, el Pastor fiel y auténtico, ofrece a la humanidad un camino y unas posibilidades reales que la conducen a la meta final de la salvación que es la posesión de la vida feliz sin término. Y, dirigiendo la mirada a la Iglesia, se trata de una urgencia para presentar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo lo que significa la solicitud respetuosa con su libertad, generosidad y solidaridad.
La última causa de la seguridad: ¡Yo y el Padre somos uno!
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. La garantía que se ofrece a los/as seguidores de Jesucristo es, según el evangelista, que el Lugarteniente y el que lo envía son una misma persona. Su Padre es quien sale garante de la misión de su Hijo. Y del Padre nadie puede arrebatar las ovejas porque tiene poder para custodiarlas contra todas las dificultades. Pero no solamente contemplamos al Padre como quien tiene un poder soberano sino, sobre todo, como quien se revela en su amor a la humanidad hasta enviarles a su propio Hijo para salvarla y no para condenarla (Jn 3,16). La comunión plena del Hijo con el Padre es la garantía de éxito en la misión, fundamenta la seguridad y la esperanza de quienes siguen a Jesús, cuya meta final es la vida eterna, por Él prometida. Una vida que comienza ya aquí, porque quienes aceptan la palabra del Buen Pastor pasan de la muerte a la vida y se asientan definitivamente en la vida. Y esta vida se consolida en la comunión del Pan y del Vino que se le ofrece como el propio cuerpo de Jesús (Jn 6,31-58). No faltaban problemas de comunión, quiere expresar de esta manera que la tarea de Jesús está en plena sintonía con “el proyecto” del Padre que lo ha enviado como Salvador del mundo. El Resucitado sigue presente en su Iglesia actualizando su misión de Buen Pastor, en sus llamados, oculto en sus pastores. Es necesario que los/as pastores traten de asemejarse a Jesús en la misión y que los hombres y mujeres puedan encontrar creíble y fiable la oferta del propio Jesús.
Oferta en la que cada uno/a de nosotros/as está contado. Contado como las arenas de los desiertos o estrellas en el cielo. TODOS/AS estamos contados e invitados a la fiesta.
+++Marcelo Alejandro – ms

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