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III Domingo de Resurrección – mayo 4

«¿Me quieres?» Jn. 21,17.

Abre los ojos de mi alma, Señor, para poder ver tus signos en mí.

Lecturas: Hechos 5, 27-32. 40-41 – Salmo 29 – Apo. 5, 11-14 – S. Juan 21, 1-19.

Comentario Bíblico.

San Juan 21, narra tres escenas: los apóstoles deciden ir a pescar y Jesús se les aparece con la consiguiente pesca milagrosa y su reconocimiento; el diálogo de Jesús con Pedro a quien encomienda la misión de pastor de su movimiento eclesial; el destino de Pedro y de su discípulo amado.

¡Es el Señor! Jn. 21,7.

Simón les dijo: Me voy a pescar. Ellos contestaron: Vamos también nosotros contigo... El discípulo amado dice a Pedro: Es el Señor”(21,3.7.). La aparición del resucitado junto al lago de Tiberíades es muy probable. Este relato sugiere que, tras la muerte de Jesús, transcurrió un espacio de tiempo cuya extensión no se puede precisar, de tal manera que siete de sus discípulos invitados por Pedro vuelven a sus actividades en Galilea. Esto significa que el impacto de la muerte de Jesús pego de lleno a los discípulos. Jesús, el Pastor bueno y escatológico, "tira nuevamente su red para recoger de nuevo a sus discípulos" y los envía a la misión después que experimentaron que estaba realmente vivo. El relato de los discípulos que se dirigían a Emaús (Lc 24,13.), nos reafirma en esta convicción. ¡Qué duros días pasaron los discípulos! Esto nos enseña a valorar todavía más la importancia de la resurrección de Jesús y su experiencia. Sólo desde y por el Resucitado fue posible la misión.

Este acontecimiento, que permite experimentar a Cristo como vivo y presente, ha de ser meditado una y otra vez y participado en la aceptación creyente del mensaje, en la experiencia personal y comunitaria de que estaba vivo y en la posibilidad de una nueva forma de vida y comunión en el amor expresado tan poderosamente en la cruz y afianzado para siempre en la resurrección.

Hoy, como ayer y como siempre, es necesario anunciar a un Cristo vivo que sale al encuentro de cada persona y nos ofrece la esperanza que puede dar sentido a sus, nuestras vidas. Real es la resurrección como real fue la muerte en cruz. Real es la cruz de la humanidad y real es la esperanza que se le ofrece en el acontecimiento pascual que alcanza las vidas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo en su realidad humana así como los anhelos de sus corazones. Real es la resurrección como real fue la muerte en cruz. Real es la cruz de la humanidad y real es la esperanza que se le ofrece en el acontecimiento pascual que alcanza las vidas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo en su realidad humana así como los anhelos de sus corazones.

¡Sólo es posible ejercer el ministerio desde el amor hasta la muerte!

Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: apacienta mis corderos (21,15.). Miremos, en primer lugar, la triple pregunta de Jesús a Pedro. Sabemos que en la Escritura el número tres tiene su significación: la insistencia y la importancia. La importancia de que Pedro manifieste expresamente su disposición a amar a Jesús. Es necesario consolidar la obra de la misión sobre las mismas bases en que se fundamenta la salvación. La salvación es una obra del amor de Dios manifestada en Jesús hasta el extremo (Jn 3,17; 13,1). Pedro es elegido para hacer posible y presente la prolongación de esta obra en el mundo. Por tanto, con toda coherencia, se le pregunta sobre su capacidad y disponibilidad a amar a Jesús y por él y en él a todos la humanidad. El ejercicio de la misión que se le encomienda solo es posible desde estas disposiciones. Ciertamente, los Padres de la Iglesia suelen relacionar esta triple pregunta sobre su capacidad de amar con su triple negación de Jesús durante su proceso pasionario. Es probable que hubiera una relación entre los dos relatos. De hecho, el narrador recuerda que, ante la pregunta por tercera vez, Pedro se sintió entristecido. En todo caso, el interrogatorio está destinado a asegurar y afianzar la misión de Pedro y revela el verdadero sentido y relieve de la misma. El ejercicio de la autoridad en el primitivo y creciente movimiento eclesial, en todos sus planos y manifestaciones, ha de estar dirigido por el amor como lo entiende Juan: una disponibilidad total para servir a los demás hasta el don de la vida.

Tres formas de ama.

Según la primitiva recopilación biográfica escrita comenzó en griego y en la Antigua Grecia, se identificaban tres tipos principales de amor: Eros (amor romántico y pasional), en la Biblia, aunque la palabra “eros” en sí no aparece, el concepto de amor romántico o apasionado, que es lo que representa “eros”, sí está presente. Se describe, no solamente, en el contexto del matrimonio relatándose y celebrándose en primera y segunda de Samuel (1 Sam. 18,1.3.), David muestra un amor profundo y afectuoso por Jonatán, una relación que trascendió la amistad común. Su amor es descrito como una unión del alma, una lealtad inquebrantable y un afecto que incluso supera el amor de las mujeres. (2 Sam. 1,26.); el compromiso amoroso entre Rut y Noemí es un ejemplo de lealtad, sacrificio y amor incondicional. Rut decide seguir a Noemí a Belén, renunciando a su propia familia y comprometiendo su vida, en un principio, por el comprometerse a Noemí. Esta lealtad es crucial en la historia de la salvación y santidad en el compromiso de vida espontáneo entre personas de un mismo sexo como encontramos en 1° y 2° Samuel, en el Libro de Rut y es vista como un ejemplo de amor y fidelidad, incluso en la muerte. Los relatos del amor romántico o apasionado es admirado en el Cantar de los Cantares. La Biblia enfatiza que este tipo de amor debe ser expresado dentro de los parámetros de la entrega consensuada, comprometía, y hacia cualquier persona, enfatizando la importancia de la fidelidad y la santidad en el vínculo responsable entre cónyuges u comprometidos.

El segundo es Philia (amor de amistad y cariño), se refiere al amor fraternal, el amor entre amigos, compañeros legionarios y compañeros de fe. Se destaca por la lealtad, el afecto, la compañía compartida y comprometida. La Biblia ofrece diversos versículos que ilustran este tipo de amor, como 1° Sam. 18,1-2. / 1 ° Sam. 20. (la amistad de Jonatán y David); Jn. 11,3: (Lázaro, un enfermo, era amigo de Jesús, y de sus discípulos.), Jn. 15,13-14: (un mayor amor donde uno antepone su vida en juego por sus amigos); Jn, 15,14: (amistad que obedece un pedido o mandato), Jn. 15,15: (amistad sin reservas y transparente entre las personas); el amor philia en la Biblia no se limita a la amistad íntima, sino que también se aplica al amor entre creyentes, como se ve en textos como Rom. 12,10 y 1° Ped. 1,22. Es un amor de compañerismo, lealtad y cuidado mutuo que fortalece la comunidad de fe (Rom. 5,10-11. / Heb. 13,1-2).

Y el tercero es Ágape (amor incondicional y desinteresado). Basado en la voluntad y el carácter, en lugar de los sentimientos. Ejemplos clave son Jn. 3,16 (“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que en él cree, que tenga vida eterna”), 1° Cor. 13. El «capítulo del amor», y Mt. 5,44. Amar a nuestros enemigos, y rezar en amor por quienes nos persiguen. Puede ser que estas tres formas de amor estén presentes en la trivia la cual Jesucristo interroga a Pedro ¿Me amas? Románticamente y con pasión; ¿Me amas? En amistad y cariño; o ¿Me amas? Incondicional y desinteresado.

El autor, recordemos que ese amor no es asunto de palabras, sino de obras y sinceridad. Y únicamente es posible ejercerlo desde el inclusivo amor pastoral, experimentado profundamente el amor de Dios revelado en cada persona, en la vida y ante la muerte de Jesús. Hoy es necesario recordar y restaurar constantemente este programa ofrecido por Jesús a Pedro, ante tanta desigualdad y fraccionamiento social.

Bendecida jornada, ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
+++Marcelo Alejandro – ms

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