«Los
partió, y dio a sus discípulos» Lc.
9,16.
Abre los ojos de mi alma, Señor, para ver tus signos en mí.
Abre los ojos de mi alma, Señor, para ver tus signos en mí.
Lecturas: Génesis 14, 18-20 – Salmo 109 – Corintios 11, 23-26 – S. Lucas 9, 11b-17.
Comentario
Bíblico.
¡Denles de comer ustedes mismos! Lc. 9,13.
Jesús les dijo: “Denles de comer ustedes mismos”. El lugar no permite fácilmente proveerse de alimentos porque están en descampado. El tiempo ya no es oportuno para realizar gestiones que permitan la compra de alimentos necesarios, ya estaba atardeciendo. El gentío le han seguido porque han visto sus signos y han escuchado su palabra y con esperanza confían en que Él les sustentará ante sus necesidades. Por san Lucas, Jesús es presentado como un modelo ejemplar e irrepetible de compasión con el gentío, especialmente para con los necesitados, hoy nuestros vulnerados de la sociedad, madres o padres solteros, viudas, persona con discapacidad, diversidades sexuales, eunucos… Sus apóstoles reaccionan, en el plano narrativo, con su lógica. Las personas han ido a buscar su alimento y alojo porque ya está atardeciendo, eso es lo razonable y lo conveniente, en su opinión y en su modo de entender la vida desde el/a necesitado. Por eso piden a Jesús que los despida, ya que lograr satisfacer a TODOS/AS es imposible. Como hoy la IA, san Lucas ha logrado una escena dramática y significativa. Hay que poner el punto de fuga de la mirada en tres direcciones:
1°, la multitud que necesita urgentemente una solución a sus desesperados días; 2°, la segunda, a los apóstoles que ofrecen una sensata solución, desde su punto de vista; 3°, a Jesús que, como siempre, escucha y actúa a su estilo y según su criterio en realidad de su misión.
¡Denles de comer ustedes mismos! Lc. 9,13.
Jesús les dijo: “Denles de comer ustedes mismos”. El lugar no permite fácilmente proveerse de alimentos porque están en descampado. El tiempo ya no es oportuno para realizar gestiones que permitan la compra de alimentos necesarios, ya estaba atardeciendo. El gentío le han seguido porque han visto sus signos y han escuchado su palabra y con esperanza confían en que Él les sustentará ante sus necesidades. Por san Lucas, Jesús es presentado como un modelo ejemplar e irrepetible de compasión con el gentío, especialmente para con los necesitados, hoy nuestros vulnerados de la sociedad, madres o padres solteros, viudas, persona con discapacidad, diversidades sexuales, eunucos… Sus apóstoles reaccionan, en el plano narrativo, con su lógica. Las personas han ido a buscar su alimento y alojo porque ya está atardeciendo, eso es lo razonable y lo conveniente, en su opinión y en su modo de entender la vida desde el/a necesitado. Por eso piden a Jesús que los despida, ya que lograr satisfacer a TODOS/AS es imposible. Como hoy la IA, san Lucas ha logrado una escena dramática y significativa. Hay que poner el punto de fuga de la mirada en tres direcciones:
1°, la multitud que necesita urgentemente una solución a sus desesperados días; 2°, la segunda, a los apóstoles que ofrecen una sensata solución, desde su punto de vista; 3°, a Jesús que, como siempre, escucha y actúa a su estilo y según su criterio en realidad de su misión.
Jesús, como siempre, actúa más allá de lo creíble, de lo comúnmente establecido, y rompe el molde a favor de los/as vulnerados por partes del imperio romano, el hebreo reino y las sinagogas, a favor de los hombres, mujeres, e infantes, porque es el enviado de la bondad y compasión de su Padre. Realizará un fundamental milagro. Es un anticipo de la oferta del Pan y el de la Eucaristía. San Lucas sabe la práctica de la primitiva comunidad de creyentes de su tiempo que entiende que la participación en el banquete eucarístico que viene precedido del ágape (banquete fraterno) y empuja a la koinonía, compartir los bienes materiales porque se comparten los bienes espirituales. Los discipulados tenemos la misión de hacer del banquete eucarístico, santa cena, y de la presencia real de Jesús en los elementos de Pan y de Vino, la Eucaristía un compromiso de hacer visible y creíble la koinonía cristiana.
¡La multiplicación de los panes y de los peces símbolo de la Eucaristía!
Este signo de la multiplicación de los panes y de los peces ha de ser entendido desde su significación simbólica y dentro del marco de la invitación abierta que Jesús, en su vida terrena, había practicado, es decir, que comían con él todo tipo de gentes, TODO:
Pecadores, personas vulneradas (que eran muchas en su época) y personas de bien. Una mesa austera pero, a la vez, grande y abierta. El significado simbólico queda expresado de una manera adecuada en los gestos de Jesús sobre el pan que anticipan y evocan el gesto de la Última Cena. Los signos tratan de hacer creíble la obra y mensaje de Jesús, son un punto de partida para entrar en la fe o se pide la fe para que pueda realizarse el signo. Fe y signo van siempre a superponer y se apoyan mutuamente, predominando la actitud de fe a cuyo servicio está el signo. Hoy, como ayer, es necesario dar signos convincentes, creativos, austeros, simples y con elementos cotidianos de la fe que proclamamos. Es necesario encontrar en la participación eucarística la apertura a todas las personas, la solidaridad comprometida. Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan que la Iglesia emergente o tradicional ofrezca esos signos convincentes.
“Si el grano de trigo Muere, da mucho fruto” Jn. 12,24.
Actualmente, hay muchas situaciones de muerte en nuestro mundo en las que estamos invitados/as por Jesucristo a sembrar vida. Como Iglesias emergentes o tradicionales, estamos llamados a dar una palabra de vida:
Pedir la condonación de la deuda es poner vida allí donde hay muerte, pedir que el canje de la deuda lleve un compromiso de invertir en educación, en salud, en actualización remunerativa de las pensiones y jubilaciones, en el cuidado del medio ambiente, en seguridad alimentaria es poner vida allí donde hay muerte por parte de los derechistas y mercantilistas políticos que liberar el comercio y los precios para el beneficio propio condenando a una gran parte de la sociedad, pedir que se destine el 0,7% a los países empobrecidos es poner vida allí donde hay muerte, pedir que en la economía se ponga como centro la vida y a las personas más vulnerables es poner vida allí donde hay muerte.
Celebraremos el Cuerpo y la Sangre de Cristo haciendo realidad su propuesta de amor en el mundo en el que estamos y vivimos por medio de la palabra, pero, ante todo, por medio de nuestra vida.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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