«La persona buena saca el bien desde la bondad de su corazón» Lc. 6,45.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lecturas: Eclesiástico 27,4-7 – Salmo 91 – 1° Corintios 15,54-58 – S. Lucas 6, 39-45.
«La persona buena saca el bien desde la bondad de su corazón» Lc. 6,45.
Es bien sabido que somos muy buenos jueces de las causas ajenas y muy malos jueces de las propias. Sinceramente hablando, no se trata únicamente de una tendencia pecaminosa del ser humano. Si es una tendencia negativa, pero no solamente se trata de la maldad humana, sino de una característica de nuestro modo de conocernos. Vemos mejor la fachada del vecino que la nuestra. Estamos tan acostumbrados a mirarnos a nosotros mismos, que no tenemos en cuenta los cambios que vamos sufriendo.
No vemos nuestros defectos, con la misma claridad con la que vemos los defectos de los demás. Como dice Jesús, “saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
De esta condición de nuestra forma de conocer la realidad, se vale el pecado para engañarnos y hacernos jueces de la vida de los demás. Cuando San Ignacio de Loyola pensó en los Ejercicios Espirituales, como instrumento para quitar de las personas todos los impedimentos que ponemos a la voluntad de Dios, tuvo en cuenta esta condición de nuestro acceso a la realidad. Por esto, le dio mucha importancia al acompañamiento que el ejercitante necesita en su proceso de reconciliación. No podemos adentrarnos en una experiencia espiritual, sin tener a alguien con quien confrontar lo que vamos viviendo. Si caminamos solos, es muy posible que nos engañemos a nosotros mismos y terminemos en un lugar al que no queríamos ir.
Aconsejan los doctores de la Iglesia, que es mejor no hacer este tipo de experiencias, que hacerlas sin un maestro que nos acompañe. Esta es la mejor manera de sacar “la viga que tenemos en nuestro ojo”, de manera que podamos ayudarnos ante los demás a quitarnos las pajas que todos /as tenemos en los ojos. Por esto, antes de juzgar a los demás, miremos hacia nuestro propio interior y reconozcamos lo que necesitamos cambiar en nosotros mismos, antes de decirle a los demás lo que deben corregir…
Pienso que un pequeño texto que se ofrece como introducción a un libro de psicología llamado, “Por favor, entiéndeme”, puede ayudarnos en esta tarea:
Si no me gusta lo que a ti te gusta, por favor, trata de no decirme que estoy equivocado en mis gustos.
Si vivo de distinta forma en que tú vives, no me impongas tu modo de vida.
Si creo otra cosa distinta a la que tú crees, por lo menos detente un momento antes de corregir mi punto de vista.
Si mi emoción es menor que la tuya, o mayor, dadas las mismas circunstancias, trata de no pedirme que sienta más fuerte o más débilmente.
O, incluso, si actúo o dejo de actuar de la manera que tú consideras mejor, déjame ser.
No te estoy pidiendo, por lo menos hasta el momento, que me entiendas o toleres. Esto vendrá solamente cuando dejes de pretender hacer de mí una copia tuya y me aceptes o respetes.
Yo puedo ser tu amigo/a, tu novio/a, ser tu esposa/o, tu pariente, o tu colega; puedo ser tu compañero/a de comunidad. Si estás dispuesto a permitirte mis propios gustos, o emociones, o creencias, o acciones, entonces te abrirás de tal manera ante mí que tal vez un día mi forma de ser no te parecerá tan equivocada ni mala; incluso puede llegar a parecerte correcta, por lo menos para mí, para ti.
La empatía es una forma de practicar esta liberación “Ponte en mis zapatos”, una invitación a intentar comprender a alguien sin juzgarle. Ponerte en su situación es el primer paso para llegar entenderle algún día. No quiero que asumas mi forma de ser como la correcta para vos, pero sí quiero que no te dé rabia ni te pongas bravo por como uno/ es, o como soy. Al llegar a entenderle/me, tal vez terminemos apreciando las diferencias con respecto a mí, tu persona y, lejos de querer cambiarme, o cambiarte, me ayudarás a preservar y aún nutrir estas diferencias que nos enriquecerán a los dos.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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