¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lecturas: Joel 2, 12-18 – Salmo 50 – 2° Corintios 5, 20.6, 2 – S. Mateo 6,1.16-18.
Convertirnos a la Divinidad nuestra
Para Joel, ante la desesperación en que ha quedado Israel, tras sufrir la terrible plaga de langostas que ha destruido todo cultivo, hace una llamada profunda a la conversión, y los ritos penitenciales que describe. Da un sentido concreto si nos convertimos auténticamente para sentir el espíritu, que proclama una vuelta de la Divinidad creadora de todos y cuya misericordia nos facilita la salvación.
Invoca, ora para que los sacerdotes intercedan ante la Divinidad por el pueblo ha sostenido su Alianza, y ahora se ven castigados/as.
Finaliza Joel su relato con un grito a la esperanza, es que Yahvé, en su infinita misericordia, perdonó, perdona siempre a su pueblo y restaura todo lo que se había perdido por “la plaga”.
Él es un canto a la misericordia de Dios, solicitando el perdón y reconociendo la culpa e invocando a la conversión, solicitando a Dios un corazón puro y una renovación interior completa.
Dejémonos reconciliar en Dios (Sal. 50), nuestra Divinidad es la primera que desea reconciliarse con cada uno/a de nosotros/as por tanta mala desinformación en…
El consumismo especulativo y voraz de nuesto tiempo, 3x2, 2x1, ¡Compre Ya!!, un pecado del ambiente corrompido que se crea alrededor de las malas y mercantiles acciones humanas, hace que se aprecie más el placer fácil “el dios de la prosperidad fácil” que el buscar la vida (pacer) eterna, ya que nos puede acarrear más dificultad y sacrificios para poder alcanzarla.
San Pablo, siempre, siempre animandonos a que no dejemos de reconciliarnos con Dios, ya que para eso, nos facilitá a Cristo, quien fue capaz de cargar con nuestras vidas, es decir, Su celestial Padre hizo pecar al que no conocía el pecado, para que por Él lleguemos a ser justos en Dios.
Está hecha la invitación a que no desestimemos la gracia Divina que nos pone a nuestro alcance, es tanto el amor que nos tiene, que quiere que cada, todas las personas se salven, y para esto Jesús no desecha el ambiente corrompido causado por “los pecados” de la humanidad, sino todo lo contrario, desde este ambiente facilita que el celestial Padre nos reconcilia, nos sana, nos liberara de la pecaminosa carga, incluso a costa de su propia vida, que entrega voluntariamente por nosotros/as, como muestra palpable de su inmenso amor hacia la humanidad.
Comenzamos la Cuaresma, un tiempo de balance de nuestras acciones y modo de vivir. Por todo esto iniciemos el camino hacia la Pascua, realizando cambios en la mentalidad, no realicemos sacrificios para hacernos pasar por buenos o creíbles, sino que asumamos el verdadero sentido que nos aporta la liturgia de este día: “Convirtámonos y creamos en su evangelio”. Para ser ¡CREÍBLES y BUENOS!!!
«Entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre que está en lo escondido» (Mt. 6,6)
Jesús enseña a la multitud que le escucha, en el sermón de la montaña, cosas entre ellas, según nos relata Mateo, nos incita a practicar buenas obras de forma discreta, con un corazón limpio, huyendo de apariencias públicas. Que en discreción sean nuestras intenciones, no como hacen los hipócritas, y para eso los ejemplos que nos pone son concluyentes.
- Que nadie tome conciencia de lo que en solidaridad o ayuda hacemos. (6,3)
- No hacer oración de forma fanfarrona, como queriendo dar a entender somos devoto. (6,5)
- Si ayunamos, no pongan cara triste para demostrar la acción. (6,16)
Todo esto para que nuestras vidas en acción no sea un rutinario sacrificio u obras de caridad, que las mismas sean entre el Padre celestial y nosotros. No pensemos que la Divinidad le encanta que nos sacrifiquemos, que se regodea de nuesta mártirización, lo que debemos asumir es que estas acciones nos preparan para una educada relación entre nosotros mismos, superando los egoísmos y abriéndonos más a los demás, a los que más nos necesitan, apoyándonos en la oración íntima, que al mismo tiempo nos mostrará el camino hacia la auténtica relación personal con la Fuente Creadora, facilitándonos la dicha plena.
El verdadero sacrificio se crea en el corazón por medio de la fe y la conversión. Unidos/as a Jesucristo, acompañándonos en el camino de la Cruz para sí alcanzar la plenitud de vida verdadera.
“Entremos a nuestro interior, y en lo profundo de nuestro silencio entremos en diálogo, recemos a nuestro celestial Padre que está en lo escondido y silencioso nos espera”. (Mt. 6,6)
¿Estamos dispuestos a una verdadera y auténtica conversión?
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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