Lecturas: Génesis 15,5-12.17-18 – Salmo 2
6 – Filipenses 3,17– 4,1 – S. Lucas 9,28b-36.
6 – Filipenses 3,17– 4,1 – S. Lucas 9,28b-36.
“(...)
Vieron la gloria de Jesús” Lc. 9,32.
“Yo soy el que soy”, palabras con las que se identifica Yahvé ante Moisés al enviarlo a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto (Éx. 3,14), para mí la traducción mejor es “Yo soy el que seré”. Esta posición también es defendida por algunos estudiosos de la Biblia actualmente. Se trata de una definición menos estática y, por tanto, más acorde con la Divinidad peregrina que hizo el camino del desierto con su pueblo y que sigue caminando hoy junto a nosotros/as.
“Yo soy el que seré” es un intento por expresar la dinámica que nos promete que no descansará hasta ser nuestra Divinidad y hasta que nosotros/as seamos su pueblo (Éx. 6,7). Dicho de otra manera, como lo expresa una poesía: “Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la personalidad humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está latente en el fondo del ser humano incompleto que espera, en silencio, la posibilidad de aflorar”. Ira Progoff
Cuando alguna institución humana plantea su visión, su perspectiva se conoce como el Direccionamiento estratégico, que formula su deseo de hacer el camino presente, desde una visión del futuro. Otra expresión de esta realidad que trato de comunicar, es el título de uno de los libros y de una poesía de un sacerdote jesuita, la utopía ya está en lo germinal. El final ya está presente, un nuevo adviento, una nueva espera cuaresmal, al comienzo del camino. Cuando damos el primer paso, como Abraham, ya llevamos a cuestas la tierra prometida hacia la que nos mueve la promesa:
Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera
con mis hojas secas.
Esperaré a que brote
el manantial y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias embarradas.
Esperaré a que apunte
la aurora y me, ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.
Esperaré que llegue
lo que no sé y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa
de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento
se abrirán a la esperanza. Benjamín González Buelta, s. j.
Ambas situaciones las de génesis y éxodo son, precisamente, lo que presenta san Lucas en su relato de la transfiguración, en el comienzo de nuestro tiempo de cuaresmal. Nos está marcando el final de nuestro camino terreno, hacia el que vamos en compañía de Jesucristo. Como la Divinidad peregrina que marcha con su multicolor pueblo, con cada uno de nosotros/as no únicamente somos lo que fuimos en el pasado, o lo que somos en el presente, sino que también somos ya lo que seremos en el futuro.
“Somos lo que seremos”, ya el sueño de la Divinidad realizándose en esta historia concreta. Permitamos que Ella nos recree y nos salve, como es claramente su voluntad para “su pueblo” hoy, dejando aflorar todas las posibilidades creadoras y espirituales que están latentes en el fondo bullicioso de nuestro final. Esto es vivir auténticamente el tiempo de Cuaresma.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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