«Amen a sus enemigos/as » Lc. 6,27.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lecturas: 1° de Samuel 26, 2.7-9.12-13.22-23 – Salmo 102 – 1° Corintios 15,45-49 – S. Lucas 6,27-38.
“Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes”
En la Universidad de Puerto Rico, el nieto de Mahatma Gandhi, Dr. Arun Gandhi, comentó la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia: “Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el Instituto que mi abuelo había fundado a 29 kilómetros de la ciudad de Durban, al Sur de África, en medio de plantaciones de azúcar. No teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí nos entusiasmaba poder ir a la ciudad a visitar amigos o para ir al cine. Un día mi padre me pidió que lo acompañara a la ciudad tenía que dar una conferencia que duraba todo el día. Mi madre me dio una lista de cosas que necesitaba y mi padre me pidió que llevara el automóvil al taller.
Al despedirnos, mi padre dijo: ‘Nos vemos aquí a las 5 de la tarde y volvemos a la casa juntos’. Después de completar rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me entretuve tanto con la película que olvidé la cita. Cuando me acordé, eran las 5:30. Corrí al taller, retire el auto y fui hasta donde mi padre me esperaba. Me preguntó con ansiedad: ‘¿Por qué llegas tarde?’ Me sentí mal, pero no podía decirle que estaba viendo una película de John Wayne, de modo que dije que el mecánico no había terminado por lo que tuve que esperar, sin saber que él ya había llamado al taller.
Se dio cuenta de que había mentido, me dijo: “Algo no anda bien en la manera como te he criado, que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a pensar qué es lo que hice mal con vos. Voy a caminar los 29 km. Hasta la casa para pensar sobre esto. Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos sin asfaltar y en medio de la oscuridad de la noche. No lo podía dejar solo, así que manejé 5 horas y media detrás de él, viéndolo sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había creado. Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Recuerdo muchas veces esto y supongo que si me hubieran castigado como nosotros castigamos a nuestros hijos, seguramente no habría aprendido la lección. Habría sufrido el castigo para seguir haciendo lo mismo. Esta acción no violenta de mi padre fue tan fuerte, que la recuerdo como si fuera hoy. Este es el poder de la vida sin violencia”.
Jesús vivió y nos enseñó un estilo de vida no violento. Expresiones como las que nos presenta hoy san Lucas, hablan de esta actitud fundamental de Jesús: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleva también tu camisa. A cualquiera que te pida algo dáselo, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes”.
San Pablo dijo: «Estén unidos los unos a los otros por reverencia a Cristo» (Ef. 5,21)En sí mismo este versículo, más allá de la misoginia que pueda causarnos en su contexto, existe para mí una interpretación clave sobre la sugerencia que Jesús nos plantea por medio de Lucas, para trabajar juntos/as y crecer unidos/as, debemos ser tolerantes, RESPETUOSOS. Que ninguna persona o facción pretenda dominar a otra, poniendo trabas para la realización de una vida plena sin ninguneos o rechazo de sus derechos.
Efesios, era una ciudad con mezcla de judíos y gentiles, Pablo nos recuerda que el regalo, de Dios a la Iglesia es su variedad, su diversidad. Esa diversidad de personas y de puntos de vista adversos lo que es en nuestras emergentes iglesias y da su fuerza.
Tras el transcurso de muchos años de servicio les digo que hay un pecado, que he llegado a temer por encima de todos los demás. La certeza.
La certeza es el gran enemigo de la unidad.
La certeza es el mortal enemigo de la tolerancia y el respeto.
La certeza, ni siquiera en Jesucristo estuvo segura en su final, «Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt. 27,46. Sal. 22), un grito en su agonía, en la cruz.
Nuestra fe es algo vivo, precisamente porque camina tomada de la mano de la duda.
Si solamente existiera la certeza y ninguna duda no habría ningún “misterio” y, por lo tanto, no habría necesidad de la fe.
Recemos para que la Divinidad nos conceda personas que duden, toleren y respeten. Y que nos conceda a nuestras comunidades seres que pequen y sepan pedir perdón, para seguir adelante.
La iglesia no es la copia de una tradición; la iglesia no es el pasado; La iglesia es lo que hagamos en adelante.
Estoy convencido de que al aplicár estas enseñanzas de Jesús en nuestra vida diaria, nuestros conflictos se transformarían radicalmente. Lo que pasa normalmente es que cuando leemos estos textos, no encontramos la forma de emplearlas en lo cotidiano de nuestras vidas. No podemos olvidar que no se trata de fórmulas para seguir al pie de la letra, sino de principios para aplicar a nuestras circunstancias particulares. Empatía, lograr comprender y compartir los sentimientos de otra persona. Es una habilidad que nos permitirá conectarnos con los demás y construir relaciones amorosamente amigables.
Nos costará, como le costo al padre del Dr. Gandhi, tenemos que ser creativos y con seguridad que seremos más eficaces. Les invito a despojarnos de las Certezas y aliarnos a la “Duda”, <Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz> (Lc. 22,42), es la manifestación al desconcierto que lo invade: " Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Sin duda no existiria el Misterio.
La iglesia debe ser duda, tolerante, respetuosa, para sí «Amar a nuestros enemigos/as», “Tratar a los demás lo quisiéramos que los demás nos traten”.

Comentarios
Publicar un comentario