¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lectura: Isaías 6, 1-2a. 3-8 – Salmo 137 – 1° Corintios 15, 1-11 – S. Lucas 5,1-11.
Comentario Bíblico.
“Aléjate del árbol para contemplar el bosque”
El refrán significa que no debemos dejar que una cosa impida ver otras que en verdad son importantes.
Jesús hoy, nos pidió que nos alejemos un poco de la orilla, de nuestras cómodas vidas y poder así accionar, testificar en su nombre. Venimos aquí para encontrarnos con Jesús y con otros hermanos/as. Necesitamos de estos momentos de silencio, recordemos las prácticas del Desierto, de profunda oración y de encuentro fraterno para descubrir el paso de Dios por nuestra historia personal y por la historia de nuestras gentes.
“Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes para pescar” (5,4). Aparece aquí la invitación a ir a la parte más honda, más central de nuestra interioridad para echar allí nuestras redes. Necesitamos descubrir en la profundidad de nuestra vida los caminos de Dios. Allí tenemos que echar nuestras redes. Esta es la invitación de Jesús, ir al fondo de nuestras vidas.
“Simón le contestó: —Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes” (5,5). La disculpa surge inmediatamente de los labios de Simón (Pedro) y de nuestros propios labios. Venimos cansados; hemos estado esforzándonos toda la noche sin pescar nada. Muchas veces, nuestra oración se hace plana y sentimos que nuestra agua viva del pozo se nos seca. No estamos seguros de que valga la pena seguir intentando construir un mundo como el que Dios quiere. Sin embargo, Simón se anima y confiado en la palabra del Maestro, se decide. Solamente confiados en la palabra de Jesús nos atrevemos a echar nuestras redes para recibir el regalo de su gracia.
“Cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse” (5,6-8). Este texto nos revela la generosidad de Jesús para con quienes son generosos con Él. La pesca, que parecía un fracaso se convierte en abundancia. El pozo seco de nuestra vida espiritual, se convierte en manantial de agua viva que brota hasta vida eterna. Los esfuerzos por construir la justicia, la fraternidad y la paz, son compensados con brotes germinales del Reino, que necesitamos reconocer en medio de las sombras y las contradicciones.
“Al ver esto, Simón se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo: —¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador! Es que Simón y todos los demás estaban asustados por aquella gran pesca que habían hecho. También lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón” (5,9-10). Ante la generosidad del Maestro, que nos regala su gracia abundantemente y nos concede una gran pesca, solamente podemos reaccionar como Simón, cayendo de rodillas ante Él, para reconocer nuestra limitada humanidad. Llevamos este tesoro en valijas viejas. Es precisamente allí, en el reconocimiento de nuestra debilidad, donde aparece más claramente la fuerza de Divina.
“Jesús, dijo a Simón: —No tengas miedo; desde ahora vas a pescar personas. Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús” (5,11). El resultado final de todo este proceso, tiene que concretarse, por cuenta nuestra, en un gesto generoso de dejarlo todo para seguirle a donde Él nos quiera llevar. Tomar como propia su misión con la misma generosidad que nos ha mostrado a través de esta gran pesca.
Sin temor rememos lago adentro.
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms

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