La realidad ignorada en el informe de Puertas Abiertas
Como obispo de la Iglesia de Cristo, mi deber es alzar la voz en defensa de nuestros hermanos perseguidos. Con profunda preocupación, he revisado el informe anual de Puertas Abiertas, el cual, aunque presenta datos alarmantes, subrepresenta la verdadera magnitud de la persecución que enfrentamos a nivel global.
La omisión de regiones clave como Tierra Santa, así como la falta de reconocimiento de la creciente hostilidad en Europa, no solo resulta desconcertante, sino también doloroso para quienes vivimos y testificamos esta dura realidad día a día.
¿El informe refleja toda la realidad?
Es lamentable que el informe de Puertas Abiertas no mencione con la debida seriedad la situación que atraviesan las y los cristianos en Tierra Santa. La cuna de nuestra fe se ha convertido en un campo de prueba constante para quienes desean vivir en fidelidad el Evangelio.
Nuestros hermanos allí enfrentan violencia, acoso y restricciones cada vez más severas: ataques a templos, hostigamiento por parte de grupos extremistas y políticas que limitan su libre ejercicio religioso. Ignorar esta realidad es invisibilizar el sufrimiento de una de las comunidades más antiguas del cristianismo.
Además, la percepción de que en Europa no hay persecución es errónea. La creciente hostilidad hacia los valores cristianos se manifiesta en la profanación de templos, restricciones legales y una presión social que busca acallar la fe y apagar la luz del Evangelio.
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