
«Somos sus hijos/as amados» Lc. 3,22.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.
Lectura: Isaías 42,1-4.6-7 – Salmo 28 – Hechos 10,34-38 – S. Lucas 3,15-16.21-22.
Comentario Bíblico.
Jesús se siente amado para solidarizarse
Jesús viene al encuentro de una realidad limitada, viene donde estaban los suyos, a quienes el vino (Jn. 1,14), que esperaban convertirse y ser mejores por medio del bautismo de Juan. Busca a las personas perdidas, se solidariza con quienes que se sientan en faltas y se pone a su lado. Su vocación es servir a la humanidad, lo débil. Y es ahí y con ellos (nosotros), donde se rompe el cielo, se junta lo divino y lo humano y se posa sobre él el Espíritu de Dios oyéndose la voz, que le declara Hijo, Lc. 3,22, (llevando a las personas a su plenitud), amando, Amado (una acción máxima de amor), prefiriendo, Predilecto, (preferido por su vida de servicio). Es el momento en el que la realidad de Dios se instala dentro de nuestra historia, haciendo de la entrega de Jesús lo único que hace fecunda la vida.
Todas las divinidades necesitan distancia, estar bien arriba y bien alejados para ser más dioses, ahora el Dios de su pueblo, el de Jesús es pura cercanía. Hay un acceso directo con el cielo roto que nos pone en contacto con sus bendiciones. Esta es la religiosidad del Dios hecho niño (encarnado), que sigue apostando por nosotros/as.
Cumple la misión: viene a traer el derecho a nosotros, siendo alianza y devolviéndonos la justicia, el orden perturbado que ha robado la dignidad a muchos o que otras veces, a la misma humanidad ha despreciado. Este Elegido, Amado del Padre (Él, vos, tú, yo, ellos/as, nosotros/as) quiere una comunidad, un pueblo feliz, donde impere la justicia y la fraternidad. Va a realizar su misión de una manera muy peculiar con un método y forma no vistos: sin gritar, sin romper la caña vacilante. Se trata de un método de sencillez, sin violencia, sin pisotear, ayudando en las crisis y avivando la esperanza donde está ya casi perdida.
Nosotros también hemos sido bautizados, habilitados para el servicio
En un principio el bautismo en la primitiva iglesia comenzó siendo la culminación de un proceso de conversión, en el que se llegaba a tomar la decisión de abrazar la fe cristiana, de estar abierto al Espíritu de Dios, participando de la comunidad cristiana. Hoy una gran mayoría hemos sido bautizados sin ninguna decisión por nuestra parte (imposición), quizás con las prisas de participar, sin facultades, de la comunidad y para resaltar el “don de Dios”. De aquí el problema de no estar tan seguros de que hayamos hecho nuestra ratificación y tengamos conciencia viva de lo que significa nuestro bautismo, aunque no es suficiente legalizar nuestro bautismo como punto de partida, sino con sus consecuencias. De aquí la necesidad de descubrir nuestra vocación bautismal en nuestros días.
El bautismo de Jesús, hoy, nos ayuda a conmemorar nuestro bautismo, a revitalizarle, sobrepasando el rito con una vida humana, entregada y de servicio, porque rompiéndose el cielo se ha desvelado él y nos ha revelado a nosotros que somos hijos/as amados y predilectos de Dios; fuimos ungidos, marcados por Dios, habilitados por sus bendiciones celestiales, aunque algunos que se dicen cristianos lo sienten como una carga de leyes impuestas que les ha complicado la vida y no lo ven como un don para amar y servir a los demás; o algunos que directamente no ven nada, otros hacen más hincapié en ser buenos que en hacer el bien, dedicándose a la dimensión personal del bautismo, rebajando de la dimensión social.
Al ser bautizados de adultos, en cambio, de bebes, más adelante en nuestra al haber confirmado nuestra fe (Confirmación), se nos da la capacidad de ser hijos/as de Dios para poder amar, querer, sentir, ser honestos, ser justos, como hijos/as del Padre. Esta habilitación es para siempre desde nuestro bautismo, se va desarrollando y actualizando en cada momento en las realidades concretas con que nos encontremos viviendo. Y se nos encarga la misma misión de Jesús, con sus mismos métodos: hacer justicia y que brillen los derechos creacionales en todo viviente, respetando, valorando, porque cuando cacareamos los éxitos, nos sentimos fuertes, dominadores y superiores, no somos misioneros como Jesús.
Bautizados en el Espíritu de Dios, tantas veces hemos sido rebautizados en las aguas superficiales de nuestro mundo: increencia, estética, supremacía, consumo, egoísmo, envidias, placer, …, el progreso, la técnica, lo digital, “la IA Inteligencia Artificial”, creyendo que son salvadores y que dan sentido a nuestras vidas, pero nos han sumergido en la sumisión, la desilusión, la desesperanza, deshumanizándonos y dejándonos con las manos vacías.
¿Ya!!, es hora de hacer realidad la expresión de Juan: “Yo soy quien necesita que me bautices, ¿y tú vienes a mí?” (Mt.3,14). Necesitamos el encuentro constante y permanente con Jesús, que nos ayude a optar por la interioridad, descubriendo lo que nos anima; que nos ayude a confesar que hemos sido bautizados en Cristo, nuestro único Salvador a pesar de que las dificultades culturales y sociales como la satisfacción, el éxito, el tener, el bienestar hayan desplazado la salvación de Cristo.
Nuestra tarea es pasar del bautismo como rito al bautismo de la vida en acción: ya no hay barreras entre lo divino y lo humano, por tanto, la vida y la misión cristiana son las de Jesús. Bautizados con su Espíritu formamos un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes (unción crismal), ofreciéndonos y dando sentido a nuestra vida y reinando en la historia que vivimos.
¿Somos consciente del don recibido en el bautismo para hacer el bien y no solo para ser bueno?
¿Parece que nos han impuesto una carga?
¿Hemos dado el paso del bautismo de agua al bautismo en el Espíritu, pasamos del rito a una vida humana, con alas para vivir en libertad la Promesa?
Con el cielo roto, ¿nos sentimos amados y preferidos por Dios para realizar la misión que asume Jesús del profeta avivando la esperanza, sin pisotear, ni imponer, sino acompañando y ayudando en las dificultades y crisis a de los de nuestro entorno?
Bendecida jornada.
+++Marcelo Alejandro – ms
Primado
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