Lectura: Génesis 3, 9-15. 20 – Salmo 97 – Filipenses 1,4-6.8-11 – San Lucas 1,26-38.
Comentario Bíblico.
“Encarnado en tu encarnación”
Segunda semana de Adviento y la lectura nos presenta la Encarnación de Jesús, invitándonos a ubicarnos ante la sencillez propia de la manifestación de Dios en contraste con aquellas manifestaciones espectaculares, propias de quienes en su simpleza trascienden en su grandeza.
San Lucas en su relato de la anunciación (1,26-38) es tan simple que se convierte en un auténtico cuadro o marco de fe. Tiene por escena central el encuentro directo entre el Ángel y María, la mujer que por decisión propia acepta su divino embarazo y sé asociándose, mediante las palabras del Ángel, al proyecto salvífico. A diferencia de los encuentros complicados de los sabios, letrados o de las personas influyentes. En un territorial contexto la ciudad es marginal y sin renombre, es Nazaret de Galilea, en contraposición a la gran Jerusalén. El telón de fondo lo constituyen tres realidades complejas: una, María está casada con José, un carpintero descendiente de la casa del Rey David, pero venida a menos; otra, María es parienta de Isabel, mujer que en su avanzada edad y esterilidad está en el 6º mes de embarazo; y por último, María queda embarazada antes de vivir con su esposo.
Beato Angélico, al pintar su Anunciación, delineo la luz en el cuadro iconográfico, es tan sencilla y a la vez difícil, queda iluminado por las manos y la voz de la Divinidad que dice: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo…»(1,28). Una luz que comienza a resplandecer bajo el cuidado del Espíritu Santo, y que pone claridad en las tinieblas contemporáneas de la existencia.
Así como el cuadro de la Encarnación, son también los cuadros o las escenas en las que vivimos nuestra fe. Porque, cuando Dios se encuentra con nosotros, cuando Él se revela y experimentamos su presencia, lo que aparece es su sencillez y la nuestra. A la Divinidad le gusta hacer planear lo divino sobre la vulnerabilidad real de nuestras historias personales y comunitarias.
Ante la Encarnación, la humanización de Dios tan próxima, estamos invitados/as a que resuenen en nosotros con mucha fuerza las palabras del ángel: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido” (1,30). Por eso, no tengamos miedo a Jesús que quiere encarnarse en cada uno/a de nosotros/as, haciendo simple y sencillo lo que se muestra complejo y difícil. No tengamos miedo, sino que, atrevámonos a construir espacios y lugares fraternos, vivificadores, llenos de confianza, y si fuera necesario, atrevernos a comenzar de nuevo.
No tengamos miedo en responderle SÍ a la Divinidad, como María, en su Buen Amor, para que el Espíritu Santo te cubra, nos cubra con su fuerza que limpia pasados, nos abrigue con su luz que disipa toda tinieblas, nos llene con su esperanza que rehace modos de proceder, y nos identifique con la humanidad del Cristo en la que podremos experimentar que “para Dios todo es posible” (Mt. 19,26).
Para todos deseamos una Navidad que abra camino a la Verdadera Esperanza.

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