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XXXIV Domingo del Tiempo Común – Noviembre 24

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe» Mc. 13,32.

¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.

Lectura: Daniel 7, 13-14 – Salmo 92 – Apocalipsis 1, 5-8 – San Juan 18, 33b-37.

Comentario Bíblico.
Como Cristo Rey: Testigos y constructores de la verdad y la caridad.

Con la festividad de Cristo Rey cerramos el Tiempo Litúrgico que llamamos Tiempo Común, para dar paso al Adviento, Tiempo de Esperanza. Hoy, esta celebración de Cristo Rey nos invita a convertirnos en testigos y constructores de la verdad, verdad que la reforzaremos el próximo domingo de Esperanzas.

La fiesta de Cristo Rey es la celebración del Señorío de todo lo bueno que Dios ha querido para la humanidad. Tal es en esta fecha la participación de nuestra iglesia en la Consagración de un nuevo Obispo, quien a imagen de Jesús como Rey es paradójico, porque no se basa en el absolutista y centrado poder, prestigio o riqueza, sino en el servicio, la sencillez y la autenticidad de la participación en unidad con el consejo eclesial.

Hemos escuchado en los evangelios varias veces en el año a Jesús diciendo que su “realeza no es de este mundo” (18,36). El mismo no se sustenta en la política, por más que digamos que “nos empoderamos en las fuerzas del cielo”; ni en la violencia, en los discursos de odio; ni en poder alguno que someta a la humanidad, como las infames guerras. El reinado de Dios fue siempre basado desde lo humanizador. De ahí que no se ajuste a las reglas de juego de los poderes del mundo, sino que lo trastoca todo, mediante el amor, desde la perspectiva del reconocimiento, del respeto y la comprensión del prójimo, para que se establezca un nuevo orden, donde todos los hijos e hijas se conviertan en hermanos y hermanas de la gran familia universal.

Esa es la verdad que debemos testificar en Cristo Rey. Una verdad que descubre en cada persona toda la fuerza liberadora que llevamos dentro de sí, para que se haga corresponsable de la marcha del mundo y del destino de la creación. La verdad de Cristo Rey lanza a planos superiores de compromiso, de servicio, de entrega, de humanidad de cada ser en su identidad y construcción.
La verdad de Cristo no se reduce a doctrinas o principios como si fuera un manual de procedimientos o estatuto denominación. El núcleo fundamental es la primacía de la vida, y el respeto en las decisiones de cada persona sobre sus cuerpos tomadas. Por eso dice Jesús a Pilato: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?.” (18,34) Porque en la primacía de la vida no caben excusas, ni absolutistas e impuestas verdades, ni incluirlas por convenientes que sean, sino que cada quien ha de responder por sí mismo y desde sí mismo a lo que hacemos en y con la propia vida.

Cristo Rey nos lanza a descubrirnos como hijos e hijas amados por la Trina Divinidad y hermanados en misericordiosas personas, nos coloca ante una libertad que nos libere de las ataduras de la maldad y de la no vida, de la opresión que nos sofoca en las desigualdades y nos muestra que la vida de Jesús es la ruta que nos conduce a la realización personal y al encuentro definitivo con el Ser Supremos, fuente de creación, de diversidad y que sobre todo no reniega de lo que en su Reino en misericordia crea.

Cristo Rey sitúa a la humanidad en lo más radical de sus verdades: «que el desarrollo de la personalidad depende de la solidaridad que podamos practicar como muestra efectiva y concreta de nuestra capacidad de amar. Y es que el amor es comúnmente afecto, empatía y adherencia. Pero será amor auténtico si se traduce en acciones concretas de fraternidad y solidaridad, que son el test de la veracidad del amor». (de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola 230,2).

Hoy necesitamos valentía, pasión para defender y hacer que resplandezca la verdad. Pero sin olvidar que la verdad será más creíble y eficaz si se le asocia inseparablemente a la caridad y la acción concreta. La verdad sin caridad y sin acción puede disfrazarse muchas veces de niveles serios de crueldad. La caridad sin verdad puede ocultar muchas veces niveles serios de corrompida complicidad. Para el que es amigo de la Vida y del Reino Divino, no puede haber Verdad sin Caridad sin Acción, ni Acción sin Caridad sin Verdad.

“Quienes nos dejamos guiar por la verdad de Cristo Rey descubrimos el talento, el potencial y la dignidad de cada persona. Poseemos el valor, la pasión y el compromiso para desbloquear las ataduras que nos paralizan. Nos dejamos guiar por el amor que no rechaza ningún talento, ni las cualidades de nadie. Operaremos con más amor que temor. Crearemos condiciones para que cada persona tenga siempre oportunidades de comprometerse y de soñar con posibilidades más grandes que planifiquen su propia vida” (Ob. Marcelo Alejandro - ms).

¡Bendecido y Feliz fin de Año Litúrgico B 2023- 2024!
+++Marcelo Alejandro – MS

Comentarios

  1. Cristo Rey.
    San Juan 18, 33b-37.

    Introducción.
    La verdad del Reinado Divino
    La festividad de Cristo Rey cierra el año litúrgico y se pretende poner en el horizonte de nuestra historia a Aquel que ha hecho presente en este mundo el reinado de Dios, que no es un estado, sino una situación donde la humanidad deben aprender a vivir en solidaridad acompañada de acciones concretas.

    Terminamos el año y comenzamos el nuevo reflexionando sobre la palabra del nazareno Jesús que se dirige a nosotros/as cada domingo. Y cuando digo nosotros/as, me refiero a todo el género humano. Aunque nosotros, desde este blog, vamos a oír el Evangelio desde toda condición.

    El año termina con la festividad de Cristo Rey. Pero es un rey sin lujos, como los que se viven en palacios y están sentados en apoltronados y poderosos sillones del poder terreno. No. Es un rey que elige estar entre los más vulnerables entres las personas que sufren. Ya respiramos el olor del Adviento, este Tiempo de Esperanzas donde nos vamos a preparar la venida del Rey en un portal, sin carrozas, sin lujos, si nada. En la simpleza más absoluta.

    Como humanos nos encantan los adornos, las coronas, las joyas para identificar el poder. Por eso muchas veces no vemos a nuestro verdadero Rey, que es el despojado Jesucristo. ¿Cuándo te vimos Jesús y no te reconocimos? No recordamos haberte visto ni con hambre, ni con sed ni preso ni desnudo. (Mt. 25,37).

    Estamos muchas veces ciegos, dormidos y no vemos que el verdadero Rey es nuestro prójimo. Y desde nuestra realidad lgbttiq+ ¿cuántas veces hemos tenido hambre de ti, Señor? Ante tanta discriminación, insultos, homofobia, agresiones, asesinatos y suicidios por discursos de odio ¿cuántas veces, con sed de ti, Señor, cuántas veces presos en un armario que no construimos, cuántas veces desnudos por tener que estar dando cuenta de nuestra sexualidad a cada momento, con una intimidad que parece un crimen a los ojos de los demás?

    Maestro, eres el Rey del Universo, eres el Rey de nuestro interior, eres el Rey de nuestras limitaciones y construcciones.

    Te pedimos que sepamos reconocerte en nuestros prójimos. Que entendamos sus agresiones como tu Cruz, una Cruz a la que te rebelaste en la Resurrección. Que no dejemos de ver el sufrimiento ajeno. Como minoría tenemos que ser más abiertos al que sufre: el dolor une. Que sepamos también verte en nuestro interior, que te reconozcamos como parte de nuestro ser, que aprendamos a respetarnos a nosotros mismos, a querernos, que en el fondo, es respetarte a vos, quererte a vos, Maestro, Señor y Rey.
    Que así sea.

    Bendeciones.
    +++Marcelo Alejandro – MS

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