Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
En este día de Todos los Santos, nos unimos en oración y en memoria, elevando nuestros corazones hacia aquellos santos inocentes, los niños y niñas cuyas vidas fueron truncadas en los conflictos armados, por criminales de guerra, por mercaderes de la muerte. Elevamos nuestras oraciones, especialmente por la niñez asediada en la sagrada y sufriente Tierra Santa. Hoy, nuestro espíritu se encuentra con las familias que han sufrido la pérdida más dolorosa, la de sus hijos e hijas, quienes, en su inocencia, reflejaron la pureza del amor divino.
Recordemos que la vida de cada niño y niña es un don sagrado, una promesa de paz y esperanza en medio de un mundo quebrantado. Ante cada pequeña alma que ha partido, levantemos nuestras voces y pidamos justicia, protección y compasión. Que el sufrimiento de estos inocentes nos inspire a trabajar incansablemente por la paz, a ser instrumentos de reconciliación y a defender los derechos de la niñez, para que sus vidas sean valoradas, protegidas y amadas.
Que en este día de santidad, cada uno de nosotros sea testigo de la esperanza, y que la memoria de estos pequeños nos guíe hacia un compromiso renovado por la paz y la dignidad humana. Que nuestro Señor y la intercesión de todos los santos nos fortalezcan en esta misión de amor y justicia.
Con paz y fe inquebrantable,
+++ BP. MARTIN IGNACIO DÍAZ VELÁSQUEZ .·.
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