«Tú no estás lejos del Reino de Dios». Mc. 12,34.
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.Lectura: Deuteronomio 6,2-6 – Salmo 17 – Hebreos 7,23-28 – San Marcos 12,28-34. Comentario Bíblico. «No estamos lejos del Reino de Dios» El evangelio de Marcos nos presenta a un escribano que desea profundizar en la Torah, la ley mosaica, ¿Cuál será el trasfondo de su intención?, ¿Sabiendo que Jesús es capaz de ofrecerle una interpretación profética? Ya vimos leímos y reflexionamos sobre la importancia que tiene en el judaísmo el primer mandamiento expresado con el Shema Israel, (es el nombre de una de las principales plegarias de la religión judía. Su nombre retoma las dos primeras palabras de la oración en cuestión, siendo esta a su vez la plegaria más sagrada del judaísmo). La cuestión no quedará en un simple debate escolástico. El alcance de la pregunta del escribano (¡insólita!) ponen en evidencia muchos temas del judaísmo que también nos afecta a nosotros/as. Salta a la vista que el segundo mandamiento no le va a la zaga del primero, que pone el acento en el amor a Yahveh. La versión de san Marcos no está copiada y pegada como hoy lo hacemos en los ordenadores, ni del texto hebreo, ni de la versión griega de la Septuaginta. Ahora bien, en los textos de Mateo (que habría utilizado san Marcos como fuente) lo ha dejado mucho más claro: “de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas” (Mt. 22,39s). El escribano, no pretendía poner una trampa a Jesucristo como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración ha quedado una cosa clara: el amor a Yahveh la única y Trina Divinidad, y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor, en la Biblia Cristiana (NT, La Ruah) es de un “peso” extraordinario que no queda ni en “eros”, ni en “amistad”. El fundamento es que sea un amor de calidad de ágape que tiene que ser para la misma Divinidad y para la humanidad, aunque los mandamientos se enumeren tanto el primero como el segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo mandamiento, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no. Sí son los de la normativa patriarcal conservadora o los de la diferencia emergente. Sí son heteros normativos o no. Porque para Jesús no sería una simplemente novedad, un tema que se repetía hasta la saciedad. El que se añada al segundo mandamiento, “del amor” al prójimo, viene a ser lo original; porque con él se ha revelado que el amor a Dios y el amor el prójimo es lo más y mismo importante en la vida, y son un solo mandamiento, en realidad, así podríamos entender que «No hay otro mandamiento más importante que estos dos» (12,31), él (mandamiento) está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escribano son los dos primeros que vienen a ser uno solamente. Hay dos y varios tipos de amor en griego, uno para Dios y varios para la humanidad, si no que con el mismo amor amamos a Dios y a cada persona. ¿Diría que son inseparables?, el Dios de Jesús, su Padre, no quiere ser amado Él, como si fuera un ser absoluto y solitario, etéreo e inalcanzable. Jesús resuelve así la gran pregunta del escribano, de una manera profética y sorprenderte. En tiempos de Jesús, no había tantas etiquetas y desigualdades, Yo creo que el escribano se refiere a como actual “políticamente correcto” a quienes acepta y quienes dejar al margen como al Bartimeo de la semana pasada. Quien es mi par o quien es mi prójimo, esta entiendo que el cuestionamiento del escribano y la respuesta de Jesús revela el espíritu más profundo de la Ley: no hay santidad real sin el amor es excluyente, un total y preferente amor a Yahveh (Dios = Divinidad), si al mismo tiempo no, se complemente en un amor solidario, respetuoso, comprometido en la aceptación del prójimo. Sin un amor real y concreto por al prójimo, la fiel imagen de Dios, todo intento de amor a la Divinidad se reduce al plano de las ideas, de las intenciones y de los discursos que el viento se lleva. Un único mandamiento, un amor, un reconocimiento de la totalidad de las identidades, una aceptación total. Nuestra Divinidad ha creado al ser humano a su imagen y semejanza (Gn. 1,26-27) para que toda búsqueda de Dios comience por el rostro y el corazón del prójimo a quien vemos o nos interrelacionamos en sociedad; cada ser puede revelar a Dios. En este sentido, tenemos una función mediadora: es la forma concreta de visibilizar el amor a Dios. Somos el punto de encuentro con Dios en la historia. Sin abolir los mandamientos, ni los preceptos, Jesús centraliza el espíritu de la Ley en un único mandamiento con dos aspectos necesariamente complementarios, esenciales y a la vez necesarios en sí. El amor a las demás personas siempre será el criterio de credibilidad del amor a Dios. En términos del autor “El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a la Divinidad a quien no ve, el que no ama a su hermano/a quien ve?” (1 Jn. 4,20). Cada encuentro con Jesús es transformante y conlleva una conversión de la inteligencia, de las actitudes y del corazón. La respuesta del escribano remarca el inicio de un cambio de lógica: el paso de la lógica formal (visual-legal-ritual) a una lógica evangélica (teologal-pro existencial) de un misterio de fe a una acción concreta. Una religiosidad sin solidaridad y una espiritualidad sin caridad son realidades autorreferenciales y vacías. Si el amor no es vivenciado desde la aceptación personal y se lo pregona desde una pseudo aceptación demagógica no es amor (1 Cor. 13,1-13.). Una verdadera religiosidad y una auténtica espiritualidad hacen que la experiencia de Dios se traduzca en acciones concretas de amor, reconciliación, diálogo y cercanía. Estos gestos hacen visible y posible el Reino Divino. La función de la Ley tiene como fin orientar nuestra vida hacia nuestra Trina Divinidad y ante todo hacia la sociedad multicolor en su abanico de posibilidades, identidad, construcción, compromisos de vida, sexualidades, VIDA. Imperiosamente, la finalidad tiene la función de iluminar la libertad para que nuestro culto de Alabanza y Adoración a Dios sea en amor, “en espíritu y en verdad”. (Jn. 4,23); y para que el vínculo con el prójimo sea de una fraternidad en la caridad y la dignidad. Elegir amar a Dios es elegir amar al prójimo porque cada uno/a de nosotros/as como: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Bendecida domingo y recordemos que a diario nos recuerda que: «No estamos lejos del Reino de Dios». Mc. 12,34.» +++Marcelo Alejandro – MS
¡Jesús es Bueno!, Todo el tiempo.Lectura: Deuteronomio 6,2-6 – Salmo 17 – Hebreos 7,23-28 – San Marcos 12,28-34. Comentario Bíblico. «No estamos lejos del Reino de Dios» El evangelio de Marcos nos presenta a un escribano que desea profundizar en la Torah, la ley mosaica, ¿Cuál será el trasfondo de su intención?, ¿Sabiendo que Jesús es capaz de ofrecerle una interpretación profética? Ya vimos leímos y reflexionamos sobre la importancia que tiene en el judaísmo el primer mandamiento expresado con el Shema Israel, (es el nombre de una de las principales plegarias de la religión judía. Su nombre retoma las dos primeras palabras de la oración en cuestión, siendo esta a su vez la plegaria más sagrada del judaísmo). La cuestión no quedará en un simple debate escolástico. El alcance de la pregunta del escribano (¡insólita!) ponen en evidencia muchos temas del judaísmo que también nos afecta a nosotros/as. Salta a la vista que el segundo mandamiento no le va a la zaga del primero, que pone el acento en el amor a Yahveh. La versión de san Marcos no está copiada y pegada como hoy lo hacemos en los ordenadores, ni del texto hebreo, ni de la versión griega de la Septuaginta. Ahora bien, en los textos de Mateo (que habría utilizado san Marcos como fuente) lo ha dejado mucho más claro: “de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas” (Mt. 22,39s). El escribano, no pretendía poner una trampa a Jesucristo como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración ha quedado una cosa clara: el amor a Yahveh la única y Trina Divinidad, y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor, en la Biblia Cristiana (NT, La Ruah) es de un “peso” extraordinario que no queda ni en “eros”, ni en “amistad”. El fundamento es que sea un amor de calidad de ágape que tiene que ser para la misma Divinidad y para la humanidad, aunque los mandamientos se enumeren tanto el primero como el segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo mandamiento, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no. Sí son los de la normativa patriarcal conservadora o los de la diferencia emergente. Sí son heteros normativos o no. Porque para Jesús no sería una simplemente novedad, un tema que se repetía hasta la saciedad. El que se añada al segundo mandamiento, “del amor” al prójimo, viene a ser lo original; porque con él se ha revelado que el amor a Dios y el amor el prójimo es lo más y mismo importante en la vida, y son un solo mandamiento, en realidad, así podríamos entender que «No hay otro mandamiento más importante que estos dos» (12,31), él (mandamiento) está en singular y nos permitiría entender que el mandamiento más importante por el que preguntaba el escribano son los dos primeros que vienen a ser uno solamente. Hay dos y varios tipos de amor en griego, uno para Dios y varios para la humanidad, si no que con el mismo amor amamos a Dios y a cada persona. ¿Diría que son inseparables?, el Dios de Jesús, su Padre, no quiere ser amado Él, como si fuera un ser absoluto y solitario, etéreo e inalcanzable. Jesús resuelve así la gran pregunta del escribano, de una manera profética y sorprenderte. En tiempos de Jesús, no había tantas etiquetas y desigualdades, Yo creo que el escribano se refiere a como actual “políticamente correcto” a quienes acepta y quienes dejar al margen como al Bartimeo de la semana pasada. Quien es mi par o quien es mi prójimo, esta entiendo que el cuestionamiento del escribano y la respuesta de Jesús revela el espíritu más profundo de la Ley: no hay santidad real sin el amor es excluyente, un total y preferente amor a Yahveh (Dios = Divinidad), si al mismo tiempo no, se complemente en un amor solidario, respetuoso, comprometido en la aceptación del prójimo. Sin un amor real y concreto por al prójimo, la fiel imagen de Dios, todo intento de amor a la Divinidad se reduce al plano de las ideas, de las intenciones y de los discursos que el viento se lleva. Un único mandamiento, un amor, un reconocimiento de la totalidad de las identidades, una aceptación total. Nuestra Divinidad ha creado al ser humano a su imagen y semejanza (Gn. 1,26-27) para que toda búsqueda de Dios comience por el rostro y el corazón del prójimo a quien vemos o nos interrelacionamos en sociedad; cada ser puede revelar a Dios. En este sentido, tenemos una función mediadora: es la forma concreta de visibilizar el amor a Dios. Somos el punto de encuentro con Dios en la historia. Sin abolir los mandamientos, ni los preceptos, Jesús centraliza el espíritu de la Ley en un único mandamiento con dos aspectos necesariamente complementarios, esenciales y a la vez necesarios en sí. El amor a las demás personas siempre será el criterio de credibilidad del amor a Dios. En términos del autor “El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a la Divinidad a quien no ve, el que no ama a su hermano/a quien ve?” (1 Jn. 4,20). Cada encuentro con Jesús es transformante y conlleva una conversión de la inteligencia, de las actitudes y del corazón. La respuesta del escribano remarca el inicio de un cambio de lógica: el paso de la lógica formal (visual-legal-ritual) a una lógica evangélica (teologal-pro existencial) de un misterio de fe a una acción concreta. Una religiosidad sin solidaridad y una espiritualidad sin caridad son realidades autorreferenciales y vacías. Si el amor no es vivenciado desde la aceptación personal y se lo pregona desde una pseudo aceptación demagógica no es amor (1 Cor. 13,1-13.). Una verdadera religiosidad y una auténtica espiritualidad hacen que la experiencia de Dios se traduzca en acciones concretas de amor, reconciliación, diálogo y cercanía. Estos gestos hacen visible y posible el Reino Divino. La función de la Ley tiene como fin orientar nuestra vida hacia nuestra Trina Divinidad y ante todo hacia la sociedad multicolor en su abanico de posibilidades, identidad, construcción, compromisos de vida, sexualidades, VIDA. Imperiosamente, la finalidad tiene la función de iluminar la libertad para que nuestro culto de Alabanza y Adoración a Dios sea en amor, “en espíritu y en verdad”. (Jn. 4,23); y para que el vínculo con el prójimo sea de una fraternidad en la caridad y la dignidad. Elegir amar a Dios es elegir amar al prójimo porque cada uno/a de nosotros/as como: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Bendecida domingo y recordemos que a diario nos recuerda que: «No estamos lejos del Reino de Dios». Mc. 12,34.» +++Marcelo Alejandro – MS

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