«De
Misericordia llenará la tierra»
Isaías 53,11.
Lectura: Isaías 53,10-11 – Salmo 32 – Hebreos 4,14-16 – San Marcos 10,35-45.
Comentario Bíblico
Lógica de un poder que se convierte en servicio
Esta semana, ya por culminarse nuestro Tiempo Común y nuestro Ciclo litúrgico de vida, los textos nos salvan enseñándonos e invitándonos a transformar todo aquello que se traduce en mal uso del poder y convertirlo en capacidad y práctica del servicio.
La pasada semana el evangelista nos invitó a vivir desde la lógica de un amor sin barreras ni fronteras que supera la atadura de las posesiones y nos lanza a la solidaridad. (Mc. 10,17-30) Y esta semana nos propone que el poder se viva y se ejerza en la capacidad de servicio.
El relato evangélico comienza con la petición de puestos o de poder que hacen en privado los hijos de Zebedeo. Una solicitud que Jesús aprovecha para trastocar aquella concepción del poder que se basa en el dominio y control de las personas. Para Jesús el poder será beneficioso si se basa en la lógica del servicio: “el que quiera ser grande que sea servidor/a” y “el que quiera ser el primero que sea el esclavo de todos”.
Jesús dirá: “los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos (asociados o financieros de su campaña) les oprimen”, qué punto tan actual. Y es que debemos estar muy atentos a los dinamismos que se generan en torno al poder, porque el poder, cualquier tipo de poder, corre el riesgo de apoderarse de lo gobernado y termina por controlar y manipular a las personas.
La búsqueda innecesaria del poder tiene el peligro de generar una dinámica perversa que se manifiesta en múltiples formas sutiles de evidentes dominios, rivalidades, chantajes, fraudes, intrigas, traiciones y hasta lo más terrible el torcimiento de la verdad. Por esta razón, Jesús nos dirá sin vueltas: “que no sea así entre ustedes”. (Mc. 10,43)
Para que el poder se convierta en servicio hará falta eliminar toda posibilidad de instrumentalizar a las personas, evitar adueñarse o apoderarse de nada ni de nadie y tener como principal interés el bien de los demás. Así podrá ser un poder-servicio que transforma todo tipo de vulnerabilidades, injusticia, miseria, mentira y maldad. Un poder-servicio que transmite y construye vida.
Al plantearnos Jesús “no será así entre ustedes” (10,43), nos dice: sean servidores y no los dueños ni los que mandan, abandonen todo ejercicio del poder que deshumanice, oprima o apague la vida, asfixie iniciativas o mate esperanzas, ejemplo:
Eso no es bíblico, aquello yo lo intenté y no resulto, eso no se puede, te van a estafar, eso no es verdad, ay por ahí no es; la arrogancia de quienes se la saben toda no es servicio. Bendita la divinidad que llega a personas simples como nosotros, no te midas por lo que ellos digan, mídate por los logros y emprendimientos que tu vida brinde. Hagamos que el poder se convierta en fuente de acción, de vida y resolución de problemas.
Quien quiera ser el primero o tener legítimo poder que construya relaciones de igualdad a todo nivel y en toda circunstancia (10,44). ¿Nos atreveremos a dar de nosotros mismo?, de lo que es o de lo que tengamos o podamos, vivir en paz es la diferencia, respetemos y valoremos a los que piensan y viven distinto, tratemos con misericordia las dificultades que aparezcan en la convivencia o trabajo, alegrémonos en los éxitos ajenos, seamos solidarios con quien padece dificultades o dolencias y transformemos el mal a fuerza de bien; “Oh, Maestro, que no busquemos tanto ser consolados, sino consolar; ser comprendidos, sino comprenderles; ser amados, como amar”. Solo así nos convertiremos en servidores.
Bendecido domingo y recordemos que nuestras acciones pueden «De Misericordia llenará la tierra» Is. 53,11.
+++Marcelo Alejandro – MS
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