egún ese documento tan poco fidedigno, Hipólito era uno de los guardias en la prisión donde se hallaba Lorenzo, convertido y bautizado por él. Hipólito asistió al entierro de Lorenzo y cuando el emperador lo supo, le mandó llamar y le reprendió por haber profanado el uniforme militar con "una conducta indigna de un oficial y un caballero." En seguida le mandó azotar, junto con su nodriza Concordia y otros diecinueve mártires, que murieron en la tortura. Sólo Hipólito salió con vida de la flagelación y fue condenado a perecer arrastrado por un tronco de caballos. Esto constituye un dato muy sospechoso, si recordamos que el hijo de Teseo, Hipólito, huyendo de la cólera de su padre, se encontró con un monstruo que espantó sus caballos; el héroe resbaló de su carro, se enredó en las riendas y murió despedazado contra las piedras. [El nombre de Hipólito significa "caballo desbocado." Si se tiene en cuenta la historia del martirio de este santo y el significado de su nombre, se comprenderá fácilmente que San Hipólito haya sido adoptado como patrón de caballerizas, cabalgatas y jinetes]. Los verdugos de San Hipólito escogieron los dos caballos más salvajes que encontraron, los ataron con una larga cuerda y colgaron de ella al mártir por los pies. Los caballos le arrastraron furiosamente sobre piedras y rocas; el suelo, los árboles y las piedras quedaron salpicados con la sangre del mártir. Los fieles que presenciaban la ejecución a cierta distancia, se encargaron de recogerla en pañuelos y reunieron los miembros y huesos del santo, que se dispersaron por todas partes.
Esta leyenda es probablemente una pura novela. Según parece, el mártir que
Prudencio, basándose en una interpretación equivocada de la inscripción del Papa San Dámaso, confunde a San Hipólito con otro mártir del mismo nombre y afirma que murió descoyuntado por un tiro de caballos salvajes en la desembocadura del Tíber. En un himno refiere que siempre había sido curado de sus enfermedades de cuerpo y alma cuando había ido a pedir auxilio a la tumba de San Hipólito y agradece a Cristo las gracias que le ha concedido por la intercesión del mártir. El mismo autor asegura que la tumba de San Hipólito era un sitio de peregrinación, frecuentado no sólo por los habitantes de Roma, sino por los cristianos de sitios muy remotos, sobre todo el día de la fiesta del mártir: "La gente se precipita desde la madrugada al santuario. Toda la juventud pasa por ahí. La multitud va y viene hasta la caída del sol, besando las letras resplandecientes de la inscripción, derramando especias y regando la tumba con sus lágrimas. Y cuando llega la fiesta del santo, al año siguiente, la multitud acude de nuevo celosamente... y los anchos campos apenas pueden contener el gozo del pueblo." Otra prueba de la gran veneración en que los fieles tenían a San Hipólito, es que su nombre figura en el canon de la misa ambrosiana de Milán.
En 1551, se descubrió en el cementerio de San Hipólito, en el camino de Tívoli, una estatua de mármol del siglo III que representa al santo sentado en una cátedra; las tablas para calcular
Oración Consecratoria del Obispo
(Tradición Apostólica de San Hipólito de Roma + 235)
Anamnesis:
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que tienes tu trono sobre los cielos y desciendes para mirar a los humildes; tú sabes todo antes de que suceda; en tu palabra, que contiene todo don, has establecido las reglas de la iglesia: elegiste desde el principio un pueblo santo, descendiente de Abrahán, y le diste reyes y sacerdotes que cuidaran del servicio de tu santuario, porque desde el principio quisiste ser glorificado en tus elegidos.
Epiclesis:
Infunde ahora sobre este servidor/a tuyo (Nombre), que has elegido la fuerza que de ti procede: el Espíritu de soberanía que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y él, a su vez, comunicó a los santos apóstoles, quienes establecieron la iglesia por diversos lugares como santuario tuyo para gloria y alabanza incesante de tu nombre.
Intercesión:
¡Oh Dios, conocedor de los corazones!, concede a este hijo tuyo, elegido para el episcopado, apacentar tu pueblo santo, ejercer ante ti, sin reprehensión, el sumo sacerdocio, servirte día y noche e interceder siempre por el pueblo, ofreciendo los dones de tu santa iglesia. Que en virtud del sumo sacerdocio tenga el poder de perdonar los pecados, según tu voluntad.
Que distribuya los ministerios de la iglesia siguiendo tus designios; ate y desate todo vínculo, conforme al poder que diste a los apóstoles. Que te sea grato por la mansedumbre y dulzura de corazón, ofreciendo su vida en sacrificio por medio de tu hijo Jesucristo, por quien recibes la gloria, el poder y el honor, con el Espíritu Santo, en la Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos.
Asamblea:|||| Amén

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