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XXII Domingo del Tiempo Común – septiembre 1

«Lavar los corazones, no las manos» Mc. 7,19.

Lecturas: Deut. 4,1-2.6-8 – Salmo 14,16-23 – Santiago 1,17-18.21-22.17 – Marcos 7,1-8.14-15. 21-23.

Comentario Dominical

¿Cuál sería la verdadera religión a seguir?

Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto. Albert Einstein.

Los prejuicios tanto como las descalificaciones son muy fuertes, así lo demuestra la experiencia de un grupo de “científicos” que colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro acomodaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de un tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a palos. Para que no les mojen. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a los bananos. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No sé, las cosas siempre se han hecho así aquí..." ¿Será que esto nos suena conocido? ¿Por qué estamos haciendo las cosas de una manera, si a lo mejor las podemos hacer de otra?

Este fin de semana retomamos la lectura del Evangelio de San Marcos. El tema del episodio de este domingo es la pureza ritual frente a la pureza del corazón. Los fariseos eran un grupo tradicionalista de judíos que se tomaban muy en serio las tradiciones y costumbres. Junto con algunos escribas critican a los discípulos por «no seguir la tradición de los mayores» al no lavarse las manos antes de comer. No lavarse las manos.

Estos versículos no buscan profundizar el tema de la buena higiene, sino el de la práctica ritual. En la época de Jesús, los fariseos deseaban extender las leyes de pureza ritual a todo el pueblo, ya que únicamente se aplicaba a los sacerdotes. “Jesús les acusa de sustituir la ley de Dios por una ley meramente humana, y señala que no es lo que entra en una persona desde fuera lo que la hace impura, sino lo que guarda en su corazón y en su mente. Rencores, venganzas, malas intenciones, chusmerío, bla-bla-bla …”

Nosotros también podemos caer en la trampa de pensar que nuestras “prácticas rituales” (ir a las Eucaristías, rezar el Rosario, rito de Reconciliación, etc.) se conviertan rutinarias, carentes de sentido común, pero para nuestro corazón y ser ambas son necesarias para seguir a Jesús.

Algunas comunidades cristianas parecen pensar que la práctica ritual consiste en estar cómodamente ubicada en un banco o silla a gusto con Dios; casi como «pagarle a Dios», y una vez hecho esto, son libres de hacer lo que quieran en sus acciones hacia otras personas.

La enseñanza de Jesús narrada por san Marcos hoy desafía ambos puntos de vista. Es la conversión de nuestros corazones, no nuestras prácticas rituales, lo que necesita atención y es lo más importante para vivir la vocación que la Divinidad nos ha dado. Si la bondad de Divina no se ve a través de nosotros, ¿dónde puede verse?, recordemos «Lo esencial es invisible a los ojos», El amor es el motor que mueve nuestra vida y nuestras decisiones. De ahí que sea clave su correcta orientación. El antiguo adagio que dice: “Soy amigo de Platón, pero lo soy más de la verdad”, afirma que la verdad tiene un valor tan grande que ni siquiera puede subordinarse —ni venderse— a la amistad. La amistad debe mantenerse en la verdad y por eso una amistad sin verdad dejaría de serlo, al faltarle su auténtico fundamento. Así es, pues cualquier proyecto humano que no se base en un conocimiento real o verdadero, sino falso de la realidad, termina cayendo por su propio peso. La verdad es así la base sólida para nuestra vida y nuestras búsquedas. Por otro lado, responde a lo que somos como seres inteligentes, pues, como dijo Aristóteles, “toda persona desea por naturaleza saber”.

El amor a la verdad es la condición para cualquier otro amor: no se puede amar lo que no se conoce, y el que ama quiere profundizar siempre más en la verdad de su amado. Amar la verdad hace posible el amar de verdad. Este amor que nos abre humildemente a la verdad, se manifiesta en una serie de acciones como el estudio y la investigación que nos permiten superar la ignorancia, los prejuicios, y ser coherente con la verdad conocida entre nuestras palabras y acciones —la veracidad— en tanto que nos permite identificar la falsedad y corregirla.

A sus oyentes Jesús les recuerda que el mal no viene de afuera, sino de dentro. Según Jesús, estar en armonía con la Divinidad no se consigue por medio de la práctica ritual, sino mediante la conversión interior de la mente y el corazón. Recordemos el año de confinamiento por la pandemia del Covid 19 era muy común oír en los Pódcast que la espiritualidad daba o un gran paso ante la religiosidad o tradición ritualista, en nuestras comunidades celebraban la eucaristía empoderando a una persona en una casa donde por app nos convocábamos a celebrarla. Y nos resultó una verdadera religión, según la tradición de Jesús, que no consiste en la práctica de ritos, sino en la forma de cómo nos tratamos los unos con los demás.

En verdad, no son nuestras manos, sino nuestros corazones los que necesitan ser lavados.

Bendecido domingo, recordemos «Lavemos los corazones, no las manos» Mc. 7,19.

+++ Marcelo Alejandro – MS.

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