Ir al contenido principal

XXI Domingo del Tiempo Común – agosto 25

«¿También ustedes quieen irse?» Jn. 6,67.

Lecturas: Josué 24,1-2a.15-17.18b – Salmo 33,2-3.16-23 – Efesios 5, 21-32 – Juan 6, 60-69
Comentario Dominical
Si bien reconocemos que es nuestra Divinidad y nosotros/as sus herramientas útiles, por haber experimentado su bondad y las bendiciones a nuestras obras, como en cada Eucaristía la vive el Pueblo de Dios, nos une en los sentimientos, renovándonos sin esperarlo.
Nuestro peregrinar nos lleva a aspirar una relación humana nueva, inspiradas en el modelo del respeto, aceptación, y un profundo amor que Jesús nos otorgan en el libre albedrío. A la luz de ese amor viviremos toda nuestra vida y desde la fe cobrar un pleno sentido.
Frente a los signos realizados por Jesús en este capítulo 6 y la reacción de algunas personas vulnerables, a la que se sensibilizó, escucho, alimento y hasta las liberó se alejan, (6,66). Hoy vivimos en una sociedad en la que se cree estar de vuelta de todo. Y ante esta situación, buscan una salida a sus opresiones, o necesidades. Lo triste de hoy como ayer es que son varios los Ministros sedientos de vender algo de fe a un gran precio ante la desesperada demanda que les endeuda, malgastando sus ahorros en la manutención de esos tóxicos sátrapas. «Señor, ¿a dónde iremos?» ¿A quién y con quién iremos? (6,68).
Tenemos una sociedad mal saciada y muchas veces bien sumisa a la desidia. Hay quienes tienen hambre de tantas cosas, que quizás no tienen tiempo de ocuparse de ellas y de su espiritualidad. Algunas personas están tan hartas, que tampoco reaccional ante el hambre de Dios. En cambio, Jesús sigue ofreciéndose como pan de vida, como cáliz de salvación un verdadero alimento y bebida que puede saciar y llenar ese sentido la vida humana de nuestro tiempo. Por en Su carne y Su sangre eucarística se encierra en sentido de la fe y la vida. Nuestra Iglesia, como otras demás denominaciones emergente del siglo XXI, sigue ofreciendo a Jesús, Cuerpo (pan) y Sangre (vino) de vida en cada una de sus eucaristías.
Muchos que eran seguidores de Jesús, ya no quieren tratos con Él, “deciden volver a Egipto”, (Éx. 16,3) en lugar de transitar por la tierra de la buena comida. ¿Se habrán escandalizado como aquellos de los que hoy nos habla el Evangelista? Tal vez se hayan visto encandilados, allá por 1980 en particular me escandalizaron desde los pulpitos, por otras realidades o multiversos que me/nos hayan apartado del camino de la fe. Nos han robado el corazón, el afán de poder, el miedo, el placer, las posibilidades consumir su comunión. Y aunque en importante mitrada grite al mundo que en sus denominaciones “TODOS son llamados e invitados”, miente. Miente cuando no podés acceder por limitación alguna al orden ministerial; miente cuando priorizan los sacramentos para una elite heterogénea. Así como quienes se apartaron, nos fuimos. Debemos ser muy cautos al volver y en donde volver porque la “fe” como en todo lo que los mercados del mundo la venden a cambio de la obtención inmediata de felicidad. Cartón pintado de mármol, y hay quienes fogonean bien su discursito vendedor para embaucarles.
En una comunidad cristiana, oprimida por la estructura y en tales casos basada en hegemonía colmada de prohibiciones que no dan paso a la libertad de principios o decisiones personales para así gestar su mala misión, espanta. Cada vez somos menos, que afirmamos nuestro lugar de pertenencia y convicción de fe (6,68-69) al menos en Misión Sacerdotal y en algunas comunidades hermanadas, sigue sin vigente su pregunta: ¿También ustedes se quieren marchar? ¡No!, queremos irnos, como el junco nos doblaremos, pero nunca nos quebraremos, sabemos que ofrece, que comparte, que nos da de comer y de beber; sabemos como es nuestra incondicional fidelidad. Hubo y habrá diferentes formas para marcharnos de una denominación, pero nunca de la fe.
Lo más común es olvidar toda aquella carga negativa respecto a la descontextualización sobre las enseñanzas y referencia de Jesús en su Evangelio. También hay formas más delicadas o políticamente “correctas”, como poner un freno al “chusmerío” destructivo y mal intencionado, al discurso tácito y en suspenso comunitario y/o la experiencia en la Divinidad a lo más íntimo de nuestro ser. Para algunas personas la fe es una realidad que transforma vidas, o mejor reforma la vida y no se quita al pasar de ocasiones como evento tradicional o situaciones de dificultad como el miedo ante la enfermedad, la muerte, o el pecado. En su Carne y Sangre todo es revalorizado, limpio y potenciado así Jesús lo encomendó, lo enseñó a sus seguidores para hoy tenerlo recopilado en su evangelio y nuestro ministerio. ¿Nos retiraríamos? ¡Sí!, pero de la tradición de la no vida, de un Jesucristo mal presentado.
Es incómodo vivir lo religioso desde una reforma radical, que impida adaptarnos en una sociedad que se aparta frecuentemente de compromiso Evangélico.
La fe, que nos propone el Evangelio, tiene que pasar por una elección libre, al sentir la llamada del Maestro, otra Iglesia, otra comunidad es posible, tiene que resultarnos tan necesaria e imprescindible como el alimento de cada día. La fe no es una realidad que se incorpora como un piercings de moda a nuestros cuerpos o vida, si una forma diferente de ser y una nueva modo de vivir, que llena de alegría y esperanza al creyente. Es abrirse a una visión nueva y positiva para el mundo en que vivimos.
Es Jesucristo nuestro verdadero pan del cielo, un pan que tenemos que digerirlo, haciendo nuestra su causa Evangélica. Como todo pan, que se endurece por no consumirlo. Nosotros tenemos que hacer acción la de san Pedro (6,68).
La fe cristiana no sirve si se presenta con imposiciones.
La fe se propone, libre y esencial para seguir a Jesús.
Somos la comunidad cristiana que come y bebe con Jesús en la mesa de la Eucaristía, somos la misma gente de: (Jn. 2,1-11; Lc. 19, 4-10; Mt. 14,13-21; Mt. 26,6-13; Mc. 14:12-15; Lc. 24,3-31; Jn. 29,1-10).
Una sacramental realidad que no mira exclusivamente lo sucedido en la Última Cena, si bien nuestra reforma es nostálgica del pasado en letras y formas, nos proyecta hacia la otra orilla de la Vida Eterna.
Un mundo nuevo nos es posible
«El pan y el vino de la Eucaristía es alimento y bebida de vida, nos da fuerzas y nos reconforta en el caminar diario. No podemos desentendernos de Jesús, de experimentar cada día su cercanía y amor con sabor a trigo cocido y uva fermentada. Sabemos que nunca estamos solos. Jesucristo cumple su promesa y nos espera en su mesa.»
Hacer nuestra causa el Evangelio pasa por establecernos en una relación nueva en todos los ámbitos de nuestra vida. En las relaciones personales e interpersonales, en nuestros espacios de acción y convivencia, como la manera de entender el amor. En Jesucristo tenemos el modelo que nos ama primero y que ama a la Iglesia, a nosotros/as, y al mundo entero por el cual dio y con llama a dar la vida. Jesucristo nos impulsa a luchar por un mundo más humano y haciéndolo más de Dios, más en la Trina y Única Divinidad. Un mundo nuevo nos es posible.
Bendecido domingo, recordemos que la frase «¿También ustedes quieren irse?» Jn. 6,67. No corre para con nosotros/as.
+++ Marcelo Alejandro – MS.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tiempo de Oración - Jornada de Oración por El mundo entero.

Te quiero pedir un favor muy personal... Crees que podrias elevar una oración a nuestro Padre celestial y pasar la a 5 contactos. Es una vigilia por enfermos de CANCER . Si no puedes pasarlo, avisame para no cortar la vigilia. Gracias. ❤️ Jesús de Nazareth, sea tu preciosisima sangre que recorra el mundo entero limpiando todo vestigio de malos fluidos de enfermedad, de cancer que está azotando a toda la humanidad. En este Santo momento, en este Santo lugar y en esta Santa hora, en tu Nombre, todos los habitantes de todo el mundo estamos en oración, pidiéndote compasión y misericordia: JESUCRISTO, humildemente te rogamos que calmes las tempestades y la enfermad mortal que tanto ha dañado a todo el mundo. Por tu Dolorosa Pasión, Ten Piedad y Misericordia de Nosotros y del Mundo Entero. Santo Dios, Santo fuerte, Santo Inmortal ten piedad de nosotros y del mundo entero. Pásalo, la palabra es fuerza y fe! Sólo envíalo y disculpa pero es Tiempo de Oración: Tan pronto te llegue debe salir...

Veneable Sierva de la Divinidad, Marcella Althaus-Reid, Doctora de la Iglesia - febrero 20

Marcella María Althaus-Reid (Rosario, 11 de mayo de 1952 - Edimburgo 20 de febrero de 2009) fue una teóloga y escritora argentina, catedrática de Teología Contextual y docente Senior de Teología Sistemática y Ética Cristiana en la Escuela de Teología de New College, Universidad de Edimburgo, Escocia. Cuando tomó posesión, era la única mujer profesora de teología en una universidad escocesa y la primera mujer profesora de teología en New College en sus 160 años de historia. Participó en los movimientos de liberación feminista y LGBT. Vida Nació en Rosario provincia de Santa Fe, Argentina el 11 de mayo de 1952. Vivió en Buenos Aires, donde se Licenció en Teología en el Instituto Superior Evangélico De Estudios Teológicos, (ISEDET), institución teológica ecuménica en el barrio porteño de Flores, orientado a la teología de la liberación. Allí estudió con teólogos de la liberación como ser José Míguez Bonino y José Severino Croatto. Fue una de las primeras mujeres de su país en tener acc...

Rito para la Bendición de una Casa, Departamento, Local.

Comentario: rezar la coraza de San Patricio antes de comenzar una jornada o al ingresar a una propiedad, es revestirse de una protección infalible, es invocar a las fuerzas del bien para que nos asistan y protejan en la vida. Está oración que les escribió el mismo San Patricio, equivale a una poderosa coraza de luz, un blindaje contra aquello que desee tentarnos u oprimirnos. Con sincero afecto cristiano. S. La paz del Señor sea a esta casa ( o local ) y a todos los aquí presente Seguid al saludo de la paz quien preside recia el umbral de entrada diciendo: S. Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió en su resurrección de todas nuestras dolencias, espirituales y corporales. Lectura Evangélica Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derru...