«Él es verdadera comida, y verdadera bebida» Jn. 6,55.
Lecturas: Proverbios 9,1-6 – Salmo 33,2-3.10-11.12-13.14-15 – Efesios 5,15-20 – Juan 6,51-58.Comentario Dominical
Continuamos con el capítulo 6 del evangelio según san Juan. La narración que proclamamos hoy está centrada plenamente en Jesús ofreciéndose al mundo como Pan–Eucaristía.
Dos aspectos a meditar: En primer tema, ¿Pide Jesús lo irracional? Polemizaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, como nos iremos, en este momento, a comer al hijo del carpintero. Diría Elvira Romero de Musicardi «¿Pero digo yo, qué somos?, ¿Negros?, ¿Para ser tan salvajes o judíos? ¿Para no tener siquiera creencia religiosa?». Hemos recordado repetidamente que en la presentación del evangelio de Jesús san Juan utiliza dos elementos fundamentales, pero uno supeditado al otro, como son los signos realizados por Jesús y los discursos que tienen lugar a continuación del signo. Los lectores no podemos perder de vista que en el capítulo 6 de Juan se narran dos signos: la multiplicación de los panes y Jesús caminando sobre las aguas venciendo las leyes de la gravedad. Este signo está presentado por san Juan para que se pueda comprender lo que aparentemente es irracional. Esa es su dinámica y solo teniéndola en cuenta en su globalidad podemos entender su mensaje. Si Jesús puede caminar sobre las aguas sin hundirse (signo) prepara para la afirmación de que es necesario comer su carne (con sabor a pan. Mt. 26,26.) y beber su sangre (fruto de la uva. Mt. 26,27.); y de nuevo aparece el malentendido entre sus oyentes. Bien es cierto que nosotros/as leemos un texto redactado a finales del siglo I de nuestra era. ¿Cómo se planteó este asunto directamente con sus primeros oyentes? Fue un asunto difícil de entender y determinar. En todo caso, lo que nos interesa es que Jesús tiene previsto un modo de que esto sea posible. Todo menos que Jesús invite al *canibalismo. Jesús es la Sofía (Σoφíα, en griego “sabiduría”) que prepara la mesa, que ofrece una espléndida cena. Él lo hace realidad, sabemos que ha querido ocultarse, simbolizarse en el pan y el vino que son alimentos básicos para la humanidad y que expresan fuertemente la comunión y solidaridad entre los hebreos.
En segundo tema o plan: ¡La participación en la carne y en la sangre necesaria para disfrutar de la presencia de Jesús en la humanidad y entre las personas!
El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él (6,56). Estas afirmaciones de Jesús se entenderán un poco mejor si recordamos lo que significa para los hebreos comer del mismo pan o beber de la misma copa. Entre ellos, más que entre nosotros, el comer un bocado del mismo pan establece una corriente vital muy intensamente experimentada. El proceso es relativamente sencillo: el pan se convierte en el cuerpo del que lo come en sangre; han comido del mismo pan, por lo tanto, esa sangre es idéntica entre las dos personas que comieron el mismo pan. Y como la sangre es la expresión de la vida, comparten profunda y realmente la misma vida entre ellos/as. Entendidas así las expresiones de Jesús tienen otro sentido más comprensible. La solidaridad entre los hebreos es muy fuerte por el sentido familiar y étnico que tienen. Las palabras de Jesús son, de este modo, elocuentes. Me atrevo a recordar una anécdota entre los árabes. Ellos significan, en cierto modo, también la continuidad de esta mentalidad. Y tienen muy fuerte el sentido de clan y tribu y la venganza ante algún agravio a un miembro de la propia tribu. (1 Cor. 12,26) Si alguien comete una agresión grave contra algún miembro de un determinado clan o familia que merece la muerte como reivindicación, pero logra entrar en una tienda perteneciente al mismo clan y probar bocado o solamente un poco de sal con ellos, ya no lo ejecutarán la reivindicación sometiéndolo a la muerte reparadora. Ese bocado les ha hermanado a todos y a un hermano/a no se le mata como reivindicación del agravio cometido. Únicamente es posible la comunión con los demás si se realiza esta comunión interpersonal con Jesús a través del Sacramento. Es necesario recuperar entre nosotros/as algunos aspectos de este modo de ver el tema para revitalizar, en nuestra Misión Sacerdotal, el sentido profundo de auténtica comunión, sinceridad y compromiso solidario.
* A veces se reunían por la noche, en secreto, y esto despertaba la sospecha entre la población pagana acostumbrada a la religión como un evento público; los rumores abundaban, de que los cristianos cometían flagitia, scelera y maleficia —«crímenes atroces», y «actos malvados»—, específicamente, el canibalismo y el incesto (conocidos como banquetes socialistas, un insipiente comunismo, y «relaciones sexuales edípodas»), debido a los rumores de que comían la «sangre y el cuerpo» de Cristo y se referían a ellos como «hermanos» y «hermanas».
Bendecido domingo, y recordemos «Él es verdadera comida, y verdadera bebida» Jn. 6,55.
+++ Marcelo Alejandro – MS.
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