XIII
Domingo del Tiempo Común – junio 30
Lecturas: Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24 – Salmo 29 – 2da. Cor. 8, 7. 9. 13-15 – S. Marcos 5, 21-43
Comentario Bíblico – Basta que tengamos fe
La Liturgia nos invita a reflexionar sobre el modo tan especial como Jesús enfrenta la complejidad de la vida de cada persona.
Una vez más, san Marcos presenta en un solo relato dos situaciones que a simple vista casi no tienen nada que ver entre ellas; sin embargo, están íntimamente conectadas en la actuación mágica (curación – sanación) de Jesús. Aspecto que el evangelista convierte en paradigma para nuestra atención o cuidado pastoral y espiritual de las personas.
Las dos situaciones coinciden en la cantidad de años: La mujer menstruando lleva doce años padeciéndolo y la misma ya ha arruinado su bolsillo, su salud y sobre todo su dignidad, obligándola a arrastrarse para lograr su mejoría. La hija agonizante de Jairo, tan solamente tiene doce años de edad. La edad que la mujer padece su enfermedad. Jairo, su padre, el jefe de la sinagoga, no se ha paralizado, sino que se ha arriesgado a suplicar en público a Jesús que sane a su hija.
Ambos a su modo y necesidad suplicantes son movidos por su última esperanza: El padre es un judío que ante la inminente muerte de su hija, se deja llevar por el impulso de su esperanza, amor al límite y pide al Maestro que vaya a imponer las manos a su niña para que sane, para que viva plenamente; y la mujer, también movida por su esperanza al límite, se entre mezcla entre la multitud para simplemente tocar el manto de Jesús y poder curarse. Recordemos aquello de cada eucaristía: “una palabra tuya bastará para sanarme”. (Mt. 8,8).
En ambas situaciones, los presentes piden que no la busque: En el caso de la mujer, son sus discípulos quienes dan a entender que no tiene caso seguir buscando a la persona que ha tocado el manto de Jesús, y en el caso de Jairo, son sus criados los que indican que ya no hay por qué seguir molestando a Jesús, ya que ha muerto su hija.
En las dos situaciones tan apremiantes, Jesús se nos revela atento, dedicado, firme, libre, y sobre todo actuando por Él mismo y no por lo convencional o por lo formal, como es común en nuestra mortal humanidad. A la mujer, Jesús quiere verla cara a cara, y no para recriminarle, sino para confirmar su esperanza “No temas; basta que creas”, y así no quede solamente curada, sino que quede salvada, devolviéndole la dignidad perdida a lo largo de doce años. Y a Jairo que se desploma ante la muerte de su hija, el Señor le manifiesta su disposición de ir con él a su casa, y no únicamente para ayudarle a superar la tristeza o dolor, sino para levantar a su hija dormida en la muerte, y con ello, confirmarle también en su esperanza “No temas; basta que creas”. Por eso le dice: “basta que creas”.
Tal como actúa Jesús, también ha de actuar todo el que hoy se considere amigo de la vida, amigo de la Divinidad, ya que necesita estar principalmente atento a la persona concreta con la que se encuentra a diario antes que a su propio oficio, descubriendo lo bueno que hay en las demás personas y apoyarse en ellas, porque así es como podrá experimentar la fuerza que brota cuando se juntan la fe propia y la fe del otro/a.
Que nuestra acción para con los demás se parezca a la de Jesucristo, que no rehusó al trato directo con las personas, sea cual fuese su sanación, su necesidad, su esperanza. Que nos atrevamos como Jesús a crear un nuevo modo de relacionarnos entre hombres y mujeres que nos dignifique a todos, para que unidos construyamos la confianza y la alegría que ofrecen liberación y salvación. Y que no defrauda.
Oremos
por nuestra gente, por nuestra Patria.
Jesucristo, Maestro de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y fastidiados. Necesitamos tu alivio y fuerza.
Queremos ser una patria, cuya identidad sea la pasión por la acción, la verdad y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad Divina para amar a todas las personas sin excluir a nadie, privilegiando a los más vulnerados y reconciliándonos con quienes nos ofenden, detestando los discursos de odio y construyendo en armonía la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos invitas. Aquí estamos, Maestro y Señor, cercanos a María Santísima, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Maestro de la historia, te necesitamos. Amén.
Bendecido domingo “No temas; basta que creas” Mc. 5,36.
+++ Marcelo Alejandro – MS.
www.esiglesia.org
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