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“Éstos son mí, madre y mis hermanos” Mc. 3,34

 

X Domingo del Tiempo Común – junio 9

Lecturas: Éx. 3,1-9 – Sal.129 – 2da. De Cori. 4,13–5,1 – S. Marcos 3,20-35.
Comentario Bíblico - Querida familia: Únicamente, algunas personas tenemos mínimo conocimiento de los Evangelios, conocemos la línea sorprendente que aparece en el evangelio de hoy. Un texto destinado más a los Responsables pastorales y clérigos más que a la comunidad de fe. A veces, por creer defender la comunidad de fe, creamos y tratamos de pensar en posibles pecados que podrían ser tan horribles que resultarían imperdonables. ¿La desaparición de algunas personas?, ¿El asesinato de una niña, o el de una persona LGBTQI+, generado por un discurso de odio?, ¿Es un genocidio de una nación por la eliminación de millones de personas?, ¿La baja remuneración que cobra u pensionado o jubilado después de aportar toda su vida?, ¿La implementación del trabajo en negro?, ¿La ausencia del estado y los sindicatos, en defensa de los derechos de los trabajadores?

Quizás en la época medieval fue la quema en la hoguera de Santa Juana de Arco o incluso, en los tiempos modernos, los asesinatos de los Padres: Mugica, los palotinos, Carlos de Dios Murias, el obispo Enrique Angelelli, las religiosas Alice Domon y Léonie Duques, o el arzobispo Óscar Romero. Tal vez una persona pueda hacerle tanto daño a un miembro de su familia que no pueda imaginarse a Dios perdonándola. Esto es lo que dijo Jesús: “Pero el que blasfema contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón, sino que es culpable de un pecado eterno”.¿Qué causaría que una persona hiciera eso? Incluso si lo hiciera, pienso que Jesús ofrecería su misericordioso y desinteresado perdón a cada ser que lo pedía. Lo escuchamos en monte Cráneo (Lc. 23,34.) ¿Hubo algo que podría hacer o decir que nunca será perdonado? Si es así, ¡estoy en el horno! La narración es un recordatorio de que no debemos tomar una línea o una cita de las Escrituras y seguirla a simple vista, sin analizarla, meditarla, comprenderla, en su contexto en el que aparece. Entonces, miremos el contexto para obtener ayuda e interpretar el texto de hoy. Al principio del evangelio de s. Marcos, aparece el pasaje, del bautismo de Jesús; que en nuestro Tiempo de Esperanzas (Adviento), leíamos como Juan el Bautista había predicho que vendría uno más fuerte que él, y que no era digno de desabrocharse las sandalias (Mc. 1,7), y hoy nos dice que Jesús es mucho más fuerte de lo que el Bautista brindaba o esperaba y que el reino Divino ha entrado en nuestras vidas. Inmediatamente, entra en acción: llama a sus primeros discípulos; la multitud comienza a seguirlo; cura a la gente y expulsa a los espíritus malos, subsana las necesidades básicas de quien se acerca a su encuentro. Ahora, en el unido mundo del Mediterráneo, el sentido de pertenencia familiar y su lealtad eran primordiales dando a la persona su identidad, en cambio, nuestro contradictorio Jesucristo, hace lo impensable: reniega de su familia consanguínea y se pone en camino predicando, acción. Su vida cambió tanto que su entorno incluso algunos de su familia pensaron que estaba loco (no les suena conocida la situación); acaso ¿no te lo comentaron al enterarse de que estamos congregándonos? Diciéndonos lo que a veces decimos sobre los miembros descarriados de nuestra familia: ¡Está loco! ¡Qué le está pasando!, mi familia eclesial me lo dice seguido. Jesús, predicaba sobre el reino de Dios en la tierra y que la Divinidad estaba actuando a través de él. Enseñó, sin reclamar, otra autoridad que la humanamente de él mismo. Por esto enfureció a sus líderes religiosos. “Él no era oficial”; es el hijo del carpintero, o el hijo de la viuda, ¿de dónde sacó todo esto? ¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Dónde se formó el hijo del carpintero? Carece de los papeles escolares, de su bachiller teológico, su doctorado en filosofía, maestría en Divinidad, matrícula médica; su Registro Nacional de Culto. Pero, no podemos negar que hacía el bien: curaba a la gente y expulsaba a los espíritus malos, y tenía respuesta y parábolas para que todos le entiendan hacer la voluntad del Padre. Sus oponentes (la iglesia “oficial”) tienen que localizarlo; y tienen que desacreditarlo. ¿A qué viene todo esto? ¿Dónde terminará? Es fácil descartar, degradar, descalificar y descartar lo que no entendemos o lo que nos resulta desconocido, aquello que nos incomoda por ego, aquello que puede desafiarnos a cambiar nuestra forma de pensar y actuar. Un enfoque es hacer algo como lo hicieron (hacen) a esos líderes religiosos les molesta la acción, Cervantes en su Quijote escribe «Ladran, Sancho, señal que cabalgamos» —Acción, hacer la voluntad del Padre— es lo que les molesta, lo que los saca de sus comodidades, por esto: atacar a la persona, denigrarlas, descalificarlas, generar discursos de odio, generan muerte psicológica o de vida. Esto es un pecado, pero irónico es pedir un perdón que luego te habilita a volver a cometerlo. Esto es muy común entre oficiales y emergentes. Jesús responde y les muestra lo idiotas que son. Si estuviera aliado con el diablo, ¿por qué expulsaría los espíritus malignos de la gente? Porque insistir en denunciarnos como truchos, copiar lo malo de quienes no somos para repetir cánones, circulares, resoluciones, decretos, bulas para denigrar y enloquecer a alguien. “Si el original es malo, la copia es peor”. Jesús ha traído la presencia de Dios de una manera especial al mundo (lo llama el reino de Dios), una hermosa LOCURA, a la que nos invita «… el hacer la voluntad de Dios, ese es mi hermano/a, y mi madre». Creen que es una locura; que está del lado del bien. Negar la obra del Espíritu Santo en Jesús y así en sus ungidos o consagrados es resistirse a las posibilidades del perdón, presencia viva del reino de Dios. Si no creemos que puedes ser perdonado y no pides perdón, no podrás recibir el reino. Menos aún si reincidimos en la falta. No hay perdón ante la salida fácil de una denominación historia que ataca a una minoritaria emergente por hacer y revelar la gracia del Espíritu Santo entregada por Cristo Jesús en la unción. Hace un año dos obispos de diferentes iglesias nos presentamos en la Diócesis de Quilmes para defender a un obispo amigo, él cuan lo denunciaban por falso sacerdote y lo más traite del caso es que la diócesis se hacía eco de tan solo un comentario de otra iglesia Emergente como nosotros, no oficial. «… el hacer la voluntad de Dios, ese es mi hermano/a, y mi madre». En resumen, Jesús tiene el luminoso poder soberano frente a las malas acciones y las tentaciones que pueden derrotarnos. Algunas personas admiran a Jesús, suelen denominarse sus seguidores fieles y amigos, le llaman un hombre santo, un gran maestro inclusivo, ético y un modelo para la paz. Todo cierto. Pero existe el peligro de que títulos como ese también puedan ser una forma de desanimarlo, de mantenerlo a distancia, de imponerle frases, ritos o condicionamientos, tales como a quien debe obedecer, seguir o aceptar. Admirar a una gran persona heroica no siempre implica para algunas personas comprometernos con ella. No se trata solamente de admiración. Para nosotros/as Jesús es más. Él es el poderoso que la Divinidad nos ha enviado, y aún más: Él es la Divinidad humanizada, la presencia Divina en nuestras vidas. La Divinidad es amor, porque el amor es Divino, el Amor es Divino, porque el Reino de dios que es acción está presente en nuestro mundo y al hacerlo presente mediante la acción, hacemos la voluntad de Dios, que nos hermana, y NOS familiariza.
Bendecido domingo ¡Éstos son mí, madre y mis hermanos!..., la diversidad. +++ Marcelo Alejandro – MS. www.esiglesia.org

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