“Experimentarnos comunidad que transmite vida y pasión”
Lecturas: Hechos 3,13-15.17-19 – Salmo 4 – 1° de San Juan 2,1-5 – San Lucas 24,35-48.
Introducción
Hay muchos que dicen:
Que resplandezca entre nosotros/as la luz de tu rostro.
Así lo proclamamos en el salmo 4, que el fin de semana proclamamos entre las lecturas, expresa bien el deseo, explícito o implícito de cada persona, de cada cultura, de cada época, de cada pueblo, de cada tradición. ¿Cómo encontrar el sentido de la vida, en cada acontecimiento? ¿Dónde hallar la fuente de agua viva que apague toda nuestra sed? Sí, la Divinidad existe, y esta existencia es plenitud y felicidad ¿cómo conocerle? ¿Cómo nos ve y nos siente? ¿Cómo participar de su ser y de su dicha desde ahora y para siempre? ¿Qué importancia tiene esto para trabajar por un mundo más humano, digno y ecuánime?
La respuesta está en Cristo, rostro luminoso de Dios, que ha brillado sobre nosotros/as en su resurrección, que es la «apertura al entendimiento para comprender las Escrituras, y en su nombre proclamar la conversión de todos los pueblos. Ellos/as, como hoy nosotros/as, somos testigos de esto».
Comentario Biblico.
Todo encuentro con Jesús marca y deja huella, así fue como le sucedió a los discípulos de Emaús, Magdalena, el Centurión, la mujer de Siquén, el ciego de Jericó, que no pueden quedar callados y vivir de la misma manera luego del encuentro con su Señor (Lc. 19,40), además que nos reta a poder reconocer a Jesús hoy en día como lo hicieron ellos cuando partió el pan.
Experimentarnos comunidad que transmite vida y pasión. (S. Lc. 24,35-48) Estamos en la 3ª Semana del tiempo de Resurrección y la liturgia nos invita a reflexionar sobre la Fe Pascual de la cristiandad que se funda en el encuentro personal con el Cristo, Jesús el Resucitado y la experiencia comunitaria que transmite la vida reconciliada.
El Evangelio de Lucas (24, 35-48) tiene como trasfondo lo acontecido en el Camino de Emaús. Pero, su centro no es solamente la vivencia personal que se tuvo al reconocer al Maestro en la fracción del Pan, sino también la experiencia de volverse y convertirse en Comunidad de Testigos de la Fe. Es decir, PERSONAS que han experimentado juntos/as el encuentro con el Resucitado que nos convierte en comunicadores de vida y de la misericordia Divina. «Vida en abundancia». (Jn. 10,10)
El relato de S. Lucas comienza presentando el retorno de los amigos de Emaús al seno de la Comunidad cristiana de Amigos. Los discípulos y demás miembros de la incipiente comunidad están compartiendo con las demás personas que en su corazón ardía en el camino junto al Señor y que lo reconocieron al partir el pan. En ese mismo instante Jesucristo se manifiesta en medio de ellos, deseándoles su paz. En un mezclado desconcierto, asombro y alegría por lo inesperado de su presencia, (a quien no le gustaría verse con sus afectos muertos, más que en los sueños), el grupo creyó estar viendo un fantasma. Pero Jesucristo se identifica mediante las marcas de la tortura y pasión.
En su simpleza, este Evangelio vincula lo vivido a nivel personal y a nivel comunitario. Lo vivenciado personalmente, porque el Resucitado hace arder el corazón de su gente cuando sentimos su presencia y le reconocemos al partir y compartir el pan, convirtiéndonos así en sus amistades personales. Y otra, es que lo experimentan colectivamente, porque el Resucitado muestra al grupo su identidad en las marcas de la cruz y hace que comprendan el sentido que la Palabra da a la vida y a la muerte, lanzándoles así a ser comunidad, testigos de la misericordia y la reconciliación.
Así tendemos que la experiencia de Dios es, a la vez, una experiencia personal de amistad con Jesús y una experiencia grupal de testigos reconciliados en su misericordioso amor. Una experiencia que se sustenta en cuatro aspectos que están muy unidos:
1º- La comunión con el Maestro por la vivencia de la Cruz.
2º- La esperanza que surge del encuentro con el Resucitado.
3º- La comprensión del sentido de las Escrituras sobre Resurrección.
4º- La disposición generosa para comunicar la nueva vida que se lleva dentro, el perdón.
En este tiempo de Resurrección sustentemos nuestra fe en el encuentro personal con el Resucitado que nos lleva a encontrarnos con los demás y en el encuentro comunitario con la Divinidad que nos moviliza a ser testigos de su reconciliación con el género humano, facultándonos a ser comunicadores de vida para todo ser por ella creado/a a su misericordiosa e inclusiva imagen.
Descubrir, creer, vivir y anunciar.
Oración: ¿Qué le decimos al señor?
Divinidad, Padre y Madre, te pido nos ayudes a poder reconocerte a cada instante en nuestros allegados/as, en nuestras situaciones personales; que siempre podamos tener un encuentro con Vos.
Santo Hijo y Hermano, quita de tu comunidad toda duda, que pueda fortalecer nuestra fe, que podamos sentir tus manos y todo tu ser Eucarístico, que es donde te sigues presentado.
Espíritu Santo, ayúdanos a conocer más de vos, a entender más de vos, para que nuestro amor a vos sea cada instante más grande. Amén.
Con la fuerza de la Resurrección, yo quiero descubrir, creer, vivir y anunciar.
Gracias Maestro y Señor.
Bendeciones. Aleluya, aleluya, aleluya.
+++ Marcelo Alejandro – MS, sva.
Sitio Web: esiglesia.org

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