IV Domingo de Resurrección – abril 21
Lecturas: Hechos 4, 8-12 – Salmo 117 – 1° de San Juan 3, 1-2 – San Juan 10, 11-18.
Comentario
Bíblico
En la 4ª Semana de Resurrección, la Liturgia nos invita a meditar sobre la personalidad del pastor bueno, el amigo bueno, el consejero bueno, es decir, la persona que es buena.
Un poco antes de estos vehículos sobre “el Buen Pastor” (Jn. 10, 11-18), Jesús nos ha dicho: “Yo he venido para dar la vida a todos y para que la tengan en abundancia”(Jn. 10,10), Jesús está decidido a promover aquellas dinámicas humanas que generan vida, libertad, reconocimiento, inclusividad, derechos, poder de decisión.
En forma muy directa y con unas expresiones bien precisas, el evangelio del Buen Pastor describe la actitud de la persona que es buena, edificada sobre la base de las frases: “da su vida”, “no huye ante el peligro o reto”, “le importan las ovejas”, “las conoce y es conocida”, “llama a quienes no son de su círculo y le escuchan”.
"Dar la vida”, es el modo de actuación del que lleva vida dentro, de quien tiene generosidad. Quien tiene el alma llena de generosidad es capaz de gastarse y arriesgarse por los demás, incluso hasta la muerte. Ni siquiera le importa si le piden o no está generosidad suya. La da sin más.
“No huye ante el peligro o reto”, ni escapa al bulto, es la actitud propia de quien se fía de Dios. Quien no huye, muchas veces resulta temerario. Pero, qué grande es la persona (hombre, mujer), que afrontan los retos o problemas, que dan la cara, y cuánto más por aquellas personas indefensas o que nadie está dispuesto a apostar por ellas, es grande cuando afrontan las dificultades con grandeza de corazón.
“Le importan las ovejas”, es el modo como actúa quien ha experimentado el amor ¿Qué significa esto de que la gente me importe? ¿Solamente será que el convencionalismo del debido saludo, del acercamiento rutinario, del respeto dispensado por formalidad? De ninguna manera. Le importa la gente, cuando se ubica en la realidad propia de la otra persona, así le reconoce, porque solo así podrá reconocerse a mí mismo.
“Las conoce y es conocida”, es la actitud de quien sé, amiga, hermana, y ofrece confianza desinteresadamente. Conocer y ser conocido es apertura, mostrándose sin ropajes ni fachadas. Conocer y ser conocido es lo que abre al encuentro, evitando que las diferencias creen barreras, si no que permitan una mayor posibilidad de aproximación fraterna y fecunda. En fin, para conocer y ser conocido hay que salir de sí mismo y volver en completa transparencia de vida.
“Llama a quienes no son de su círculo y le escuchan”, es la actitud de quien vive con autenticidad. Comunicándose con quienes no son del propio círculo social de pertenencia requiere reconocer, escuchar las llamadas de necesidades de los demás. Más aún en estos tiempos económicos tan convulsionados. Reunirse, compartir, estar a gusto con los que no son allegados a nosotros, escucharles más que hablar, entenderles en lugar intentar cambiarles, es muy bueno y necesario para el acompañamiento y crecimiento con los demás. Ahora, cuando nos atrevemos a vivir junto a la persona que nos es ajena, distante e inclusive diversa, es cuando se despliega la gracia, logrando que la capacidad de comunicación y escucha adquiera un gran alcance.
Hoy tras la poca importa ante las necesidades de los más vulnerados de nuestra sociedad, el alto índice de desocupación, más los despidos, estas personas no son de nuestro círculo, llaman y es nuestro cristiano proceder el escucharles, conocerles, importarnos, no huir o escapar o desviar la mirada, atenderles es “dar la vida”.
En lo personal no tengo dudas de que Jesús dejó un recuerdo imborrable en quienes le conocieron: ese testimonio verbal y escrito de amor sin límites, esa preocupación por todas las personas y especialmente por las que más necesitan ser cuidados me lleva a sentir que nunca lo olvide… intentemos ser pastores clérigos o laicos buenos también.
Que el Resucitado nos enseñe a dar la propia vida sin preguntar en beneficio de quién la damos, sino que sea la pura respuesta generosa de quien se sabe reconciliado y amado por el pastor de la vida que es Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Hoy recémoslo contemporáneamente al Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29
Las religiones que desecharon a personas por sus diferencias ahora son piedras preciosas. Aleluya.
Demos gracias a la Divinidad porque es buena, porque es eterna su misericordia para con todo lo por ella creado. Aleluya.
Mejor, no es siempre refugiarse en la espiritualidad y trastornar los sentimientos del Señor que fiarse de los presbíteros o prelados que destilan segregaciones, mejor es refugiarse en el Señor, presente en cada ser vulnerado por los funcionarios en los gobiernos. Aleluya.
Demos gracias porque escucharles, es nuestra salvación. Las personas vulneradas que desecharon las estructuras eclesiales y sociales, son en este tiempo las piedras angulares, es la Divinidad en Cristo quien nos convoca a ser un milagro latente. Aleluya.
Bendito quien viene en nombre del Señor, es atento como vos, ellos, yo, ustedes, cada uno/a de nosotros/as bendecimos, alabamos desde nuestras vidas al Resucitado. Aleluya.
Santísima Trinidas, te damos gracias. Damos gracias porque eres buena, porque es eterna tu misericordia. Aleluya.
Amén, aleluya, aleluya, aleluya.
Bendecido domingo, a descubrir. Aleluya, aleluya, aleluya.
+++ Marcelo Alejandro – MS, sva.
Sitio Web: esiglesia.org

Comentarios
Publicar un comentario