«Quien obra la verdad se acerca a la luz» Jn. 3,21.
Jesús
es bueno, todo el tiempo.
Lecturas: 2° Crón. 36,14-16.19-23 – Sal. 136 – Ef. 2,4-10 – Jn. 3,14-21.
Comentario Bíblico;
El domingo pasado san Juan nos relataba sobre la renovación del Templo. Meditamos sobre la reconciliación y expiación sin intermediarios. Hoy nos habla de la renovación de la ley. El verdadero Templo es Jesucristo restaurado y Resucitado. Y la verdadera Ley es la ley del amor (Jn. 13,34), un amor que únicamente el Hijo de Dios nos puede dar.
“La palabra clave de hoy será, “Misericordia”, amor y salvación son las palabras claves de este domingo de Reconciliación.
“El que obra la verdad se acerca a la luz”. Dios Padre no puede entregar al Hijo sin entregarse en ese Hijo. Por eso este Hijo despreciado, maltratado, herido, clavado, y muerto es LA PARÁBOLA MÁS HERMOSA DEL PADRE. Lo que Cristo nos está diciendo desde la Cruz es esto: Así es el Padre. Así de escandaloso es el amor del Padre. Por eso, cuando Jesús ya no puede abrazarnos físicamente porque tiene los brazos clavados, nos está diciendo: El Padre les está abrazando a TODOS a cada persona. Cuando Jesús ya no puede caminar por las calles de Palestina o de Jerusalén, el Misericordioso Padre sale a buscarnos por los caminos del mundo. Cuando muere Jesús y se queda solo y ya no puede hablar; cuando la misma tierra se cubre de tinieblas y temblores, entonces el Padre no solamente habla, sino que grita, qué padre no grita ante la muerte de su hijo como una Madre grita y llora ante la muerte de su primogénito:
(*) “Carne mía de mi carne es preciso que hoy encarnes el dolor humano.
Y tu corazón abierto traiga vida al mundo muerto y al hombre, tu hermano.
Amó tanto Dios al mundo que a su propio hijo le dio pa?, decir que Dios nos quiere Jesús en la cruz murió.”
Ante tanta ausencia, ante tanto dolor Paterno, ante el proyecto salvífico no culminado, es resucitando Jesús y llenándolo de vida. Y al resucitarle nos dice que no estaba de acuerdo con aquella muerte ni con tantas muertes y tantos sufrimientos de la humanidad por Él/Ella creada, hombres y mujeres de este mundo. La última misericordiosa palabra la tiene el AMOR. Y con ese amor aprendido de Jesús podemos tener vida íntegra y en plenitud. No la vida de Nicodemo ni de tantos hombres y mujeres religiosos/as que se han esforzado en buscar la verdad por su cuenta y se han sentido decepcionados. Únicamente la vida del Cristo, EL VIVIENTE, nos llena del todo y nos hace personas plenamente realizadas.
La Divinidad no ha mandado a su Hijo para juzgarnos ni condenarnos, sino para salvarnos. No estamos en la vida para juzgar a nadie ni condenar a nadie. La cristiandad está en la vida para agradecer al Padre-Madre el regalo de su Hijo, nuestro hermano mayor que nos lleva adelante en su proyecto de hacer “una nueva humanidad” donde nadie se crea más que nadie, donde todos nos amemos como verdaderos hermanos/as. El misericordioso día en que experimentemos el amor que la Divinidad nos tiene, todo puede y va a cambiar. No es que vaya a salir otro sol o va a cambiar el cauce de los ríos o un nuevo Arco Iris como alianza. Va a cambiar nuestra visión sobre la humanidad y sobre el mundo. Nuestro corazón se convertirá en jardín donde florezca el nuevo retoño de olivo en el viejo y desgastado árbol de la vida, es decir, del cariño y la ternura. Nuestra vida se llenará de plenitud porque ese corazón, libre de cosas ajenas, pulido del negativo ritualismo tradicionalista dedicado a cumplir la tarea que le ha sido encomendada: amar y ser amado.
Preguntas
1.- ¿A qué altura estoy viviendo el amor? ¿Al ras de la tierra, o desde la montaña del Calvario? Mi amor, ¿se parece en algo al de Jesús?
2.- ¿Soy consciente de que mi pecado consiste es no creerme lo que Dios me ama?
3.- Me pregunto: Además de juzgar, condenar, criticar… ¿Qué hago? ¿Pienso que así puedo llenar mi vida? ¿Por qué no me dedico a hacer el bien?
No dejes de enviarme tus respuestas a obmsoria@gmail.com las mismas me ayudarán a mi formación personal.
Este evangelio, en verso, suena así:
“Amó tanto Dios al mundo” que nos enseñó sus cartas, mandándonos desde el cielo, al Hijo de sus entrañas.
Jesús, muriendo en la cruz, nos salvó “por pura gracia”.
Sólo nos pide la fe y el amor de una “mirada”.
Si creemos en Jesús, nuestra vida está salvada.
El mundo marcha en tinieblas, “porque sus obras son malas”.
La sociedad nos ofrece manzanas envenenadas: dejad el cielo a las aves; la vida hay que “disfrutarla”,
Nos habla de “libertad” y ella vive siempre “esclava”.
No sabe lo que es “amor” y lo disfraza con máscaras.
Los amigos de Jesús escuchamos su “Palabra”.
Es camino, luz, verdad, pan de vida, vino y agua.
Que se nos sequen las manos, el corazón, la garganta, si no ponemos, Señor, en Jesús, nuestra esperanza.
Compuesto por José Javier Pérez Benedí
(*) De pie la Madre Doliente – La Pasión según San Juan, Autor Letra y Música de Alejandro Mayol.
Bendecido domingo.
+++ Marcelo Alejandro Soria – IMS, sva.

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