III Domingo del Tiempo de Reconciliación – marzo 3.
«No conviertan en un mercado la casa de mi Padre». Jn. 2,16
Lecturas: Éx. 20, 1-17. – Sal. 18. – 1° Cor. 1, 22-25. – Jn. 2, 13-25.INTRODUCCIÓN En este tercer domingo de Reconciliación, san Juan, nos relata el suceso en el Templo de Jerusalén “Como encontramos similitudes “aparentes” ante la expulsión de los vendedores del templo, respecto al avance de la ultraderecha en el mundo”. Un recinto, el lugar sagrado más significativo de la tradición religiosa y espiritual de Israel. Era el lugar donde se hacía memoria de la Ley que Dios había otorgado a su Pueblo por medio de Moisés como camino de santidad personal y comunitaria (Ex 20,1-17). En la época de Jesús, el Templo se había convertido en un lugar comercial intercambio monetario, y su “celo” por el Padre lo movió a realizar un gesto fundamental, de estilo profético; un gesto que quedó grabado en el corazón de las primeras comunidades donde se predicaba a “un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para quienes han sido llamados”. (1Cor 1,22-25). El relato de la expulsión de los/as comerciantes del templo, en la primera Pascua “de los judíos” que san Juan menciona en su obra, es un marco de referencia obligado del sentido de este texto joánico y reseteado ante los tiempos que vivimos. En el trasfondo también debemos saber ver las claves mesiánicas con las que san Juan ha querido presentar este relato, teniendo en cuenta un texto como el de Zac 14,21 (el deutero-Zacarías) para anunciar el día de la Divinidad, de Yahvé, del Señor. Es de esa manera como se construyen algunas ideas de nuestro evangelio: Pascua, religión, mesianismo, culto, relación con Dios, vida, sacrificios y reconciliación. Jesús expulsa propiamente a los animales del culto. No debemos pensar que Jesús la emprende a latigazos con las personas, sino con los animales; san Juan es el que subraya más este aspecto. Los animales eran los sustitutos expiatorios de los sacrificios a Dios, no la persona. Por tanto, sin animales, el sentido del texto es más claro: Jesús quiere anunciar, proféticamente, una religión nueva, personal, sin necesidad de “sustituciones expiatorias”. Por eso dice: “Quiten esto de aquí”. No se ha de interpretar, como un acto político-militar como se hizo en el pasado. Es, consideramos, una profecía “en acto”, en acción. (Jn. 2,13-25) Bendecida semana, bendecido mes dedicado a san José. +++ Marcelo Alejandro Soria – MS, sva. Blogger: misionsacerdotal.blogspot.com Sitio Web: esiglesia.org

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