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Domingo de Ramos: Humildad, Servicio y Esperanza


Que Semana Santa ablande los corazones negros de los genocidas y sus cómplices.

Que la conmemoración del Domingo de Ramos y el recuerdo del martirio de Monseñor Romero nos inspiren a todos a vivir nuestra fe a través de acciones concretas de amor, solidaridad y justicia.

Que su legado nos guíe en estos tiempos inciertos, recordándonos que la paz es posible si seguimos su ejemplo y trabajamos incansablemente por ella, incluso hasta las últimas consecuencias.

Les deseo un tiempo en que la humildad brote en sus corazones, que sus acciones sean para servir al prójimo y sembrar esperanza.

Evangelio según San Juan 12:12-26:

"12 Mucha gente había ido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Al día siguiente, supieron que Jesús iba a llegar a la ciudad. 13 Entonces cortaron hojas de palmera y salieron a recibirlo, gritando:

—¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

14 Jesús encontró un burro y montó en él, como se dice en la Escritura:

15 «No tengas miedo, ciudad de Sión;

mira, tu Rey viene

montado en un burrito.»

16 Al principio, sus discípulos no entendieron estas cosas; pero después, cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que todo esto que le habían hecho estaba en la Escritura y se refería a él.

17 La gente que estaba con Jesús cuando él llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó, contaba lo que había visto. 18 Por eso, la gente salió al encuentro de Jesús, porque supieron de la señal milagrosa que había hecho. 19 Pero los fariseos se decían unos a otros:

—Ya ven ustedes que así no vamos a conseguir nada. Miren, ¡todo el mundo se va con él!

Unos griegos buscan a Jesús

20 Entre la gente que había ido a Jerusalén a adorar durante la fiesta, había algunos griegos. 21 Éstos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida, un pueblo de Galilea, y le rogaron:

—Señor, queremos ver a Jesús.

22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés, y los dos fueron a contárselo a Jesús. 23 Jesús les dijo entonces:

—Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. 24 Les aseguro que si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda él solo; pero si muere, da abundante cosecha. 25 El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna. 26 Si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también el que me sirva. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará." Palabra de Dios. 

Inicia la Semana Mayor con el Domingo de Ramos, tal como se relata en los Evangelios, este día nos presenta una narrativa rica en simbolismo y enseñanzas, especialmente en Mateo 21:1-11, Marcos 11:1-10, Lucas 19:28-44, y Juan 12:12-19. Estos textos describen la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y  destacan valores fundamentales para la construcción de la paz: humildad, servicio y esperanza.

En un mundo hoy asediado por conflictos, desigualdades y atropellos a los derechos humanos, no es menor que la Semana Santa inicie un 24 de marzo, que nos llama a reflexionar también sobre el legado de Monseñor Romero que junto a la simbología del Domingo de Ramos nos invitan a considerar cómo nuestras propias vidas y acciones pueden contribuir a la construcción de un mundo más justo y compasivo. Esta reflexión, nos recuerda que el verdadero liderazgo y santidad residen en la disposición a sacrificarse por el bienestar de los demás y en la valentía para defender la dignidad inherente a cada persona.

Este momento de reflexión conjunta dbe inspirarnos a renovar el compromiso con los principios de derechos humanos, justicia social y solidaridad con los más vulnerables, en la continua búsqueda de un mundo donde prevalezcan la paz y la humanidad, independientemente de nuestra fe o creencias. En estos tiempos de incertidumbre, donde las potencias mundiales parecen cada vez más inclinadas a tocar los tambores de guerra, la necesidad de abrazar el espíritu y mensaje de Jesús, así como el legado de Monseñor Romero, se vuelve más crítica que nunca. 

La fe, según nos enseña la tradición cristiana, no es meramente un conjunto de creencias a profesar, sino un llamado a la acción. "La fe sin obras está muerta", nos recuerda la epístola de Santiago, destacando que el verdadero compromiso espiritual se manifiesta en nuestras acciones hacia los demás, especialmente hacia los más vulnerables y marginados.

En un mundo que parece cada vez más dividido y en el que el espectro de conflictos armados se cierne con preocupante frecuencia, el mensaje de paz, humildad y sacrificio de Jesús, celebrado durante el Domingo de Ramos, junto con el coraje moral y la dedicación incansable de Monseñor Romero a la causa de la justicia social, nos invita a una profunda introspección sobre nuestro papel en la construcción de la paz y la justicia.

Frente a los desafíos actuales, estos ejemplos nos urgen a trascender las diferencias y buscar la solidaridad humana a la que estamos llamados a defender. Nos recuerdan que cada uno de nosotros tiene la capacidad y la responsabilidad de contribuir, desde nuestro propio lugar en el mundo, a la creación de un futuro más justo. Este llamado a la acción, arraigado en la fe y el compromiso con los valores más elevados de la humanidad, es esencial para contrarrestar las fuerzas de división y violencia que amenazan con desgarrar el tejido de nuestras comunidades globales. 

Hoy cuando Palestina padece un genocidio debemos recordar no mirar hacia otro lado, es nuestro deber como Cristianos tomar posición y defender la paz y la vida a toda costa, es nuestro deber sagrado al que estamos llamados junto a nuestros hermanos judíos y musulmanes juntos como hermanos a la mayordomía de la creación y hacer frente a los mercaderes de la muerte que usurpan el mensaje de amor y unión de Jesús de Nazareth. 

Pero hoy, ¿Cómo nos inspiran los textos del Evangelio sobre el Domingo de Ramos a ser constructores de paz en nuestra cotidianidad? 

A través de la Humildad: Jesús elige entrar a Jerusalén montado en un asno, un símbolo de humildad, contrario a las entradas triunfales de los conquistadores que montaban caballos preparados para la guerra. Este acto de pureza nos enseña la importancia de la humildad en nuestro camino hacia la paz. La humildad no es pobreza, no es debilidad, la humildad nos permite reconocer nuestras propias limitaciones y valorar las perspectivas de los demás, un paso crucial en la resolución de conflictos y a unirnos en diversidad.

Debemos comprometernos con el Servicio:

Los Evangelios subrayan el servicio como un pilar de la enseñanza de Jesús. Al extender ramas de palma en su camino, la multitud reconoce a Jesús no como un líder autoritario, sino como alguien que vino a servir y no ha ser servido. Este gesto nos recuerda que el servicio desinteresado a los demás es esencial para construir comunidades más pacíficas y solidarias.

La Esperanza como fuerza en nuestros corazones:

La entrada de Jesús en Jerusalén al marcar el inicio de la Semana Santa, abre ese  período donde nuestra fe cobra sentido y que culmina con la resurrección, un símbolo universal de esperanza y renovación. Donde la luz vence a la oscuridad, donde la vida vence a la muerte. Este mensaje de esperanza es vital para la construcción de la paz, especialmente en tiempos de desafío y cambio. La esperanza nos motiva a creer en la posibilidad de un futuro mejor y a trabajar activamente para hacerlo realidad.

Reflexionar sobre estos aspectos del Domingo de Ramos debe inspirarnos a buscar la paz en nuestras vidas diarias. Nos recuerda la importancia de actuar con humildad, servir a los demás y mantener la esperanza en el poder del cambio positivo.

Pero, ¿De qué manera estos valores pueden influir en nuestra vida y en nuestras acciones para construir la paz? 

La significativa coincidencia entre el Domingo de Ramos y el aniversario del martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, la obra y legado de este último se presentan como un espejo del sacrificio y la humildad. Romero, asesinado por su firme defensa de los derechos humanos y la justicia social en medio de la violencia en El Salvador, resuena con la esencia misma del Domingo de Ramos: la entrada humilde de Jesús en Jerusalén, consciente de los sufrimientos venideros.

Monseñor Romero, a través de su vida y su martirio, encarnó no solo la lucha contra la opresión y la injusticia, sino también la esperanza en la redención y liberación, principios que son centrales en la reflexión del Domingo de Ramos. Esta coincidencia ofrece una oportunidad para una profunda introspección sobre la acción y el sacrificio por los valores más elevados de humanidad, subrayando la importancia de la solidaridad que trasciende fronteras y diferencias, un mensaje que Romero destacó fervientemente en sus homilías.

Que la conmemoración del Domingo de Ramos y el recuerdo del martirio de Monseñor Romero nos inspiren a todos a vivir nuestra fe a través de acciones concretas de amor, solidaridad y justicia. Que su legado nos guíe en estos tiempos inciertos, recordándonos que la paz es posible si seguimos su ejemplo y trabajamos incansablemente por ella, incluso hasta las últimas consecuencias.

+++ Ob. Martin Ignacio Díaz Velásquez . ' . 



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