II Domingo del Tiempo de Reconciliación – febrero 25.
«Este es mi Hijo amado: ¡escúchenle!». Mc. 9,7b.
¡Jesús es Bueno! Todo el tiempo.
Lecturas: Génesis 22,1-2. 9-13. 15-18 – Salmo 115 – Romanos 8, 31b-34 – S. Marcos 9, 2-10.
Comentario Bíblico – Peregrinar hacia la Resurrección
Hace algunos años, durante las vacaciones, estuvimos con el grupo de jovenes parroquial, celebrando la eucaristía en Centro Terapéutico para infantes, jóvenes y adultos (CTIJA), una institución en Vagues que acoge a personas espasticas, con parálisis cerebral o con otras deficiencias más o menos profundas. Soliamos ir a CTIJA de campamento parroquial y encontrarme con amigos y amigas muy queridos que, además de ser pobres, han tenido que vivir con unas limitaciones que les marginan aún más de su vida familiar y social
Hace algunos años, durante las vacaciones, estuvimos con el grupo de jóvenes parroquial, celebrando la eucaristía en Centro Terapéutico para infantes, jóvenes y adultos (CTIJA), una institución en Vagues que acoge a personas espásticas, con parálisis cerebral o con otras deficiencias más o menos profundas. Solíamos ir a CTIJA de campamento parroquial y encontrarme con amigos y amigas muy queridos que, además de ser pobres, han tenido que vivir con unas limitaciones que les marginan aún más de su vida familiar y social Esos días, las eucaristías transcurrían sin mayores sobresaltos; cantábamos, aplaudíamos, nos alegrábamos de recibir la visita de Jesús en la casa y entre Diversas personas. Pero, en el momento de la comunión, cuando comenzó a repartir el Sacramento el Sacerdote entre los niños y niñas que estaban sentados en sus respectivas sillas ortopédicas, a los colaboradores del centro y a un grupo de compañeras/os que habían ido conmigo, comenzamos a escuchar un lamento extraño, que no supe reconocer en un primer momento, porque expresaba un lamento de un gran dolor, pero al mismo tiempo era suave y delicado. Era una niña de cuatro o seis años que estaba sentada en una silla para bebés sobre una mesa de la capilla. Tenía el cuerpo de un bebé de mes y medio; pesaba 3,50 kolos y media 65, centímetros. Cuando vio que todos los presentes estaban recibiendo una galletita, él comenzó a gritar, con la fuerza que le permitían sus pequeños pulmones, para que también le dieran una a ella. Alguien comenzó a decirle que no gritara. Que no podía recibir la comunión como todos los demás. Pero no se rendía. Seguía expresando su queja conmoviendo a cada uno/a de quienes estábamos presentes. El Padre fue, tomó una hostia sin consagrar y se le entregó, la recibió con un movimiento perfecto de su mano diminuta y se la echó a la boca inmediatamente. Desde luego, no le supo a galletita, como ella suponía, y pronto la dejó a un lado.
Estas dos evocaciones fueron las que se hicieron presentes en el Monte Tabor, cuando Jesús se transfiguró delante de sus discípulos. Cuenta san Marcos, que estaban conversando con Jesú. Y en medio de esta escena, llena de consolación. Escuchar al Hijo amado es escuchar el grito del pueblo, que escuchó el Yahvé y percibir el susurro de la presencia de Divina en voces como las de la niña.
El lamento de ella me trajo a la memoria los gritos del pueblo que Dios escuchó, escucha.
Elías, en el Horeb, cuando Yahvé no se dejó sentir en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara.
El lamento de ella me trajo a la memoria los gritos del pueblo que Dios escuchó, escucha. Elías, en el Horeb, cuando Yahvé no se dejó sentir en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara.
Oremos por Argentina.
Unimos nuestros sentimientos y nuestras voces para darte gracias, Padre-Madre, por tu Hijo predilecto, Palabra última y principal que nos animas a escuchar.
Él es el profeta llegado de tu seno, el mensajero de la Ley, el cimiento de la humanidad nueva.
Te damos gracias porque nos llamas a tomar parte en esta aventura: nos has hecho partícipes de una vocación y nos confías el compromiso de evangelizar.
Divinidad, experimentamos el seguimiento de Jesús como nuestra mejor realización personal.
A la luz de tu llamada nos comprenderemos mejor. . Amén.
Bendecido domingo.
+++ Marcelo Alejandro – MS, sva.
Diócesis Nuestra Señora de la Cruz del Sur - Argentina - Chile - Colombia

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